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CONSECUENCIAS DE LA NORMA

La (i)lógica económica de la ley antifumadores

Este 2 de enero entra en vigor la ley antifumadores. Desde el Gobierno se alegan razones de salud pública. Mientras, los hosteleros aseguran que se perderán miles de empleos. Más allá de la discusión sobre lo nocivo del tabaco, ¿qué dice la economía sobre las consecuencias de la nueva norma?

Nuestros lectores opinan...

yo muchas veces dejo de ir a un bar o a tomarme una cerveza por el humo. No necesito ir al bar, y a veces cuando estoy recien duchado y no tenía pensado salir, si me llaman para tomar una cerveza, simplemente no voy, dependiendo a donde vayamos, o si hace buen tiempo, siempre prefiero la terraza. Desde luego si hubiese un bar donde no se permitiese fumar, porque así el dueño lo elige, sería mi preferencia a la hora de ir a un bar a ver el fútbol, por ejemplo. Pero como a ningún bar se le ocurre eso, pues hace mucho tiempo que no voy a un bar a ver el fútbol, y lo veo por internet, o lo escucho por la radio. Así de simple. No necesito ninguna ley, yo tengo capacidad para decidir si quiero o no quiero humos. Que decida el dueño del local. Como dice el dueño del artículo, es un debate moral. Si esta ley es válida, la prohibición de los crucifijos en los edificios públicos, también habría de serlo, aunque yo pienso que son cosas que no necesitan legislarse y que se puede dejar autonomía para resolver este tipo de conflictos entre los ciudadanos.
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Si ya era un problema el "botellón" ahora problema y medio. ¿No quieres caldo? ¡TOMA DOS TAZAS!
Valhalla
D. SORIANO

La economía no es el principal argumento ni entre los detractores ni entre los defensores de la Ley Antifumadores, pero unos y otros aseguran que también está de su parte. Desde el Gobierno y las asociaciones contra el tabaquismo se defiende la norma por sus beneficios sobre la salud pública, pero también se asegura que no causará impacto en las cuentas de bares y restaurantes (incluso, se defiende que muchos no fumadores expulsados en los últimos años por su repugnancia al humo volverán a salir).

Por su parte, los hosteleros defienden la libertad de cada uno de decidir si quieren que se fume o no en su local (unida a la libertad del consumidor para entrar en un bar, restaurante o discoteca). Este colectivo, además, ha hecho bandera de los perjuicios económicos de la medida y aseguran que desaparecerán miles de empleos. Este mismo día 31, la asociación de empresarios de locales nocturnos de Madrid ha calculado las pérdidas en unos 4.000 locales y 15.000 puestos de trabajo sólo en esta comunidad.

Con todo este ruido de fondo, ¿se pueden sacar conclusiones económicas de la Ley Antitabaco de 2006 y de la que entra en vigor este 2 de enero?

1. Las enseñanzas de la ley actual

No hay ningún modelo teórico que pueda equipararse a la realidad. De esta manera, lo mejor para saber qué pasará a partir del 2 de enero quizás sea estudiar lo que ha pasado desde 2006. La ley antifumadores está vigente desde el 1 de enero de ese año. Esta normativa permitía que cada local decidiese si permite fumar o no (en realidad, ponía algunas restricciones, pero no se han cumplido en la mayoría de los casos).

Uno de los motivos para la aprobación de la nueva Ley es que la actual normativa no se está cumpliendo. Es decir, el propio Ministerio de Sanidad admite que la mayoría de los bares, restaurantes y discotecas de España permiten fumar. ¿Por qué? Evidentemente, porque sus dueños piensan que así atraerán más clientes. De hecho, los hosteleros denuncian que en los primeros meses de aplicación de la anterior Ley (allá por 2006), hubo muchos locales que separaron zonas para fumadores y hubo muchos otros que prohibieron fumar totalmente.

Sin embargo, un porcentaje muy elevado tuvo que cambiar su decisión porque los locales que no permitían el tabaco vieron caer su facturación entre un 15 y un 20%. Además, en aquellos restaurantes con dos zonas -fumadores y no fumadores-, las reservas son muy superiores en las que permiten el tabaco que en las que tienen su aire limpio.

