La disposición de los aliados de coparticipar junto a EE UU en la respuesta militar al brutal ataque terrorista y las primeras averiguaciones sobre su autoría son los dos elementos más destacados por la prensa del día.
Todos los diarios destacan que se trata de la primera vez que se aplica el artículo cinco del tratado fundacional de la OTAN por el que todos sus Estados miembros se solidarizan ante la agresión exterior que sufriera cualquiera de ellos.
Para ABC, la benévola ingenuidad con la que las democracias occidentales –fundamentalmente europeas- han tratado a muchos de sus enemigos del pasado y del presente –el etnicismo, el integrismo, el nacionalismo o el nazismo- empezó siendo una política que se creía eficaz para aplacar la bestia de turno, y ha acabado convertida en un talante acobardado e inerme ante las ideologías destructivas, acomplejado por los reproches de una intelectualidad interna que ha imputado al mundo libre occidental –aprovechando, eso sí, sus libertades ilimitadas de pensamiento y expresión- todos los males de la humanidad y ha dado ideología y comprensión a las peores formas de terrorismo. Una de ellas, el integrismo islámico.
El Mundo, aunque respalda la solidaridad aliada para responder al ataque terrorista, destaca que el problema es que todavía no se sabe contra quién tiene que ir dirigida. Por ello destaca la importancia de que la investigación policial logre determinar no sólo la identidad de los promotores de la hecatombe terrorista sino también si contaron con financiación o cobertura activa de algún estado árabe. Para El Mundo nadie puede cuestionar que EE UU tiene el derecho a castigar a los autores de esta terrible matanza. Pero es evidente que la respuesta no debería ser la misma si se trata de un comando de fanáticos integristas que si la acción ha sido promovida por un Estado. Para este diario, aunque sea terrible e injusto, cuando hay una guerra declarada entre dos Estados, la población civil sufre las consecuencias. Pero si no la hay, resultaría muy difícil de entender un reacción bélica que supusiera la pérdida de vidas de personas completamente ajenas a los ataques contra EE UU en Kabul, en Bagdad o donde fuera.
En esta misma línea, El País, señala que la historia juzgará a Bush por el acierto con que gestione la respuesta a ese terrible desafío terrorista, aunque admite que Bush se ha declarado paciente, determinado y que ha prometido que el castigo será “centrado”.
La Razón, por su parte, se centra más en destacar que Afganistán es el más probable objetivo de las represalias aliadas y destaca el hecho de que las organizaciones internacionales han empezado a evacuar a su personal de ese país. La Razón, al igual que El País y El Mundo, pone especial acento editorial en advertir que EE UU no debe cegarse en sus represalias y no perder la razón que le asiste a la hora de responder al genocida ataque sufrido.
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