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Adiós a Manolo Tena, "el último maldito de la movida"

Tena compuso "Sangre española" pensando en Rosario y Luz Casal, pero acabó siendo enteramente suya.

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Adiós a Manolo Tena, "el último maldito de la movida"
Seis canciones imprescindibles de Manolo Tena

Entre el éxito, la droga y el fracaso se nos ha ido para siempre una gloria del pop-rock nacional, posiblemente uno de los tres mejores letristas de ese género, tal vez el primero para muchos, aunque con una irregular carrera musical producto de los vaivenes de una industria en la que nunca creyó y en su inestable personalidad, abrazado al consumo de drogas. Un personaje como Manolo Tena no cabe en un simple artículo, como es natural. Así es que lo que aquí sigue son hilvanes, peor o mejor cosidos, de quien tejió en dieciséis álbumes cuanto llevaba dentro de su indiscutible talento y desigual trayectoria, los cinco primeros como vocalista de Cucharada y Alarma!!!, los dos grupos en los que militó a finales de los 70 y los primeros 80, y el resto ya en plena movida madrileña de la que fue, consciente o no de ello, un nombre imprescindible, sin necesidad de que apareciera en "performances a lo Pedro Almodóvar" o en "fanzines" al uso.

Popular lo fue, al punto de que si ahora mismo se le pregunta a un seguidor del pop quién era, ipso facto aparecerá el título de "Sangre española" y "Tocar madera". El primero de esos temas lo consagró, y ya es historia. Decía Manolo que no componía "para vender", aunque admitía que "Sangre española" lo hizo rico. Lo curioso es que compuso esa mítica canción pensando en Rosario y en Luz Casal. Me figuro que su onírico sueño era sólo a efectos rockeros. Lo cierto es que la estrenó él mismo, justificando el repentino cambio para grabarla con esa sentenciosa frase que atribuía a una escritora de cuyo nombre no se acordaba: "La vida nos vive".

Las canciones, pensaba, eran precisamente para soñar. Él cantaba al amor, mas no de una forma vulgar. Porque buscaba, ante todo la poesía. ¡A finales del XX y el siglo XXI...! La poesía, sí. Pues era un lector impenitente, voraz. Llevaba un cuaderno cuando vivía en el barrio madrileño de Lavapiés donde lo mismo pergeñaba unos versos que asaltaban su pensamiento de repente, que dibujaba tipos que veía, le parecían interesante y los plasmaba en apuntes rápidos y vivaces. Y siempre tenía un libro que leer, ya fuera de Rimbaud, Rainer María Rilke, García Lorca (al que descubrió en Un poeta en Nueva York, que llevó al disco en 1998) o Gil de Biedma. Y a esos ilustres autores les dedicaba su espacio en las canciones que iban surgiendo de su mente tan fértil como atormentada a veces. Un tipo ilustrado, distante en inspiración de la gran mayoría de letristas que apenas si conocen "Las mil mejores poesías de la lengua castellana".

Lo curioso, contradictorio tal vez en Manolo Tena es que vivía en la calle, conocía el lenguaje coloquial, no olvidaba el "cheli" barriobajero de sus difíciles comienzos. Tenía en la cabeza las canciones de Peter Gabriel, y de Frank Zappa. El blues, el soul, le llegaban al alma. Lo mismo el de Ottis Redding que el blanco de Joe Cocker. El calor, el grito visceral de unos cantantes de verdad, alejados de la feria de los números 1 de las multinacionales. También se sintió identificado con Leonard Cohen. Sólo con estas referencias, comprenderán ustedes que Manolo Tena se salía de lo corriente entre nuestros cantautores. Por no citar sólo sus aproximaciones musicales anglosajonas, digamos que también sentía emoción al escuchar algunos determinados tangos argentinos. Y desde luego, el temblor por su espina dorsal si en una madrugada estaba con los cabales en una juerga flamenca. Sentía que la guitarra de Vicente Amigo podía perfectamente ensamblarse con la música de Carlos Santana. El blues y el jondo. Y eso luego trataba de llevarlo también a su repertorio, cuando componía.

No era fácil para él hacer compatible el rigor, la disciplina en el trabajo, sus sueños, el tiempo del ocio, la imprescindible burocracia con las discográficas, la vida de noche… Y Manolo Tena acabó sucumbiendo en ese submundo, a merced de la nieve blanca, de las fáciles tentaciones que para él suponían con una cartera bien llena. En los tiempos de la tan traída y llevada "movida" iba por "Elígeme", cuando Joaquín Sabina ejercía de dueño y colega. Parece ser que tuvieron "su más y sus menos". Pero, tras diez años sin decirse "ni mu", como contaba el propio cantautor ubetense, firmaron la paz. Y Manolo Tena sacó al mercado su primer disco en solitario, "Tan raro", que Sabina acabaría aclamándo, aunque sin abandonar su vena cáustica cuando, refiriéndose un día al cantautor extremeño, comentó: "Pocos seres humanos tienen el honor de contar con un enemigo íntimo de la categoría de Manolo Tena, que era el mejor de todos".

Persona alérgica al trasvase del famoseo y las revistas del corazón, pues le reventó siempre ser objeto de la persecución periodística, que afrontaba con naturalidad enfrentándose a los "paparazzi" convenciéndolos, cuando vivía en Miami, de que él no era alguien de ese mundillo del ¡Hola! y similares. Aun así se tomó a beneficio de inventario el reportaje que Diez Minutos publicó de su boda en 1994 con la actriz de origen cubano Marlene Alto. Nunca quiso hablar de sus hijos Miguel y Borja. Y tampoco de su última mujer, Ana, con la que convivía desde 2015, madre de la pequeña Manuela.

Manolo Tena era un tipo duro, pero yo creo que tierno en el fondo. Que no supo controlar su existencia, desde luego, Dióse la circunstancia de que era alérgico a la marihuana, y cuando empezó a consumirla padeció unas consecuencias más duras que en otros adictos. Padeció ya a los veintisiete años una crisis esquizofrénica por sus viajes a los paraísos artificiales y aunque durante sus múltiples visitas a centros de rehabilitación parecía recuperarse, como explicó en 2015, cuando reapareció después de siete años, para presentar su último disco, "Casualidades", su oscuro ayer le ha pasado ahora factura en forma de cáncer de hígado. Su último concierto ocurrió el pasado 19 de marzo en Las Palmas de Gran Canaria. José Manuel de Tena Tena: que Dios te haya acogido en tu seno.

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