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Dawn Fraser, un escándalo de campeona

Dawn Fraser es una de las figuras más influyentes en el deporte femenino. Por sus hazañas en la piscina...y fuera de ella.

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Dawn Fraser es una de las figuras más influyentes en el deporte femenino. Por sus hazañas en la piscina...y fuera de ella.
Dawn Fraser, durante los Juegos Olímpicos de Tokio 64. | Archivo

La natación femenina cambió para siempre en 1956. En ese año irrumpió la figura de Dawn Fraser, quien se convertiría en una estrella dentro y fuera de la piscina. Con ella, su deporte dio el salto cualitativo que necesitaba para ser considerado de élite, y también para reclamar que debían ser tratadas como sus compañeros masculinos.

Y es que la nadadora australiana fue una campeona rebelde, capaz de batir un récord que tenía 20 años de longevidad, capaz de conquistar tres oros en tres Juegos Olímpicos distintos, pero capaz también de ser sancionada con diez años de inhabilitación por un acto de indisciplina.

Nadadora por casualidad

Dawn Fraser nacía en Sidney el 4 de septiembre de 1937, en el seno de una familia humilde en uno de los barrios más complicados de la ciudad. Era la menor de ocho hermanos, pero siempre tuvo fijación por su hermano Don. Por eso, cuando el médico le recomendó practicar natación para cuidar sus ataques de asma, se sintió muy feliz, pues Don era un excelente nadador.

Pero cuando apenas contaba con 13 años, Don falleció de manera trágica. Aquello le marcaría severamente. Ya no sólo a nivel emocional, sino porque se hizo una promesa que cambiaría su vida: iba a destinar todo su empeño en convertirse en una excelente nadadora, el camino que debía recorrer su desaparecido hermano.

"Me asomaba a la ventana de la habitación de hospital en la que estaba Don" recuerda Fraser en una entrevista, "me decía ‘Dawn, tú tienes un don, entrénate fuerte por mí’. Creo que fue lo último que me dijo".

A los 16 años se traslada a Adelaida de la mano de su entrenador Harry Gallagher, consciente ambos del enorme potencial que esconde la joven Dawn. Potencial que saldrá a la luz sólo dos años más tarde, en el campeonato nacional australiano, cuando Fraser batirá el récord mundial de los 100 metros libres, con un tiempo de 1:04.05. Un récord que llevaba vigente más de 20 años (Willy den Ouden, Ámsterdam, Febrero de 1936)

Un duelo épico

En aquella final nacional, además, Fraser se imponía por sorpresa a la gran favorita, Lorraine Crapp. En ese momento nacía un duelo épico, que ayudaría a ambas a obtener mayor reconocimiento a nivel mundial, así como a la natación femenina.

El duelo se reeditaría tan solo unos meses más tarde, pero en un escenario mucho mayor: la final de los Juegos Olímpicos que, además, se disputaban en Melbourne. Dawn Fraser volvió a imponerse a Crapp, aunque para ello tuviera que rebajar de nuevo el récord mundial.

Unos días después Crapp se tomaba cumplida revancha al imponerse en la final de 400 metros libres, con Fraser segunda. Lógicamente, el equipo australiano, con Fraser y Crapp, se proclamaría campeón olímpico en los relevos del 4x100, también con récord mundial.

Las dos nadadoras supieron también dar vida a ese duelo, pues más allá de la competición fuera de la piscina eran continuas sus idas y venidas, los dardos de una contra la otra alternados con elogios, que provocaron que el país se dividiera entre sus dos nadadoras, pero que a la hora de competir todos gozaran con el espectáculo de ambas. Más cuando tocaba nadar por relevos.

Doble éxito

Si había dudas sobre si su rendimiento en los Juegos Olímpicos de Melbourne se repetirían en Roma en 1960, por aquello de que cuatro años antes había nadado en casa y sin la presión de ser la favorita, Fraser las disipó de un plumazo.

Tras brillar en las series clasificatorias, en la final del 100 metros libres gana con suficiencia el oro. Lo hace por delante de la incipiente Chris Von Salza, quien representaría el renacimiento de la natación femenina estadounidense. Pero en Roma tan solo pudo aguantar hasta los últimos 25 metros. Fraser se imponía con un nuevo récord mundial, de 1’01’’02.

Dawn Fraser, alegre tras haber logrado el oro y respondido a las dudas que se habían generado en torno a su figura, salió aquella noche a festejar el triunfo. Al día siguiente es criticada por ello por sus compañeros de equipo, lo que provoca su enfado. Decide ir de compras por Roma, pensando que al día siguiente de su victoria tenía el día libre, y a su regreso el seleccionador le dice que debe participar en las clasificatorias del 4x100 mixto. Fraser le dice que no está dispuesta, y menos después de todo lo sucedido. Los compañeros le retiran la palabra y la critican ante la prensa, y ella responde reprochando su comportamiento tras su victoria.

