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García Lorca y Primo de Rivera, historia de una amistad secreta

Rosas de plomo gana el primer premio de biografía histórica de la editorial Stella Maris.

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Rosas de plomo gana el primer premio de biografía histórica de la editorial Stella Maris.
García Lorca y y Primo de Rivera. | Archivo

Federico García Lorca y José Antonio Primo de Rivera fueron amigos, tan amigos que esa amistad resultó fatal para el primero, asesinado por refugiarse en casa de los Rosales, camisas viejas, y por homosexual. Tres meses después era fusilado el fundador de la Falange en Alicante. Quien hubiera podido salvarlo no hizo nada. A Lorca lo mató la derecha tradicional por ser amigo de José Antonio y a José Antonio, los suyos y los otros por querer ser amigo de Lorca.

España, marzo de 1936. Tras varios intentos infructuosos llevados a cabo por amigos comunes, Federico y José Antonio son finalmente presentados en casa del diplomático chileno Carlos Morla Lynch, íntimo de García Lorca y admirador de Primo de Rivera. Hasta ese momento, el hijo del dictador, el Jefe de los falangistas, había mostrado un interés cicateramente correspondido por parte de García Lorca, temeroso de las consecuencias de una amistad tan prohibida como peligrosa, de una relación que podía ser aprovechada por sus enemigos, entre ellos Rafael Alberti, para purgar a un poeta homosexual, católico, retórico y burgués. José Antonio, en cambio, buscaba la compañía del poeta para desbastar a la Falange e hizo todo lo que estuvo en su mano para mantener las subvenciones de La Barraca, la compañía de teatro de García Lorca, y para que desde los medios afines se alabara la obra del granadino.

"Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?". Este era el texto de una nota firmada por Primo de Rivera y dirigida a García Lorca. Habían coincidido en un restaurante de Salamanca. El poeta giraba con La Barraca por las ciudades del pueblos de España. El político daba mítines en un país que se dirigía a la Guerra Civil con paso firme, decidido y suicida. Se conocían pero no se habían podido tratar aún. Ambos tenían constancia a través de intermediarios de la simpatía que se sentían, de la fascinación que ejercía en García Lorca el estilo de José Antonio y del interés de Primo de Rivera en la obra y esencia de Federico.

Se trataron poco, pero se conocieron mucho. Conectaron y trabaron una amistad dramática, truncada a los pocos meses. Qué paso y cómo pasó entre Federico y José Antonio no es la tesis de una novela pseudo histórica sino el relato pormenorizado y documentado de una amistad que segaron las balas.

Jesús Cotta, profesor de Instituto de filosofía y lenguas clásicas, novelista y poeta, así lo afirma en el libro Rosas de plomo, ganador del I Stella Maris de biografía, un texto que recoge una prolija investigación, entre lo detectivesco y lo arqueológico, sobre los últimos meses de Federico y José Antonio, la España en la que los mataron y la trágica historia de un relación que ha sido motivo de tantas investigaciones como tergiversaciones.

En teoría, ambos mártires estaban condenados a repelerse según el prisma de los bandos. En la práctica, y según Cotta, se entendieron sin que de ello deban inferirse interpretaciones sobre la tendencia sexual de Primo de Rivera o la orientación política de García Lorca. Contra esa amistad conspiran los relatos de Ian Gibson, los prejuicios ideológicos y en muy último término los sexuales. Ni el primero era homosexual ni el segundo un falangista vergonzante. El testimonio sobre el que se erige Rosas de Plomo no sólo es el de Gabriel Celaya, quien afirmó en varias ocasiones que Federico y José Antonio eran amigos, sino el rastreo pormenorizado de las fuentes, un trabajo a medio camino entre el análisis y el periodismo de investigación, un ejercicio de reconstrucción histórica.

"¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él". Este es el famoso testimonio de Celaya. Se lo decía García Lorca tras un encuentro tenso entre los dos citados y José Manuel Aizpurúa, jefe de la Falange en San Sebastián, amigo de la infancia de Celaya y a quien éste negó la palabra en un encuentro a tres con Lorca y en San Sebastián poco antes del estallido de la Guerra Civil.

Contra la tesis más extendida, Cotta reconstruye una relación negada que desemboca en la tercera España.

El autor cuenta con el aval del jurado del primer premio de biografía histórica de la editorial Stella Maris, formado por Luis Racionero, Javier Esparza, Pilar Queral del Hierro y Javier Barraycoa. La obra parte de una tesis tan sugerente como inédita, la de una relación de amistad pura e inconveniente, arrasada por una oleada confusa de cretinismo y papanatismo.

Racionero, presidente del jurado y en la presentación de un libro que está a la venta desde este 10 de febrero, afirmó que "Rosas de plomo habla de dos jóvenes guapos, románticos, que se tenían que caer muy bien" y dijo del autor: "Jesús Cotta forma parte de la nueva generación de historiadores españoles de la que se puede esperar una tercera España".

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