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'Tipos singulares' desvela el único fetichismo de Tom Hanks

Tom Hanks debuta como autor literario con Tipos singulares, una agrupación de 17 relatos que publica Roca Editorial. 

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Tom Hanks | Cordon Press

Una estrella de cine metida a escritor. Entre el capricho personal y la necesidad media una distancia desigual, según por dónde miremos. Pero hay algo que debemos decir de éste, el debut editorial de Tom Hanks, antaño la mayor estrella de Hollywood reconvertida ahora en figura querida e icónica del cine. El libro se titula Tipos singulares y el protagonista de Esta casa es una ruina o Forrest Gump está presente por todas partes, aún sin salir en ningún relato: de modo que una cierta dosis de habilidad y oficio le debemos atribuir.

Se trata de un libro ligero y amable, fiel a la reputación de Hanks tanto fuera como dentro de las pantallas. También un tanto irregular, como su carrera. De los 17 relatos cortos que componen Tipos singulares hay varios que merecen la pena, alguno que no y otros que, simplemente, dependerán del gusto del lector. Una característica propia de la estructura elegida por el autor, que en todo caso demuestra su escasa intención de darse aires de grandeza con su debut en la novela (¿verdad, Sean Penn?)

Al final, pesa lo positivo. Hanks se mueve cómodamente en un registro sencillo, entre cómico y dramático, que a buen seguro le reportará el conveniente ninguneo de la crítica. Pero el humor siempre ha sido material difícil, sobre todo en unos tiempos, los nuestros, en los que el cinismo dañino equivale a inteligencia: la primera historia, "Tres semanas agotadoras" podría ser perfectamente una comedia romántica como Larry Crowne, película dirigida y protagonizada por el propio Hanks, pero con una agradecible dosis de ironía, pero de una que no resulta tóxica. Y "Estas son las meditaciones de mi corazón" destaca por su dosis de sentimiento.

Hanks es el representante de una América abierta y plural, quizá demasiado buenrollista, pero su actitud se agradece. Existe también alguna iteracción dramática, pero incluso éstas saben al fantástico hiriente de Richard Matheson o los Cuentos Asombrosos que los directores coetáneos a Hanks, aquellos que le emplearon y emplean de manera masiva, cultivaron en los mitificados 80.

Cabe señalar que Hanks, un fetichista de las máquinas de escribir, ha escrito con una diferente cada una de las 17 historias. Se nota en su voluntad de aportar variedad a los mismos, por mucho que todos ellos parezcan pertenecer al mismo universo, una América idealizada pero no estúpida, que mira a los 50 con nostalgia pero que saluda a las nuevas tecnologías con ese entusiasmo propio de la era Reagan donde el actor ascendió a la fama más absoluta. Cierto es que hay cierta deriva buenista en ellas, un desvío muy propio de la última década americana, pero Hanks nunca pretende poner el dedo en ninguna llaga sino entretener. Lo mismo que lleva haciendo décadas en el cine, desde aquel tanto comercial que fue la picante Despedida de soltero que muchos descubrimos en los videoclubs de barrio.

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