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La resurrección de Larra

Larra no se suicidó. Estaba ya suicidado y muerto cuando se suicidó. Pues ya recuerdan ustedes que Madrid era para Larra un cementerio.

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Mariano José de Larra | Archivo

Es de contar la infinidad de gente que ha visitado la tumba de Larra sin percatarse de que, en realidad, Mariano José de Larra, alias Fígaro entre otros alias como Ramón Arriala, El Duende Satírico, El pobrecito Hablador, El Bachiller Juan Pérez de Murguía y Andrés Niporesas, resucitó nada más matarse un 13 de febrero en la casa número 3 de la calle Santa Clara de Madrid. Tengo para mí que fue entonces cuando confirió vida a nuestro José Zorrilla, que leyó un poema en el entierro, y lo hizo famoso. Es más, algo barruntaba el del Tenorio sobre la resurrección del finado cuando recitó: "Miró en el tiempo el porvenir vacío/ vacío ya de ensueños y de gloria/ y se entregó a ese sueño sin memoria/ que nos lleva a otro mundo a despertar". Fue torero aupado a poeta de España sobre el funeral de un torero retirado, que se decía en aquel tiempo. Era una señal. Algo resucitaba.

Dicen que la generación del 98 se reunió ante la tumba de Larra. No fueron tantos, la verdad. Azorín y Baroja sí, pero no muchos más. Por entonces había obsesión por echar llaves a los cerrojos de los sepulcros. Siete al del Cid. 70 veces siete mucho después al de Franco. ¿Y al de Larra? Vaya usted a saber porque los enemigos del periodismo crítico, veraz, amargo y lúcido, si encima es literario, son legión. Pero Mariano José dejó dicho lo importante. Eso de morirse para no resucitar no valía la pena: "Estoy decididamente por aquel género de muerte de que se resucita : para no resucitar no vale la pena de morirse; de suerte que cuando en mi último articulo quedaba en el cementerio, me hallaba precisamente en el mismo caso que aquel de quien se cuenta que reconvenido porque oía con raras muestras de alegría un sermón de Pasión, respondió: "Es que estoy en el secreto.— ¿Qué secreto?— Toma, repuso, en que ha de resucitar al tercer día". ¿Lo ven? Eso de morirse en apariencia pudo ser una estratagema inteligente para seguir vivo.

Ernesto Giménez Caballero escribió en un libro de la colección RTVE que coleccionó mi madre y me leí hace tela de años "Por un azar vine yo a vivir junto a la tumba de Larra, y voy notando más cada vez que esta tumba me obsede, me tumba y retumba en mi vida. ¡ Y qué tumba! Porque el secreto de Larra es que Larra no tuvo nunca más que tumba. Que Larra no existió sino como tumba española. Y ser tumba en España es el único modo de ser algo; de vivir, de pervivir: esto es, de influir y traspasar. Larra no se suicidó. Estaba ya suicidado y muerto cuando se suicidó. Pues ya recuerdan ustedes — amigos míos — que Madrid era para Larra un cementerio, y un día de difuntos, y un aquí yace esto, y un ¡silencio, silencio!, y un llorar era escribir en Madrid. El pistoletazo de Larra fue su timbre público de alarma de que comenzaba desde ese momento a vivir. Vivir su vida. Fue como todas las vidas que empiezan a vivirse; significaba empezar a engendrar otras, resucitar en otros vivires. Reproducirse, recrearse, perpetuarse: eternizarse. O sea, más indicios de que o bien no murió o bien resucitó.

El propio Larra alabó la resurrección de Catalina Howard, en la obra de Dumas (su marido fingió su muerte para impedir el acoso sexual adúltero de Enrique VIII pero la resurrecta prefirió al Rey, oh, verbenera mujer) y en el teatro. Y no digamos nada del famoso Día de Difuntos de 1836, año de la desamortización de Mendizábal que Larra combatió porque perjudicó a los pobres de España, algo absolutamente cierto. En su paseo mortuorio y epitáfico, Larra descubrió que una media España murió de la otra media pero lo que buscaba en el camposanto era "alguna nota de resurrección" y concluyó que "o todavía no la habían puesto, o no se debía de poner nunca." González Ruano en ABC sentenció que en su tumba podría haberse escrito "Larra o La España". Bueno, sí, pero lo que siempre resucitaba era la cárcel, donde "reposa la libertad de pensamiento". Otra pista de que no todo estaba escrito ni acabado ni muerto.

