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SERIEMENTE

El vibrante final de 'The Bear': un magistral homenaje visual a Tony Scott

La quinta temporada de la ficción de Disney+ cierra su historia con una noche de tensión culinaria y una banda sonora al estilo de Hans Zimmer.

La quinta temporada de la ficción de Disney+ cierra su historia con una noche de tensión culinaria y una banda sonora al estilo de Hans Zimmer.
The Bear | Disney+

El realizador británico Tony Scott, responsable de éxitos como Top Gun, Días de trueno, Spy Game o Marea roja, y fallecido en 2012, probablemente se revolvió de placer en su tumba. La quinta temporada de The Bear, una de las últimas y multipremiadas sensaciones de las series, que se ha estrenado en Disney+, ha convertido su desenlace en todo un homenaje al realizador y su particular estilo visual.

Una temporada estrenada sin las algarabías promocionales de las anteriores y que delata un cierto distanciamiento, también de los espectadores, hacia una serie que allá por su tercera temporada decidió bajar el pistón de la ansiedad. Christopher Storer, su creador —y director, por cierto, de la práctica totalidad de los episodios de esta quinta— se detuvo a observar con detenimiento las circunstancias personales de Carmy y los demás personajes, convirtiendo la batalla naval con la que se inició la serie en un retrato de la ansiedad y la obsesión.

Para todos aquellos que deseaban más acción, están de enhorabuena. The Bear 5 funciona como el reverso luminoso de la primera temporada, solo que en plan optimista. Los siete primeros episodios de los ocho que la componen se 'limitan' a narrar una noche en la que todo debería salir mal en la cocina del restaurante, salvo que los miembros de la cocina de The Bear están ya perfectamente compenetrados. Resulta alucinante la capacidad de Christopher Storer para convertir cada anécdota, cada frase y cada sentimiento en un elemento épico, trascendente y definitivo: no hay anécdotas en The Bear, sin la determinación de que, como reza el cartel del restaurante, "cada segundo cuenta", todo conduce a una revelación interna que puede ser fatal o catártica.

Y aquí entra el estilo visual con el que Storer ha decidido filmar la temporada, igualmente desafiante respecto a los cánones de la televisión actual. Solo que la fuerza y crudeza de la primera temporada aquí se transforma, por vía de ese homenaje —confesado verbalmente en la propia serie, y visible en ciertos elementos visuales— en una igualmente adrenalínica, pero elegante y melancólica, oda al hermano de Ridley Scott, a sus primeros planos, montaje apresurado, tonos contrastados y particular paleta de colores, reflejos, contraluces y sí, abundancia de lluvia, mucha lluvia. Fíjense en la gorra de Ordenador en los primeros siete capítulos: USS Alabama, el submarino de Marea Roja.

Eso convierte la quinta temporada de The Bear en una experiencia atmosférica, distinta y fascinante reforzada por la banda sonora de Hans Zimmer, que en efecto, fue uno de los compositores de cabecera de Scott en filmes como Amor a quemarropa, Marea roja o Fanático. Obra de su colaborador Christian Lundberg —y copiando el estilo de recientes filmes como Fórmula 1—, el resultado es una épica carrera contrarreloj que, eso sí, contrasta con la selección musical de temas clásicos del pop de anteriores temporadas, igualmente distintiva.

El resultado, igual que su renuncia a una narrativa convencional de las series de televisión —lo mismo que probablemente ha apartado de la serie a una porción de público— es fascinante. La factura es increíble, el asunto no queda en manos de cameos de famosos y todo se deposita en esa sensación de liberación tras haber dejado atrás el monstruo del miedo, la ansiedad y la depresión.

Un despertar no exento de renuncia y tristeza que contrasta con su escandaloso sentido del humor y es capaz de inspirar éxtasis. Se va una de las series de televisión más originales, peculiares y fascinantes de los últimos años, y se va proporcionando un casting igualmente alucinante. Jeremy Allen White y Ebon Moss-Bachrach ya son estrellas, pero Abby Elliott y Liza Colón-Zayas necesitan desde ya su reivindicación.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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