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Hasek y Svejk: una sátira de la Gran Guerra

Hasek quiso mostrar su desprecio al belicismo, al autoritarismo, al imperialismo, a la falsa religión y a los cuentos de exaltación nacionalista.

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No gustaba a los conservadores. Los comunistas mintieron sobre sus ideas y falsearon su obra. Tampoco Jaroslav Hašek lo ponía fácil. Era un borracho que perdió su trabajo, un bígamo, un suicida obligado a ocupar un psiquiátrico. Abrazó el anarquismo, pero fue reclutado a la fuerza por el Ejército Rojo. Lo único que le salió bien fue una novela, la sátira más grande de la sociedad de su tiempo, y ni siquiera la pudo terminar. Murió dejando todo a medias.

Así era Jaroslav. Nació en Praga el 30 de abril de 1883, en la Bohemia del Imperio austrohúngaro. Su padre, profesor de matemáticas, tenía problemas con el alcohol y dejó huérfano a Jaroslav cuando éste contaba trece años. Katerina, la madre, consiguió que un farmacéutico llamado Kokoska le pagara los estudios de Comercio. Gracias a esto, Jaroslav consiguió un empleo en la Slava Bank. No le duró mucho. Contratado en octubre de 1902, fue despedido siete meses después por sus excesos con el alcohol.

Sin trabajo ni oficio, se dedicó a las letras. Publicó un libro de poemas titulado Gritos de mayo y numerosos cuentos satíricos. Comenzó entonces a escribir para periódicos anarquistas hasta que en 1907 le encargaron la edición del diario ácrata Komuna. Publicó también en el feminista Ženský obzor ("El horizonte de la mujer"), en el satírico Svet zvírat ("El mundo de los animales") y, desde 1911, en Ceské slovo ("La palabra checa"). Ese año fue importante para él. Contrajo matrimonio con la también escritora Jarmila Mayerová y fundó el Partido para el Lento Progreso dentro de los Límites de la Ley, básicamente para reírse del sistema.

Pero el dinero no le llegaba y se dedicó a robar perros y falsificar su pedigrí para venderlos. Tuvo un hijo con Jarmila, Richard, pero ella le abandonó para irse con sus padres. Jaroslav estaba tan perdido que intentó suicidarse en un puente e ingresó en un psiquiátrico. Una vez recuperado comenzó a trabajar en un cabaret, hasta que fue llamado a filas en 1915. No duró mucho en el frente: ese mismo año se entregó al Ejército ruso y fue encerrado en un campo de prisioneros en Ucrania. Era preciso sobrevivir y entró en la Legión checa para la liberación de su país, y en 1918 en el Ejército Rojo, donde fue nombrado comisario político.

Dos años después consiguió salir de Rusia. Si hubiera permanecido un tiempo más, habría acabado en el Gulag. La experiencia comunista le sirvió para escribir Relatos de Bulguma, una nueva sátira, en este caso de los bolcheviques. Llegó a la Checoslovaquia independiente en diciembre de 1920 con una nueva esposa, la rusa Alexandra Lvova, sin haberse divorciado de Jarmila. La vida acumulada le dio la idea: crear un personaje para contar sus peripecias, en una sátira feroz de su época.

Hašek dio vida a sus anécdotas en Las aventuras del buen soldado Svejk, publicado entre 1921 y 1923. Jaroslav ambientó su libro en la Gran Guerra para mostrar su desprecio al belicismo, al autoritarismo, al imperialismo, a la falsa religión y a los cuentos de exaltación nacionalista; en suma, a la estupidez humana. Y lo hizo a través de un personaje que para sobrevivir se hacía pasar por idiota –"idiota oficial", decía–, o enfermo si le interesaba, al tiempo que dejaba al descubierto la parte tragicómica de la vida en 1914. Bobo y parlanchín, Svejk se metía en líos de los que salía con una verborrea imposible, haciendo gala de una medida y fingida estulticia. Por ejemplo, al ser preguntado por un policía en una taberna sobre el asesinato del archiduque Fernando en Serbia, Svejk respondió:

Es una pérdida; esto no se puede negar. Una pérdida terrible. A Fernando no puede sustituirlo cualquier imbécil. (…) Solo que no quisiera estar en el pellejo de la archiduquesa. ¿Qué va a hacer ahora? (…) ¿Casarse de nuevo con un archiduque? ¿Y qué sacará con ello? Volverá a ir a Sarajevo y quedará viuda por segunda vez.

No gustó entonces la sátira de Svejk. La vida le fue cobrando deudas a Hašek, y su salud empeoró. No podía ni escribir. Dictaba a un escribano en la taberna U Invalidu, en la localidad checa de Lipnice. Había planeado seis volúmenes de Las aventuras, pero tan solo llegó a cuatro. Murió de tuberculosis en Lipnice el 3 de enero de 1923. Solo vieron la luz tres de aquellos. El cuarto fue completado por su amigo Karel Vanek.

Una vez muerto, la izquierda le atribuyó la paternidad de la literatura socialista checa, ocultando que su crítica incluía a la Rusia bolchevique. Y el poder de la propaganda estalinista, que ha llegado hasta hoy, presenta un Jaroslav Hašek comunista; lo que seguramente le desencajaría de risa.

La obra de Jaroslav Hašek estuvo en la lista elaborada por los nazis para la quema de libros del 30 de abril de 1933, que la revista Newsweek llamó entonces "holocausto de libros" y The Times "bibliocausto". Era una obra incómoda para muchos. La primera edición inglesa se publicó expurgada. En España apareció por primera vez en 1981, cuando la editorial Destino la vertió en versión de bolsillo. Hoy, en 2014, tenemos una edición de Galaxia Gutenberg traducida directamente del checo por Monika Zgustová. Un clásico imprescindible.

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