Una de sus mejores biógrafas, Carmen de Burgos, Colombine, que, por cierto, descubrió la identidad de la sevillana Dolores Armijo, la mujer por la que Larra se pegó un tiro en la sién tras sufrir su último desdén, tituló precisamente Resurrección al prólogo de su obra Fígaro (Revelaciones, "ella descubierta", epistolario inédito). De hecho, resucitó la verdad sobre Larra. En el epílogo, Ramón Gómez de la Serna escribió:

"He creído que evocando reciamente ese fundamental paseo del Prado, pasando a lo largo del Prado pensando en Fígaro -al que con una certeza misteriosa veo pasear aún por sus andenes -surgirá él por último desprendido del libro que le resucita..."

O sea, contundente. Lo de la resurrección va en serio. Y es posible porque añadía sobre el Paseo que tanto vivió Larra:

"Todos sus dandys, lechuguinos, tónicos quieren resucitar en El Prado..."

Por si fuera poco y, como es sabido, en Larra resucitaba Quevedo y se empeñaba en resucitar el teatro español. No pudo resucitar el amor por su mujer Josefa, pero logró revivir la amistad y el respeto. Lo de la Armijo, que nunca fue la Elvira de su Macías el enamorado, le condujo a la resurrección definitiva.

Cuenta de Burgos que Azorín afirmaba que la juventud actual, la de entonces, amaba a Larra cada vez más, lo que reparaba la injusticia de los años pasados y la injusticia de las cosas....de los formulistas, de los envidiosos, de los hipócritas..."Larra resucita. Nace de nuevo en el aniversario de su primer nacimiento". Ea, ¿lo ven?

Umbral o la navaja de Ockham

Decía Francisco Umbral que para merecer una biografía escrita por él había que ser Larra o Lola Flores. Precisamente sobre Larra fue su primer libro y creyó que hacía la anatomía de un dandy sin darse mucha cuenta de que el dandy auténtico era él siendo otro Larra. Él lo negó siempre atribuyendo el larrismo a Cándido. Desvelemos sin más dilación que el mejor articulista de la transición, en efecto, conversaba con Larra - no le gustaba lo de "Fígaro" porque hubo otros por España e incluso "figarillos" copiones en Hispanoamérica, cuando se le aparecía, que fueron muchas veces. No sólo le fantasmeó Larra, sino también Valle Inclán, por ejemplo, en la granja del Henar y algunos otros. Pero Larra fue una presencia casi constante. Puede parecer increíble pero tal prodigio apuntala la tesis de que Larra nunca ha muerto. ¿Cómo hubieran sido posible, entonces, sus charlas con Umbral? Además, un fiambre no habría sido visto salir a envenenarse de romanticismo entre las dos luces de la tarde.

Refiere Umbral que le decía Larra, cuando tomaban chocolate a la española en el café del Príncipe con Paco Nieva, que la fama es siempre un equívoco. Otra vez, allá por los carnavales de 1977 se le apareció con el chocolate y el mismo café del Príncipe de por medio.

Me lo dijo Mariano José de Larra, en su penúltimo martes de carnaval, mientras tomábamos chocolate en el café del Príncipe con el actor Pepe Martín, que ya se preparaba para ser el Larra de la tele:

-Aquí yace media España. Murió de la otra media.

-Siempre piensa usted en lo malo, maestro.

-Lo malo es lo cierto, joven.

Otra vez, entre picatostes, Larra le preguntó: "¿Entre qué gente estamos?" Buena pregunta.

En una ocasión comieron juntos Fraga, que no hablaba sino que daba conferencias, Larra, Umbral y Lérmontov, el poeta romántico del Cáucaso. La cosa empeoró cuando Fraga dijo que en España había habido dos articulistas, Larra y Pemán. Umbral, cabreado, se vengó revelando que Pemán se volvió rojo a los ochenta años, algo de lo que aún no se han enterado los comunistas jerezanos de la Logse política.