Por eso, los hosteleros temen que muchos clientes dejen de acudir a sus locales una vez que la prohibición total entre en vigor. Mientras, los defensores de la Ley aseguran que la gente seguirá saliendo igual y que si ningún local permite fumar no habrá los problemas de discriminación que había hasta ahora: simplemente, la gente irá al restaurante que quiera, sin pensar en si se permite o no fumar.

2. ¿Salud o molestia?

En los últimos meses han salido varias encuestas que aseguran que la mayoría de los españoles apoyan la ley antifumadores. Los porcentajes varían poco de una a otra: en casi todas, aproximadamente el 70% de los encuestados afirma que quiere que se prohíba el tabaco en todos los lugares públicos cerrados. La primera cuestión es si ese 70% tiene derecho a imponer al otro 30% sus preferencias o si cada uno debe ser libre de entrar en el local que mejor se adapte a sus gustos, pero esta es una discusión moral que se queda fuera del alcance de este artículo.

Pero la pregunta que cualquiera se hace es, ¿cómo es posible que si el 70% de los españoles quieren locales sin humo, la mayoría de los bares y restaurantes permitan fumar? ¿Es que los hosteleros son tontos? ¿O desconocen su clientela? Ni una cosa ni la otra: los dueños de bares y restaurantes no han hecho encuestas, simplemente se han adaptado a lo que les pedían sus clientes.

Para resolver estas preguntas debemos acudir a la teoría económica, que explica los costes de oportunidad y las preferencias reveladas.

Así, los defensores de la Ley aseguran que el tabaco es malísimo para su salud y la de sus hijos. Pero, si esto fuera cierto, ¿se arriesgarían a acudir a esos locales? El tabaco es malo en grandes cantidades: si uno fuma un paquete diario durante quince años, tiene riesgo de padecer cáncer u otras enfermedades. Pero por comer en un restaurante de fumadores no le pasará nada grave. Incluso los más aguerridos prohibicionistas lo saben y la prueba es que van a estos locales, algo que no harían si creyeran sus propias palabras. Es decir, las preferencias reveladas de los no fumadores demuestran que saben que el tabaco de un bar no es malo para su salud. Cuando alegan la preocupación por sus pulmones, se esconden detrás de este argumento (que es políticamente muy correcto) para no declarar la verdad: el tabaco les molesta, pero no les preocupa.

Porque la razón real por la que mucha gente quiere prohibir el tabaco es porque es muy molesto. Esto es evidente: para una persona que no fuma, estar en un restaurante en el que se fuma es desagradable. Pero, ¿debe entrar el Gobierno a prohibir algo porque sea molesto para la mayoría de la población? ¿Qué es más molesto en una discoteca: el humo o un altavoz a todo volumen?

3. Fumadores intransigentes

En cualquier caso, queda sin resolver la pregunta de por qué los locales de fumadores están más llenos que los otros (aunque, por ejemplo, Starbucks ha hecho de la prohibición de fumar una de sus señas de identidad y de las claves de su éxito) si el 70% de la población dice preferir los espacios libres de humo.

La razón es que a los fumadores les importa más dejar de fumar que a los no fumadores dejar de ver a sus amigos (en términos económicos podríamos decir que su coste de oportunidad es mayor).

Cuando un grupo de amigos tiene que decidir si va a un local y hay mitad de amigos fumadores y mitad de no fumadores, se suele acudir al local que permite el humo. Los no fumadores hablan de la intransigencia de sus compañeros... y tienen razón. A un fumador le cuesta tanto comer sin el cigarrito del aperitivo y el café que está dispuesto a no salir si se lo prohíben. Es decir, el coste de oportunidad de no fumar es mayor que el coste de oportunidad de no ver a sus amigos o de no comer en un restaurante de moda.

Podríamos decir que un fumador que se niega a acudir a un local sin humo, prefiere fumar a estar con sus amigos. En el lado contrario, un no fumador que va a un local en el que se permite el tabaco demuestra que valora más a sus amigos que el perjuicio de respirar el humo de los cigarrillos.

