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Reyes Calderón: "Algunos consideran botín de guerra el expolio a los judíos"

La autora vallisoletana regresa con Clave Matisse, la sexta entrega de la serie policial protagonizada por Lola MacHor.

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Reyes Calderón, autora de 'Clave Matisse'. | Planeta

Reyes Calderón (Valladolid, 1961) ha sido desde hace años protagonista eventual de la actualidad por sus dos facetas: la económica; y la literaria, por la que nos citamos con ella en una cafetería de la capital. Hablamos de su último libro Clave Matisse (Planeta), la sexta entrega de la serie policial protagonizada por Lola MacHor, "novelas de suspense, muy rápidas, con temas bastante duros pero con un punto de humor en el que cada uno se puede sentir protagonista".

En esta nueva entrega, Calderón se adentra en el tráfico de arte, una actividad que "mueve quince mil millones de euros al año y que después del tráfico de armas y de drogas, es la tercera actividad ilegal que mueve más dinero", explica la escritora a Libertad Digital. Para ello, ha estado asesorada durante todo el proceso de escritura por la unidad que, dentro de la UCO, se ocupa de Patrimonio Artístico.

Clave Matisse arranca con la desaparición de un cuadro presuntamente falso, un extraño robo que desempolvará una historia familiar almacenada en un altillo relacionada con el Tercer Reich. La juez Lola MacHor y su marido Jaime, médico investigador del CSIC, invitan a cenar a dos conocidos. Lola luce durante la cena una pulsera que había pertenecido a su suegra, que desaparece tras la cena. El cuadro es robado unos días después.

"El ladrón de arte es una persona que quiere disfrutar privadamente de algo, son personas con muchísimos recursos y pocos escrúpulos. Hay magnates rusos y chinos que se han sentido fascinados por el arte. Al que le gusta Matisse encarga un Matisse y los ladrones especializados van buscando dónde pueden robar un Matisse", explica.

Muchas veces, el principal escollo para frenar este mercado ilegal está en la falta de documentación que certifique la procedencia del cuadro. "En la II Guerra Mundial se perdió mucha documentación. Puedes encontrarte cuadros robados que se están vendiendo públicamente. Las casas de subasta se han empezado a poner las pilas y comienzan a tener cuidado con lo que venden, pero, aún así, sucede mucho".

Botín de guerra

"Hay mucha documentación relativa al tráfico de obras de arte procedentes de la II Guerra Mundial. Son obras que están empezando a aparecer a cuentagotas ahora. Se calcula que entre 1940 y 1944, solo en Francia, se robaron cerca de 25.000 objetos de arte.

Hace apenas unas semanas, unos 42 museos holandeses reconocieron tener al menos 170 obras de arte entre sus colecciones que podrían haber sido robadas a coleccionistas y comerciantes judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Y no son los únicos. "En el Hermitage se exhiben obras que estaban en Alemania y no se han devuelto. En el British Museum pasa algo parecido. También hay un supuesto heredero que reivindica la propiedad de un cuadro delThyssen. Se considera botín de guerra. Pero la cuestión es si los miles de cuadros que se expoliaron a judíos durante la II Guerra Mundial se pueden considerar botín de guerra o no. Es bastante dudoso teniendo en cuenta que perdieron la guerra", apunta Calderón.

Fue un negocio bastante lucrativo: "Los oficiales de las SS hicieron su propia colección y los alemanes financiaron parte de la guerra con 'arte degenerado’. Ellos lo vendieron, sí, pero alguien lo compró a precio de saldo. Hubo muchos norteamericanos que adquirieron cuadros de origen desconocido y nadie preguntó de dónde procedían". Para Calderón, simplemente tratar este asunto ayuda a "resarcir" esta injusticia y "nos vacuna" para que no vuelva a ocurrir.

En España

No hay que salir fuera de nuestras fronteras para hablar de este mercado paralelo de arte. "En España, ha habido un expolio enorme de pequeñas iglesias en pueblos. Muchas tenían obras de arte impresionantes de maestros del siglo XVI y XVII sin protección. Es muy fácil echar una puerta abajo y entrar", asegura la autora.

Calderón recuerda que en Huesca se robó un tapiz de gran importancia que se trató de subastar en Nueva York. Una especialista española detectó esta maniobra y avisó a la Guardia Civil. "Llevó muchos meses demostrar que ese tapiz había sido expoliado".

Otra de las tramas de Clave Matisse aborda el futuro de la genética con el fin de demostrar una supuesta superioridad de raza: "Hay que mirar al pasado para no volver a repetir esa soberbia de raza que ha hecho tanto daño y de lo que no estamos inmunizados. En diez años, nos harán un análisis genético para catalogarnos, esa tentación se ve en todas partes, incluido en España".

Una jueza peculiar

Esta entrega de la serie MacHor cuenta con la novedad de que está escrita a dos voces, la de la Lola y la de su marido, precisamente porque las raíces de la trama atrapan a su familia. No es necesario, admite la autora, leer las novelas en orden: "Muchas veces el lector lee uno, se enamora de los personajes y va hacia atrás".

"Lola tiene de mí más de los que me gustaría y mucho menos de lo que la gente piensa", confiesa la vallisoletana. "Ella me queda grande. Envidio su frescura, su capacidad de enfrentarse a todos sin pensar en los fracasos ni el el miedo al que dirán, su firmeza de carácter".

En opinión de Calderón, los jueces sufren "una sobrerresponsabilidad en la honestidad" porque, a pesar de ser "absolutamente rectos tienen que demostrarlo". "Tenemos un gran poder judicial, pero cuanto más honesto sea mejor para todos. Hacen un gran esfuerzo por reivindicar su independencia. El mejor juez es el que no está en los periódicos. Es normal que se hable de sentencias pero no deberíamos saber el nombre de tantos jueces", añade.

De cara al futuro, Reyes Calderón aparcará por un tiempo a Lola para centrarse en "una novela de intriga que reflexione sobre la riqueza y hasta dónde uno es capaz de llegar". "A veces me sorprende la capacidad de maldad que puede haber dentro de mi mente", bromea.

Reyes Calderón. Clave Matisse. Planeta, 2018. ISBN: 9788408194392. 448 páginas. 20,50 euros.

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