En julio de 1977, sin Constitución siquiera, Umbral fue al café de siempre a entrevistar a Larra porque con algo tenía que llenar su columna. "Larra es hoy actualidad, que aquí tienes que escribir como Quevedo y pegarte un tiro a los veintitantos años para ser actualidad un siglo más tarde." Encontró a don Mariano José posando para Ramón Gómez de la Serna, que le estaba haciendo un prólogo (que fue un epílogo) para Carmen de Burgos. Estaba presente también César González-Ruano, "quien escribió hace muchos años un libro titulado Larra o la vida deprisa, que hoy nadie cita, pero que está bien de intuiciones. Le pido a don Mariano José que me dedique mi propio libro Larra. Anatomía de un dandy, primero de los que hice (1965). No sabemos si lo hizo, pero sí que desmintió que la bella Charo López fuera a hacer el papel de la Armijo en La detonación, la obra de Buero Vallejo sobre Larraque aclaró: "No, seguramente no puede. Además, Dolores no era tan guapa".

En la misma entrevista, certificó que no haría las crónicas de las Cortes Constituyentes que condujeron a la carta Máxima de 1978. "Eso es arriesgado, joven. En las Cortes españolas siempre acaba pisoteándole a uno el caballo de Pavía. Que, por cierto, me han dicho que se ha hecho de Alianza. El caballo, no Pavía." Y luego, mintió Umbral, Larra se murió dulcemente porque lo del tiro ante el espejo era un camelo.

Para no cansar, que es mucha materia, hablaba una vez Umbral con Antonio Machado, al que erigió un altar lateral y le llamó español. Entonces Larra le preguntó: "¿A qué hora y dónde se encuentra un español?" Se las traía la pregunta. Terminemos con lo que le ocurrió en el teatro Príncipe. Sí, cierto, Umbral se convirtió en Larra (consecuencia de mis malas y primerizas lecturas románticas, que tanto daño me han hecho luego o han hecho a mis biógrafos, aunque ahora reincida -ay mísero de mí- con una Antología fugaz de Mariano José exclamando "¿Dónde está el público?)" porque Larra sabía que escribir en España era escribir para nadie. Bueno, en todo caso ha quedado claro que Larra resucitó, que era el motivo de toda esta hojarasca con Umbral de despejador de incógnitas.


Una resurrección periodística incómoda

En tiempos de Larra se preguntaban -se contaba en El Español, el de Sánchez Guerra -, "¿cuándo seré redactor de periódico?". Deberían haberse preguntado ¿Para qué y cómo seré redactor de periódico? Tras la década ominosa, el periodismo pasó de caballeresco a misionero predicante. El predicante mayor, casi mendicante, junto a Bretón, Mesnoeros, Espronceda, Ventura de la Vega, Duque de Rivas, García Gutiérrez y otros muchos, fue Mariano José de Larra. ¿Cómo fue el periodismo de este explorador de los orígenes? "No descuida la forma ni la belleza; no es para Fígaro el artículo de periódico una cosa que se escribe en estilo familiar para informar a las multitudes, o para esgrimir un arma de partido. Escribe con galanura, en un estilo depurado y perfecto, atento siempre a su condición de artista...Es el Maestro", definió Carmen de Burgos. Demasiado hermoso para ser cierto del todo.

Pero como estamos en la época de Internet examinen por ustedes mismos si algunos manifiestos periodísticos de Larra, pueden ser asumidos en este tiempo. En Dos palabras, que fueron más de dos, resumió originalmente, tal vez en serio, su periodismo:

Emitir nuestras ideas tales cuales se nos ocurran, o las de otro tales cuales las encontremos para divertir al público, en folletos sueltos de poco volumen y de menos precio, este es nuestro objeto; porque en cuanto a aquello de instruirle, como suelen decir arrogantemente los que escriben de profesión o por casualidad para el público, ni tenemos la presunción de creer saber más que él, ni estamos muy seguros de que él lea con ese objeto cuando lee. No siendo nuestra intención sino divertirle, no seremos escrupulosos en la elección de los medios, siempre que estos no puedan acarrear perjuicio nuestro, ni de tercero, siempre que sean lícitos, honrados y decorosos.