A pesar del encontronazo, a su regreso a Australia lo que prima es su clara victoria, su segunda medalla de oro individual, y su récord del mundo, así que Fraser continúa entrenando ya con la mente puesta en Tokio 64. A pesar de ello, durante los siguientes años siempre será mirada con lupa, a lo que ella responde de la mejor manera que sabe: ganando todas las competiciones.

La historia en Tokio

El 27 de otubre de 1962 Fraser se convierte en leyenda al convertirse en la primera mujer que baja del minuto en los 100 metros libres, con un tiempo de 59’’9. Tiene 25 años, y manda una señal a todos: quiere convertirse en la primera mujer que consigue tres oros olímpicos en tres Juegos distintos.

Pero un trágico suceso está a punto de quebrantar su camino. A comienzos de 1964 Fraser, que había perdido al padre poco antes por enfermedad, sufre un accidente de coche mientras conducía, en el que su madre, que la acompañaba, fallece al instante. La nadadora sufre una fractura de vértebra, y seis semanas de inmovilización en el cuello.

El golpe es muy duro, más moral que físico, pero reacciona como ha hecho siempre: entrenando más duro, con la mente puesta únicamente en la victoria, en el oro. Siete meses después está en Japón, en Tokio,donde volverá a ganar la final del 100 metros libres.

Y eso que la cita olímpica no comenzó con buen pie. Las nadadoras australianas tenían las primeras clasificaciones sólo dos días después de la Ceremonia Inaugural, así que los responsables del equipo decidieron que era mejor quedarse descansando en el hotel y no acudir el estadio. Pero Fraser, siempre rebelde, no estaba dispuesta. Sin avisar a nadie se escapó de la villa, se metió en un autobús, y se entremezcló con el equipo que sí desfilaba en el Estadio Olímpico de Tokio.

Pero al fin y al cabo lo que cuenta es la competición, y Fraser logró en Tokio la hazaña histórica: tres medallas de oro en tres Juegos distintos, tras proclamarse vencedora en el 100 metros libres con un tiempo de 59’’5. Era, además, el tercer récord mundial en los Juegos consecutivo. Completaba una hazaña que sólo ha repetido, muchos años más tarde, la húngara Krisztina Egerszegi -tres triunfos consecutivos en el 200 m espalda-.

Los Juegos que la consagraron, pero, fueron también los que le retiraron. Porque tras haber terminado la competición de natación –con otra medalla de plata además del oro- varios miembros del equipo australiano, entre ellos, cómo no, Fraser, decidieron irse de juerga para celebrarlo. Cuando se encontraron delante del Palacio del Emperador, a altas horas de la madrugada, intentaron robar la bandera de Japón. Fueron detenidos por la policía y, tras pasar horas en comisaría, regresaron a la Villa Olìmpica.

El propio Emperador Hirohito, al enterarse de la noticia, convocó a los australianas para obsequiarles con la bandera que habían intentado robar, tratando por otro lado de quitar trascendendencia al asunto. Pero eso no fue suficiente para convencer a las autoridades australianas, que decidieron sancionar a Dawn Fraser con diez años de inhabilitación. Eso supuso su retirada deportiva, aún con 27 años.

La leyenda

A partir de ese momento, Fraser pasó a convertirse en leyenda en su país. Por el maltrato al que, en opinión de muchos, había sido sometido. Por lo que aún podría haber conseguido. Y sobre todo por lo que ya había conseguido. No en vano, en sus tres participaciones olímpicos, ganó ocho medallas, cuatro de ellas de oro.

No sólo eso, fue la primera nadadora capaz de ganar tres medallas de oro en la misma especialidad en tres ediciones consecutivas de los Juegos Olímpicos, lo que la dejó como una de las más grandes nadadoras de todos los tiempos.

Por eso, en los Juegos Olímpicos de Atlanta del 96, fue ella quien le pasó la antorcha a Muhammad Ali. Y en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, fue la primera dama de la edición. A punto de cumplir 70 años, no ha perdido su carácter rebelde y original, como demostró hace justo dos años, respondiendo a los tenistas australianos Kyrgios y Tomic por unos comentarios racistas "deberían ser un mejor ejemplo, y si no les gusta, no les necesitamos en este país, que vuelvan al lugar de donde vinieron sus padres".

Dawn Fraser, hoy, es un mito viviente del deporte. Es una película de 1979. Es una Avenida en el Parque Olímpico de Sidney. Es una estatua de cera en el Madame Tussaud de Sidney. Una estatua de cera, con una sonrisa extrovertida en el viso, y una medalla colgando del cuello. Así fue siempre ella, un escándalo de campeona.

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