A partir del 2 de enero, ésta será la cuestión que dictaminará el futuro de los bares españoles. Salir implicará no fumar: por lo tanto, los fumadores tendrán que estimar sus costes de oportunidad. ¿Comer fuera, con los amigos y no fumar o quedarse en casa, sin ver a los colegas, pero fumando? La respuesta que cada cliente dé a esta pregunta determinará el futuro de muchos locales.

4. Españoles y clientes de bares

Otra cuestión a tener en cuenta cuando se analizan las encuestas es el grupo de población en el que se hacen. Cuando se dice que el 70% de los españoles quieren prohibir el tabaco, se obvia el hecho de que no todos los españoles son clientes habituales de bares, restaurantes y salas de fiesta. Así, entre los mayores de 60 años o los padres de familia, los antitabaco seguramente serán más del 70%. Mientras, los jóvenes menores de 30 años posiblemente sean más permisivos. Y los hosteleros saben que éstos últimos acuden a sus locales mucho más.

Ni siquiera todos los locales son iguales. Los restaurantes tienen clientela más mayor y menos proclive al tabaco, aunque también más aficionada al café-copa-puro. Sin embargo, en una discoteca, el 90% de los clientes son jóvenes de 18 a 30 años, que fuman o a los que les da igual que se fume a su alrededor. Por eso, para estos locales puede que la Ley sea más dañina que para otros.

Fumar se está convirtiendo cada vez más en una cuestión de jóvenes, sobre todo entre las mujeres (que lo dejan cuando se quedan embarazadas). Y éste es el grupo de población que más sale. Desde un punto de vista económico, podríamos decir que los clientes típicos de los locales de ocio son más proclives a fumar que el conjunto de la población. Si así fuera, las encuestas estarían sesgadas y no mostrarían la realidad: el 70% de los españoles apoyan la ley, pero quizás la mayoría de los clientes de los locales de ocio no lo hacen.

5. ¿Café, copa y...?

El problema para los hosteleros no es sólo de clientes sino también del tipo de consumo que hagan. Parece claro que para los fumadores, el echarse un cigarrito está asociado a otras cuestiones (café, copa, charla, sobremesa, etc.). Así, cuando desde el Ministerio de Sanidad se asegura que la gente seguirá saliendo (o yendo a comer el menú del día) se apoyan en que es algo casi imprescindible para muchos ciudadanos.

Lo que no tienen en cuenta es que puede que dejen de hacer lo accesorio si no pueden fumar: quedarse después de comer a tomar una copa, ir unos minutos antes a tomarse una caña de aperitivo o quedarse a la última ronda a las tres de la madrugada. Ésta es la consecuencia más temida por los hosteleros, porque, además, en muchas ocasiones, son estos productos los que más margen les dejan.

6. Las consecuencias imprevistas: ruido y terrazas

Existe otra ley económica que habla de las consecuencias imprevistas de todas las decisiones que tomamos. En este caso, los que pueden acabar pagando la ley antifumadores son los vecinos de los locales de ocio nocturno. Y los más beneficiados serán los vendedores de muebles de terraza y de setas de calor.

Como en los locales no se permite fumar, los clientes intentarán consumir fuera. Esto tiene dos derivadas, una buena y otra mala. La buena es que crecerán las terrazas, lo que beneficiará a los proveedores de muebles y demás material para estos espacios. De hecho, en los últimos meses ya están empezando a proliferar las setas de calor (estufas eléctricas para el exterior) que tan comunes son en las ciudades francesas. De esta manera, muchos intentarán cumplir con la Ley sin que su negocio sufra un gran daño.

Sin embargo, quizás los vecinos de los bares y restaurantes no estén tan contentos con este cambio. Tanto en las terrazas como en las puertas de bares y discotecas, los fumadores harán ruido, hablarán o discutirán a altas horas de la noche. En algunos países con leyes antitabaco, como Francia, ya está pasando y hay voces que piden un cambio en la legislación para proteger a los vecinos.

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