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Auge y caída de Debi Thomas: la estrella que acabó arruinada y con trastorno bipolar

De triunfar en el patinaje y la cirugía a habitar una caravana. El declive de un icono que rompió barreras raciales y terminó en la bancarrota.

De triunfar en el patinaje y la cirugía a habitar una caravana. El declive de un icono que rompió barreras raciales y terminó en la bancarrota.
Imagen de Debi Thomas en una de sus competiciones en patinaje. | Archivo

Fue patinadora artística olímpica, médica cirujana y pionera racial en uno de los deportes más elitistas del mundo… Tanto que Debi Thomas fue la primera afroamericana en ganar una medalla en los Juegos Olímpicos de Invierno y la única en lograrlo en patinaje artístico. Su historia es la de un ascenso fulgurante y una caída devastadora; la de una mujer que rompió barreras históricas y terminó vendiendo su medalla para pagar deudas.

Debra Janine Thomas nació en Poughkeepsie (Nueva York) y creció en San José, California. Comenzó a patinar a los cinco años, impulsada por su madre, analista de programación en IBM. A los nueve ganó su primera competición y su talento fue evidente desde el principio. Pero su camino no fue fácil…

En un deporte dominado por atletas blancos, Thomas se enfrentó desde niña a la discriminación racial, con jueces que —según su entorno— favorecían sistemáticamente a patinadoras menos talentosas. Aun así, progresó sin freno y con tan solo 12 años fue plata nacional en categoría principiante y, a los 16, su carrera despegó definitivamente.

Campeona del mundo… mientras estudiaba en Stanford

A diferencia de la mayoría de deportistas de élite, Debi Thomas nunca abandonó los estudios. De hecho, ingresó en la Universidad de Stanford para estudiar Ingeniería mientras entrenaba al máximo nivel. En 1986, con solo 18 años, ganó el Campeonato de Estados Unidos, convirtiéndose en la primera patinadora afroamericana en lograrlo, y ese mismo año fue campeona del mundo, derrotando a la todopoderosa Katarina Witt en la única gran derrota de la alemana en un lustro. Ese año recibió el premio ABC Wide World of Sports Athlete of the Year, consolidándose como una superestrella mundial pese a arrastrar una grave tendinitis en ambos tendones de Aquiles.

Poco después, con 21 años llegó a los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988. Lideró la clasificación tras el programa corto, pero algunos errores en el ejercicio libre la relegaron al bronce, por detrás de Witt y de la canadiense Elizabeth Manley. Aun así, hizo historia: ninguna persona negra había ganado antes una medalla en unos Juegos Olímpicos de Invierno.

Tras los Juegos, sumó otro título mundial y se retiró del patinaje amateur. Aún brilló en el circuito profesional, ganando tres campeonatos del mundo y participando en espectáculos como Stars on Ice.

Unos pocos años después, en 1991, Thomas colgó definitivamente los patines para centrarse en la medicina. Se licenció en Stanford y en 1997 se graduó en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. Se especializó en cirugía ortopédica, con foco en prótesis de cadera y rodilla. Trabajó en distintos hospitales y, en 2010, abrió su propia consulta en Virginia. Todo parecía indicar que su segunda carrera sería tan brillante como la primera.

El derrumbe: enfermedad, bancarrota y una caravana

Pero la vida de Debi Thomas dio un giro dramático. En 2012 sufrió una crisis psiquiátrica y fue diagnosticada con trastorno bipolar. Su consulta fracasó, se divorció, perdió la custodia de su hijo y acumuló 760.000 dólares de deuda. Se declaró en bancarrota.

Durante un tiempo vivió en una caravana infestada de chinches, sin ingresos estables y con una pareja adicta a los analgésicos. Tal fue su debacle que, para sobrevivir, tuvo que vender su medalla olímpica de bronce, uno de los símbolos más poderosos del deporte estadounidense.

También se distanció de la medicina convencional, abrazando terapias alternativas como la hipnosis y expresando una profunda desconfianza hacia el sistema sanitario: "Está controlado por el gobierno y las aseguradoras. Si me tuviera que cortar el brazo, no entraría ahí", declaró en 2018.

El regreso inesperado y un legado intacto

En 2023, con 56 años, reapareció en el hielo en Lake Placid, doce años después de su última actuación. En ese momento, Thomas sorprendió al público ejecutando un triple axel, uno de los saltos más complejos del patinaje artístico. Hoy trabaja para una pequeña empresa de joyería en Florida.

Su legado, sin embargo, va mucho más allá de su historia personal. Deportistas como Vonetta Flowers, Shani Davis, Jordan Greenway o Laila Edwards —primera afroamericana en un equipo estadounidense de hockey hielo— caminan sobre el terreno que ella abrió. Muchos llegaron después. Debi Thomas llegó primero. Cambió la cara de los deportes de invierno, rompió estereotipos raciales y demostró que el talento no entiende de color ni de clase social. Su vida es un recordatorio brutal de cómo la gloria deportiva no protege de la fragilidad humana, pero también de cómo un solo nombre puede alterar para siempre la historia de un deporte.

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