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BALONCESTO - TORNEO DE NAVIDAD

El Real Madrid se impone a un descafeinado Sao Paulo (111-83)

En un ambiente de fiesta, el equipo de Sergio Scariolo ha vencido por 111-83 al Sao Paulo brasileño en la final del Torneo de Navidad que el Real Madrid organiza cada año. Antes del inicio del encuentro, Sasha Djordjevic y Raúl López entregaron a la viuda de Raimundo Saporta, Arlette Politi, y a la madre de Fernando Martín, Carmen Espina, un ramo de flores y una reproducción del trofeo del Torneo de Navidad.


Las dificultades que el club afronta en las últimas temporadas para conservar viva una parte de su tradición, enfrentada al ritmo de las modernas competiciones profesionales, auguraban un torneo descafeinado, sin ningún parecido a aquellas multitudinarias ediciones que traían a la Ciudad Deportiva a equipos del prestigio del Ignis Varese, del Symmenthal Milán o la Universidad de North Carolina.

El desconocido combinado paulista invitado a la última edición navideña del milenio sugería más un parche para salir del paso que otra cosa y lo confirmó sobre la cancha. Nada que ver con los grandes nombres que han dado lustre al trofeo creado en la década de los sesenta por el desaparecido Raimundo Saporta, reducido por primera vez en sus 36 años de existencia a un único encuentro.

Sin embargo, la insistencia del club en honrar como se merece la memoria de Saporta y de Fernando Martín ha recibido el premio de una grada poblada por 4.000 espectadores y un grupo de hombres comprometidos con la causa que saltaron al parqué decididos a dar lo mejor de si mismos.

Los jugadores del Real Madrid no escatimaron una sola gota de sudor y rescataron al público del penoso Sao Paulo All Stars, cuya sola presencia en el recinto dedicado al recuerdo del creador del torneo mancilló el currículo de una cita plagada de momentos memorables.
Doce supuestos jugadores, probablemente mejor dotados para la samba que para el baloncesto, pasearon por la pista un lamentable muestrario de miserias deportivas durante cuarenta minutos indignos del prestigio que el torneo se ha labrado a lo largo de casi cuatro décadas al lado de los más grandes.

Alberto Angulo, un hombre que desde los Juegos Olímpicos de Sydney lucha por volver a ser el mismo, ha encontrado esta vez la ocasión idónea para resurgir. El alero internacional despachó el primer cuarto con catorce puntos y arrastró al equipo de Scariolo por la senda de la diversión.

El Real Madrid pudo solventar la tarde anclado en la rutina, indiferente al significado de los hombres a quienes homenajeaba, pero prefirió demostrarles respeto. Ignoró la mediocridad de los brasileños y eligió la única opción viable para dignificar la cita. Los blancos buscaron el espectáculo, trenzaron algunas acciones rebosantes de fantasía y aportaron el buen gusto necesario para hacer soportable un partido carente de alicientes por la dudosa categoría de un rival impropio.

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