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Zoé Valdés

Mila y la laicidad

La defensa de Mila, adolescente amenazada de muerte por –según sus atacantes– haber blasfemado contra el islam.

Zoé Valdés
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El lunes se presentó en París el libro #JeSuisMila #JeSuisCharlie #NousSommesLaRépublique. 50 personalidades se manifiestan por la libertad de expresión y la laicidad, editado por Éditions Séramis; cuyo prefacio, a cargo de la periodista y escritora Zineb el Razhoui, sobreviviente de la masacre islamista contra Charlie Hebdo, sitúa al lector desde la primera frase en situación y objetivo: la defensa de Mila, adolescente amenazada de muerte por –según sus atacantes– haber blasfemado contra la nueva secta-política islámico-marxista. "A través de este libro le decimos a Mila y a todos aquellos que piensan como ella que no están solos, que su libertad es nuestro sacerdocio".

El proyecto de este volumen fue ideado y gestionado por la periodista y comentarista televisiva Zohra Bitan. Tengo el privilegio de haber sido invitada a participar con un texto, y allí estuve en la presentación, a la que asistió también el ministro de Educación francés, el señor Jean-Michel Blanquer.

Para los que no conocen el affaire Mila, explico: se trata de una adolescente francesa que fue amenazada de muerte –también sus compañeros de clase al defenderla– por haber blasfemado contra el islam en las redes sociales al declarar que era lesbiana. Mila fue desescolarizada, debió mudarse con sus padres a una dirección oculta y desde entonces se encuentra protegida por los servicios policiales; sus sueños de convertirse algún día en cantante se han evaporado, al menos por el momento.

Sus padres no sólo dieron el consentimiento para que este libro fuese publicado, además los derechos de autor serán donados a Amnistía Internacional y a la Union de Familles Laïques de France. Ni Mila ni ninguno de los autores tocaremos un centavo proveniente de las ventas de este libro esclarecedor y valiente.

En su discurso durante la presentación en un sitio elegido por la casa editorial, también protegido, donde fuimos invitados los 50 autores, el ministro de Educación expresó lo siguiente:

Debemos organizarnos frente a los adversarios de la laicidad. Nuestros adversarios están organizados. Pese a su debilidad intelectual, no cesan de ganar terreno, en los medios culturales, en los medios universitarios, en los medios mediáticos. Nosotros también debemos organizarnos frente a ellos. No es hora de seguir a la defensiva, como si fuéramos minoritarios, hay que situarse a la ofensiva.

Tras su intervención, pudimos intercambiar impresiones con el ministro; cada uno de nosotros aportó sus opiniones de manera serena; cuando llegó mi turno mencioné además el estado de la educación en Cuba, a lo que estuvo muy atento.

Es un granito de arena en medio de la inmensidad de proyectos parecidos que las sociedades libres actuales debieran acometer sin miedos y con el máximo de esperanza. Aunque recién se haya presentado en Francia, por primera vez, un islam político con vistas a actuar desde las zonas de gobierno mediante esta creencia. Nada más peligroso, a mi modo de ver.

He aquí un fragmento de mi texto publicado en este libro:

Una religión que teme a la crítica y a la blasfemia no es una religión confiable, resulta un amenazante dogma de adoctrinamiento.

Un adolescente debe tener todo el derecho de atreverse y de blasfemar. Si no se blasfema a esa edad, si no hay atrevimiento, pues entonces ¿cuándo? ¿Existiría Arthur Rimbaud sin la blasfemia y sin el atrevimiento? Cualquier persona debiera tener derecho a la blasfemia contra cualquier religión, culto, política e incluso persona. ¿Qué sería entonces de aquellos ataques subidos de tono entre Francisco de Quevedo y Luis de Góngora? ¿Qué sería de la literatura, del arte, en fin, de la vida? ¿Hacia qué mundo de acorralamientos y miedos absurdos nos dirigimos?

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