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Rosa Belmonte

Sid & Vicious

En una ocasión, a Judy Garland le drenaron 20 litros de fluidos del cuerpo. Le dijeron que quedaría inválida, pero no fue así. Aunque muriera a los 47 años.

Rosa Belmonte
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En una ocasión, a Judy Garland le drenaron 20 litros de fluidos del cuerpo. Le dijeron que quedaría inválida, pero no fue así. Aunque muriera a los 47 años.
Sid Luft y Judy Garland | Cordon Press

La primera vez que fui a Nueva York vi a Liza Minnelli en el brunch del hotel Plaza. Ya tenía hecho el día, como decía Lassalle después de haber corrido por la mañana en la Casa de Campo (el resto era trabajar). Claro que luego vi de cerca de Bernardette Peters al acabar la representación de Annie Get Your Gun. Demasiada mitomanía. Años después, Liza Minnelli vino de gira a España. Tenía 61 años y estaba hecha polvo. Pasó mucho tiempo sentada. "Antes me sentaba en la segunda parte del concierto, ahora lo hago en la primera". Pero se crecía en el escenario. Un solo movimiento de brazos enardecía a sus fans. Era como un dibujo animado. Su silueta era inconfundible. Su presencia abrumaba. El movimiento de tetas levantaba a la gente. Liza, como su madre, bromeaba y se reía de sus limitaciones. Decía que con los años no levantaba la pierna a la misma altura, pero, por la experiencia, lo hacía con el mismo efecto. Se reía de sus posturas de firma. Lo de estirar los brazos como desperezándose aseguraba que era por las escoliosis. Como su madre, se ha metido de todo. Como su madre, es una artistaza. Liza decía de Judy que la mejor forma de conocerla era que no había quien la entendiera.

En Sid y Judy (2019), el documental que se puede ver en Movistar+, aprecias muchas similitudes entre ambas. Pero también diferencias. En Un viaje personal con Martin Scorsese a través del cine americano (1995), el director contaba que los directores trabajaban de manera diversa en el sistema de estudios. Que había unos más sumisos y adaptados que otros y que Vincente Minnelli era uno de los que más se adaptó. Judy Garland dice en Sid y Judy que Minnelli no la ayudó nada cuando empezó a tener problemas con la Metro, que estaba más de parte del estudio que de ella ("No hizo nada por mí"). Judy Garland fue despedida de MGM a los 28 años. Y llevaba allí una eternidad. Fue en ese estudio donde algún médico empezó a darle anfetaminas para que trabajara sin parar siendo joven (o adolescente). Es verdad que El mago de Oz es de MGM, pero también que dos de sus más recordadas interpretaciones (Ha nacido una estrella y Vencedores o vencidos) se produjeron fuera de las ataduras de la Metro. Aunque la construcción de su mito tiene mucho más que ver con sus actuaciones en directo. La consolidación, con el legendario concierto en el Carnegie Hall. Todo eso se cuenta muy bien en el documental. Con palabras de Judy y de Sid.

Sid es Sid Luft, su segundo marido, representante y padre de sus dos otros hijos. Las memorias de este son fundamentales para explicar lo que fue su carrera tras salir de la MGM (también sale lo de antes). Cómo fue su paso por la televisión. Y cómo fue su vida con las pastillas. "Yo era el poli. El de narcóticos. La pasma". Contaba que cualquier técnico, cualquier peluquera le pasaba de todo. En la casa encontró hasta Seconal en las sales de baño. También tomaba anfetaminas. A la vista de su estado habitual, muchos dudaban de que se presentara en el programa o que pudiera actuar. Pero lo hacía. Y esa tele era en directo. Más que Sid & Judy, parecían Sid & Vicious. Ella era vulnerable y no le importaba mostrarse así en la tele. También se reía de sí misma. De su propia leyenda: "La gente cree que soy como la Estatua de la Libertad y nadie me llama por teléfono". O cuando cuenta que recién parida y en el hospital se le presentaron los de la televisión por si le daban el Oscar (se lo dieron a Grace Kelly, hay que fastidiarse). La escena es delirante, sobre todo por cómo la recuerda.

Vemos fotos de Judy con la cara como un pez globo. Un médico le dijo a Sid que no estaba gorda, que estaba hinchada, que todo su cuerpo estaba lleno de fluidos. La ingresaron y su hígado tenía cuatro veces el tamaño normal (de hecho, se fue a la clínica con una copa en la mano). Le drenaron 20 litros de fluidos del cuerpo. Le dijeron que se iba a quedar medio inválida, pero no fue así. Aunque muriera a los 47 años. En Londres. "Pills killed Judy", decía algún titular.

Cuando todavía estaba en la CBS (el programa duró 26 maravillosas entregas) tenía otros representantes que no eran Sid. Unos tíos con los modos de trabajo de Toño Sanchís. "El Presidente se me pone al teléfono más que mis representantes", se quejaba. El programa iba mal de audiencia y Judy habló por teléfono con Kennedy. Este le dijo que la familia había cambiado la hora de la cena del domingo sólo para verla. O sea, que Kennedy no veía Bonanza, lo que ponían a la misma hora en la NBC y la que se llevaba la audiencia. Judy le cantó al teléfono ‘Over the rainbow’ para darle las gracias. Cuatro semanas más tarde lo asesinaron y Judy cantó en el programa ‘The battle hymm of the Republic’ (ya saben, el Glory, Glory, hallelujah), una de las más conocidas canciones patrióticas americanas, ante el enfado de la cadena. Demonios, si Kennedy veía a Judy en lugar de Bonanza.

Liza Minelli actuó en el Kursaal hace unos años. Se acabó el espectáculo entre los rugidos y aplausos del público, como era habitual. Se apagaron las luces, el público se fue yendo encantado y ella se quedó paralizada en la oscuridad. Tuvieron que sacarla como si fuera un maniquí. Liza ha cumplido los 74 años. Y también es mucho mejor que Bonanza.

Colaboradora de Es la Mañana de Federico.

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