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Llamazares mete en la cárcel a Rajoy y a Federico Jiménez Losantos

El diputado de Izquierda Unida basó su estrategia electoral en unos polémicos vídeos que no le dieron el número de votos que él esperaba.

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Tal día como hoy, 11 de febrero, pero de 2008, Libertad Digital contaba el último vídeo elaborado por Izquierda Unida y con el que pretendían animar al voto a los simpatizantes de izquierdas de cara a las elecciones del 9 de marzo: "Llamazares mete en la cárcel a Rajoy, Jiménez Losantos y a un obispo en un vídeo". En esta ocasión, bajo el título "Gaspi y las cosas que importan. Familia o muerte", Llamazares encabeza una manifestación de zombis que bajo el lema de "familia o muerte" llevan a la horca a dos jóvenes homosexuales.

Los presos escuchan a un tribunal inquisitorial que los condena a muerte. Ese tribunal estaba formado por un obispo, un personaje que simulaba a Federico Jiménez Losantos con colmillos de Drácula y por Rajoy. Los zombis iban a ahorcar a los supuestos homosexuales cuando aparecía Gaspi, el alter ego de Llamazares, para salvarlo. El vídeo acababa con Llamazares metiendo en la cárcel a Rajoy, al obispo y a Jiménez Losantos.

Pero este vídeo no fue el más polémico dentro de la campaña electoral del entonces coordinador general de Izquierda Unida. Fue el que publicó días más tarde y en el que a través del mundo virtual de Second Life quemaba una foto de la Familia Real imitando a los radicales independentistas de Cataluña. Además, quemaba un diploma de Mariano Rajoy por sus conocimientos sobre cambio climático firmado por su primo.

Desde el Partido Popular calificaron de "intolerable" el vídeo y según el entonces coordinador del programa electoral del PP, Pío García Escudero, la coalición de izquierdas "tiene que recurrir a algo que desgraciadamente sucedió en Cataluña que fue la quema de los retratos de la Familia Real y que causó un enorme rechazo en la inmensa mayoría de los españoles".

En un primer momento, Llamazares pidió disculpas a quien considerara "inadecuado" el vídeo aunque acto seguido trató de justificarlo. Consideró "hipócrita" el escándalo provocado por la película ya que, según él, "es un lenguaje virtual, no es un lenguaje real" y que la producción "no forma parte de la campaña formal de IU". Llamazares lo que quería demostrar era que Izquierda Unida "es una fuerza firme contra la derecha" que apuesta por un desarrollo republicano.

Además, criticó a los medios de comunicación. Sobre la cobertura dada lamentó que se hubiera dedicado "más papel y más imagen" que a su programa lo que, para él, demostraba "los obstáculos y barreras que tiene una fuerza política para hacer campaña electoral normal y la sensibilidad freaky que tienen los medios de comunicación a ciertas campañas virtuales".

Las voces críticas no sólo llegaron desde el PP y desde los medios de comunicación. También desde su propio partido pidieron la retirada de las polémicas imágenes. La que durante esa época fue alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, recalcó que "desaprueba y reprueba" el último vídeo presentado por su partido y pidió a Llamazares que se desvinculara de él y lo retirara.

Finalmente Llamazares accedió a la petición y decidió retirar el vídeo al entender que no formaba parte de la campaña electoral "formal" de la federación. Según explicaron fuentes de la Dirección Federal de IU, la decisión era "lógica y acertada" ya que lo colgaron en la web personal de Llamazares con la única intención de explicar su lanzamiento. También aseguraron que las imágenes "ahora pertenecen al universo Youtube".

La peculiar campaña llevada a cabo por Gaspar Llamazares y por Izquierda Unida no dio los frutos esperados y el 9 de marzo de 2004 se consumó el batacazo electoral. IU tan sólo obtuvo el 3,8% de los votos y menos de un millón de electores depositaron su confianza en la formación. Llamazares asumió entonces el fracaso y anunció que no se presentaría a la próxima Asamblea Federal de IU para repetir como coordinador general. Además, no aceptó la derrota de buen gusto ya que lamentó la "injusticia del sistema electoral" del "tsunami bipartidista" que marginaba a partidos como el suyo.

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