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Complejos que envalentonan a los sindicatos

La decisión de los sindicatos de no cumplir los servicios mínimos es la noticia más destacada en todas las portadas de este martes. La Razón da la misma prioridad a una noticia que lleva en exclusiva como es la decisión del PNV de incluir en sus listas a candidatos de Batasuna. La prensa también se hace eco de la presencia del Nuncio de Su Santidad en el primer acto de la Fundación de Víctimas del Terrorismo y de la falta de acuerdo entre los miembros de la UE a la hora de sancionar o no a los países que no colaboren en la lucha contra la inmigración ilegal.

Sólo El Mundo y La Razón dedican un editorial al desafío que los sindicatos han lanzado contra el Gobierno admitiendo pública y abiertamente que no van a cumplir los servicios mínimos el próximo 20 de junio. El Mundo acusa acertadamente a los dirigentes sindicales de "romper las reglas de juego", mientras asegura que "el Gobierno no ha actuado con mala fe ni ha pretendido poner unas condiciones arbitrarias. Se ha limitado a aplicar la jurisprudencia existente en este asunto y unos criterios muy similares a los que adoptó el Gobierno socialista en 1994. Son los convocantes de la huelga los que se sitúan al margen de la legalidad al arrogarse el derecho de no cumplir los servicios mínimos con el pretexto de que el Gobierno, contra el que se dirige la protesta, es quien fija parte de esos servicios”.

Con cierta candidez, El Mundo considera sin embargo que “los sindicatos deberían ser los más interesados en cumplir los servicios mínimos y evitar cualquier coacción contra los ciudadanos” y asegura que “Méndez y Fidalgo se equivocan porque ninguna reivindicación puede triunfar si es a costa de vulnerar las leyes” por lo que tengan o no éxito, "siempre se les podrá reprochar que no jugaron limpio en una cuestión tan esencial como es el respeto de los derechos de quienes no están de acuerdo con ellos”.

En esta misma línea se manifiesta La Razón, cuyo editorial asegura que “incumplir los servicios mínimos dice muy poco de la confianza de los sindicatos en la verdadera fuerza de una convocatoria claramente política. Si quienes desean trabajar no pueden hacerlo, por la imposición de los piquetes, o incluso por el sabotaje de los autobuses, sistemas de tráfico y otras redes, la huelga general podrá tener éxito al paralizar la vida laboral, pero carecerá de la fuerza de la razón”. Hombre, estamos de acuerdo en que los sindicatos no tienen razón para convocar esta huelga, por legal y pacífica que sea. Si encima la pretenden llevar a cabo vulnerando la legalidad y recurriendo a la coacción y el sabotaje, lo que pierden —o deberían perder— ya no es la razón sino la impunidad.

Pero claro, ninguno de los dos diarios dirige critica alguna a la claudicante y suicida actitud del Gobierno ante los sindicatos, que envalentonados, ya se atreven a recurrir abiertamente a la ilegalidad en su intento de que la calle quite la legitimidad a las urnas. Ciertamente los dirigentes sindicales están que se salen, pero por culpa del Gobierno y de sus medios de comunicación afines. Los sindicatos no sólo viven gracias a los impuestos del Gobierno, sino que observan como sus supuestos oponentes no hacen más que consagrar la necesidad de alcanzar el “consenso y diálogo social” con ellos. El Mundo reclama del Gobierno más atención a los sindicatos que a sus votantes. Y así estamos: Arenas, ante la chulesca e ilegal actitud sindical, responde con que "el Gobierno tenderá la mano a los sindicatos el día después de la huelga”. ¿Por qué ese afán del Gobierno en dar credibilidad y legitimidad a quienes sólo quieren, incluso recurriendo a la ilegalidad, desgastarle políticamente?. Ante esa actitud del Ejecutivo, los dirigentes sindicales saben que no tienen nada que perder, pero mucho que ganar. Y esto no lo recuerdan de Marx. Es el Gobierno el que no para de repetírselo.

¿Presentará Estella candidatura única?

La otra gran noticia del día lo constituye la decisión del PNV de incluir en sus listas a candidatos de Batasuna. Según La Razón, el acuerdo sellado hace tres semanas en Navarra, permitirá a los proetarras mantener los concejales pese a la deslegalización a cambio de su apoyo en el Parlamento Vasco. El editorial de este diario considera que “todo parece indicar en la situación política del País Vasco, sobre todo la carta pastoral de los obispos y la de los sacerdotes nacionalistas, que el PNV busca todos los apoyos posibles, incluso forzándolos, para agitar las aguas políticas en su provecho, en una apuesta en la que se piensa incluso integrar a la coalición comunista de Izquierda Unida. No es descartable que el apoyo de Javier Madrazo, hasta ahora alineado en todo con los nacionalistas, incluyese la renuncia a sus propias listas electorales para formar parte de una candidatura única frente a los constitucionalistas del PP y el PSE”.

ABC, por su parte, dedica un tardío editorial contra la reivindicación de la independencia efectuada por Arzalluz el día que se manifestó con los proterroristas contra la ilegalización de Batasuna. El editorial está bien, pero no es nada nuevo lo que en él se critica del PNV. Este partido, el más impresentable, xenófobo y racista de cuantos en Europa se presentan pacíficamente a las urnas, se fundó con los objetivos secesionistas reivindicados por enésima vez el domingo por Arzalluz. Ciertamente los diarios no nacionalistas critican la “deriva” del PNV, pero parece que añoran una “unidad” con ellos perdida. Para ellos es una amenaza al sistema democrático cualquier contacto con partidos como los de Le Pen, —incluso con los de Haider o Fortuyn— pero no aplican esa severidad con el que gobierna el País Vasco, infinitamente mucho más relacionado ideológicamente con la única organización terrorista que queda en Europa. Mariano Rajoy parece ahora escandalizado al anunciar que “ETA y el PNV persiguen los mismos objetivos”. Pero eso lo está diciendo Arzalluz desde hace años, sin que su partido haya sido objeto de campañas y descalificaciones equiparables a las que se han dirigido contra dirigentes efectivamente xenofobos como Le Pen o sólo supuestamente como Haider o Fortuyn.


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