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El Rey guarda silencio ante el desafío separatista catalán

Dice que asume las "exigencias de ejemplaridad", pero no se refiere, ni indirectamente, al caso Nóos.

Libertad Digital
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El rey Juan Carlos pronunció su discurso navideño, en medio de la más grave crisis nacional en décadas y el mayor deterioro de la institución monárquica desde que fuese nombrado jefe de Estado, tras el fallecimiento de Franco.

Sin embargo, y a pesar de una coyuntura tan especial, muy poco se puede sacar en claro de un discurso en el que ha vuelto a emplear un lenguaje alambicado, plagado de circunloquios, en el que no se ha referido de manera directa y expresa a los grandes problemas nacionales.

El discurso volvió a estar marcado más por lo que el Rey calló, que por lo que dijo. Ejemplo de silencio clamoroso fue el desafío separatista catalán, que ni lo ha mencionado.

Pocas veces estuvo tan claro el titular que buscaban los redactores del discurso: "Asumo las exigencias de ejemplaridad y transparencia que reclama la sociedad". Pero la frase no fue acompañada de ninguna referencia concreta al escándalo del Caso Nóos, aunque dará lugar a múltiples especulaciones periodísticas.

"Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia", ha subrayado el Monarca en su mensaje de Navidad, en el que se declara consciente de que la crisis económica ha provocado "desaliento" en los ciudadanos.

Tras reconocer que "la dificultad para alcanzar soluciones rápidas" a la crisis y "los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública han afectado al prestigio de la política y de las instituciones", don Juan Carlos se ha referido también a las "voces" que "quieren una actualización de los acuerdos de convivencia" entre los españoles.

Sin una sola mención al desafío separatista de Artur Mas, el Rey se ha limitado a decir que la Corona promueve y cree en una España abierta en la que caben todos, "un país libre, justo y unido dentro de su diversidad".

En este contexto, ha recordado que el sistema político nacido con la Constitución de 1978 ha proporcionado a los españoles el periodo más largo no sólo de "libertad, convivencia y prosperidad", sino también de "reconocimiento efectivo de la diversidad" que compone la realidad de España.

"Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones", ha recalcado.

"Siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos (momentos) y construir juntos los buenos". "Juntos hemos resuelto problemas no más fáciles que los que hoy afrontamos", ha insistido, antes de animar a los líderes políticos y agentes sociales a combatir "el conformismo, el desaliento y el victimismo" y aconsejar diálogo y generosidad para "saber ceder cuando es preciso".

"Convivencia", "ética", "juntos" y "democracia" destacan entre las palabras más repetidas y enfatizadas durante su intervención, en la que ha hecho llegar a los españoles dos compromisos como Rey: la determinación de continuar su mandato de jefe del Estado "estimulando la convivencia cívica". Un mensaje que llega después de pasar un año convaleciente, tras someterse a varias operaciones de cadera. Aunque no se ha referido a su salud expresamente, el Rey parece dejar claro que no piensa dar paso al príncipe Felipe, como reclaman amplios sectores de la sociedad española.

Don Juan Carlos apela al "funcionamiento del Estado de Derecho para que la ejemplaridad presida las instituciones" y "se cumplan y hagan cumplir la Constitución y las leyes", un llamamiento que sigue la línea de la reivindicación de la ética que incluyó en su anterior alocución de Nochebuena y del mensaje de Navidad de 2011, días después de que la Casa del Rey calificara de "no ejemplar" el comportamiento del esposo de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin. Sin embargo, desde ese mensaje de 2011, la Casa del Rey, lejos de expulsar a la infanta Cristina, no ha hecho más que torpedear la instrucción judicial para evitar que la hija del Rey sea imputada.

La solidaridad con "aquellos a quienes con más dureza está golpeando" la crisis económica ocupa asimismo un lugar destacado en la intervención del Monarca, que ha apelado a instituciones públicas, empresarios e inversores para que apuesten por la investigación y la innovación para crear empleo.

Así, ha reclamado un esfuerzo "para que la economía confirme los indicios de recuperación que se están empezando a ver y que tienen que ser todavía más sólidos", según ha precisado, antes de advertir: "No podemos aceptar como normal la angustia de los millones de españoles que no pueden trabajar; para mí, la crisis empezará resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar".

Tras la grabación de 2012 en su despacho, el Salón de Audiencias de la Zarzuela ha vuelto a ser este año el escenario donde el Rey ha comparecido en Nochebuena ante los españoles, sentado tras una mesa de trabajo en la que se podía ver el ejemplar de la Constitución.

El Rey pronunció el discurso sentado, ya que todavía está muy reciente su última operación de cadera. Después de una novedosa introducción televisiva que les ha acercado al Palacio de la Zarzuela con una imagen aérea, los espectadores han podido seguir un mensaje algo más largo que el año pasado -once minutos y 35 segundos y 1.381 palabras, 292 más que en 2012-, en el que el Rey se ha dirigido a los españoles ante las banderas de España y la UE.

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