A continuación hacía felices a los piratas de todos los tiempos:

Decidimos francamente que robaremos donde podamos nuestros materiales, publicánlos íntegros o mutilados, traducidos, arreglados o refundidos, citando la fuente, o apropiándonoslos descaradamente, porque como pobres habladores hablamos lo nuestro y lo ajeno, seguros de que al público lo que le importa en lo que se le da impreso no es el nombre del escritor, sino la calidad del escrito, y de que vale más divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias...llevaremos nuestro miserable ingenio, le cambiaremos por el bueno de los demás, y con ribetes distintos lo prohijaremos, como lo hacen muchos sin decirlo; de modo que habrá artículos que sean una capa ajena con embozos nuevos... Además ¿quien nos podrá negar que semejantes artículos nos pertenezcan después de que los hayamos robado? Nuestros serán indudablemente por derecho de conquista.

El Pobrecillo Hablador refería un encuentro:

Por allá cruza un periodista. Llámale, grítale : ¡Don Fulano! Ese periódico, hombre, mire usted que todos hablan de él de una manera...

-¿Qué quiere usted? te interrumpe; un redactor o dos tengo buenos, que no es del caso nombrar a usted ahora ; pero los pago poco, y así no extraño que no hagan todo lo que saben: a otro le doy casa, otro me escribe por la comida...En otro tiempo convoqué cuatro sabios, diles buenos sueldos; redactaban un periódico lleno de ciencia y de utilidad, el cual no pudo sostenerse medio año ; ni un cristiano se suscribió ; nadie lo leía; puedo decir que fue un secreto que todo el mundo me guardó... ¡Pobres batuecos! La mitad de las gentes no lee, porque la otra mitad no escribe, y esta no escribe porque aquella no lee.

Decia Andrés Niporesas, ya saben quién es, que para certificar la muerte del Bachiller Juan Pérez de Murguía le echaron encima un hato de periódicos y como no dijo nada ante todo aquello, se supuso que ni un soplo de vida le quedaba. No sabemos si por buenos o por malos o por insignificantes. Eran efímeros como la vida perdida. Por eso, en su Colección de Artículos sobre teatro, literatura. política y costumbres dice:

La precipitación con que se escribe en un periódico, y la influencia que ejercen las circunstancias en los redactores y en los lectores, son causa de que no pocas veces adquieran cierta efímera aceptación, en el momento de ver la luz, algunos artículos, que, examinados detenidamente a sangre fría algún tiempo después, mal pudieran resistir la crítica mas indulgente.

Por eso seleccionó los que le parecieron trascender lo cotidiano:

Los demás, al escribirse con destino a un periódico, obra que nace y muere en el mismo día, llevaban ya en su mismo objeto el castigo de su poca importancia.

Ya saben, a envolver el pescado de mañana.

En periodismo político, Larra se apresta a la voluntad reformista a la que irónicamente llama propósito de alabar.

Vaya, pues, haciendo nuestro ilustrado gobierno de las suyas, que conforme ellas vayan saliendo, nosotros se las iremos alabando. Así que, me iré muy a la mano en estas y en todas las materias, y antes de pronunciar que hay una sola cosa reprensible, veré cómo y cuándo, y a quién lo digo, asegurando desde ahora que no sé qué ángel malo me inspira esta maldita tentación de reformar, y que entro en esta obligación con la misma disposición de ánimo que tiene el soldado que va a tomar una batería.

Pero, claro, el entusiasmo no dura siempre.

Ya soy redactor, exclamé alborozado, y écheme a fraguar artículos, bien determinado a triturar en el mortero de mi critica cuanto malandrín literario me saliese al camino en territorio de mi jurisdicción. Pero ¡ay de mí! insensato, que chasco sobre chasco, vivo hoy tan desengañado de periodista como de autor de comedias.

Pero, ¿y eso? Larra es crítico sobre las redacciones y los jefes.

Ahí van tres columnas. -¿Tres columnas he dicho? Al día siguiente las busco en la Revista, pero inútilmente.
-Señor director, ¿qué se hicieron mis columnas?
-Calle usted, me responde, ahí están; no han servido: esta noticia es inoportuna; es arriesgada: la otra no conviene: aquella de más allá es insignificante; estotra es buena, pero ¡está mal traducida!
-Considere usted que es preciso hacer ese trabajo en horas, replico lleno de entusiasmo ; el hombre llega cansarse...
-Si usted es hombre que se cansa alguna vez, no sirve usted para periódicos...
-Me dolía ya la cabeza...
-Al buen periodista nunca le debe doler la cabeza...
-¡Oh qué placer el de ser redactor!...

Por tanto, no puede escribirse nada que no sea jocoso, mordaz, superficial, nada de científicos...

Política y mas política. ¿Qué otro recurso me queda ? Verdad es que de política no entiendo una palabra. ¿Pero en qué niñerías me paro? ¡Si seré yo el primero que escriba política sin saberla! Manos a la obra; junto palabras y digo: conferencias, protocolos, derechos, representación, monarquía, legitimidad, notas, usurpación, cámaras, cortes, centralizar, naciones, felicidad, paz, ilusos, incautos, seducción, tranquilidad, guerra, beligerantes, armisticio, contraproyecto, adhesión, borrascas políticas, fuerzas, unidad, gobernantes, máximas, sistemas, desquiciadores, revolución, orden, centros, izquierda, modificación, bilí, reformas, etc., etc. Ya hice mi artículo, pero ¡oh cielos! El editor me llama.
-Señor Fígaro, usted trata de comprometerme con las ideas que propala en ese artículo...
-¿Yo propalo ideas, señor editor? Crea usted que es sin saberlo....
-Pues sí nos para perjuicio, usted será el responsable...
-¿Yo, señor editor? ¡Oh qué placer el de ser redactor!

Crítico hasta con el periodismo de su tiempo y el que él mismo practicaba. Crítico incluso con los liberales acomodados que tras haber luchado hasta 1812 y luego en 1820, querían descansar como ahora algunos demócratas "de toda la vida" acusando de infames a los pocos periodísticas críticos que quedan. No sé por qué se me viene a la cabeza lo del "sindicato del crimen".

A esos maestros de la infamia los retrató cruelmente así:

Por lo tanto, los artículos de usted que tienden a una oposición directa, los artículos de usted, que quieren poner en ridículo nuestra lentitud, solo pueden dar armas a nuestros enemigos....Y en cuanto a escribir, escribir nuestros mismos defectos para que los corrijamos, es disparate, porque no por eso los hemos de corregir : debe alabarse todo lo que hagamos, siquiera para no dar que reír a nuestra costa a los carlistas, y le advierto caritativamente que si persiste en el camino de esa oposición que ha manifestado, haremos correr la voz de que todos los que hacen esa oposición nos quieren precipitar de nuevo y quieren reproducir el año 23 (Fernando VII); hasta diremos que están vendidos a don Carlos (léase el carlismo), y no faltará quién lo crea, pues aquí para todo hay creyentes, y lo que aquí no se cree, ya es preciso que sea increíble. Con lo cual queda de usted su afectísimo liberal escarmentado, y con competente destino; etc...

Ya ven. Materia para varias tesis sobre la realidad del redactor de periódico. No dudo que hoy Larra tendría su blog y su tarea. Pero en esta pieza lo importante era subrayar la resurrección de Larra que, como han podido comprobar, nunca estuvo muerto a pesar de sí mismo. Yo también soy de los que piensan, como el maestro Pérez Abellán, "que Larra cometió una soberana tontería: volarse la cabeza por cuestión de amores. Ni Dolores Armijo ni el amor de los amantes de Teruel merecen quitarse la vida. ..Un beso de Dolores Armijo no vale el dolor de una bala, un feo revólver no vale el hermoso funcionamiento de un cerebro, un arrebato no vale cortar de raíz la mejor carrera periodística de la época". Pero, afortunadamente, Larra resucita, don Francisco.

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