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UPyD y Ciudadanos: ¿ha llegado la hora del deshielo?

Rosa Díez sigue manteniendo las distancias, pero cada vez tiene más difícil negarse al diálogo con un líder que ya se percibe como nacional.

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Rosa Díez sigue manteniendo las distancias, pero cada vez tiene más difícil negarse al diálogo con un líder que ya se percibe como nacional.

Este martes la sede de UPyD en Madrid albergará una reunión que puede ser decisiva para el devenir de las convocatorias electorales que España afrontará en 2015. Allí, muy cerca del Congreso de los Diputados, una delegación de la formación magenta encabezada por Rosa Díez recibirá a otra delegación de Ciudadanos encabezada por Albert Rivera. Hace años que no se produce un encuentro así, aunque ambos líderes han comenzado el deshielo de sus hasta ahora inexistentes relaciones con varias conversaciones telefónicas e incluso el intercambio de mensajes de texto en las últimas semanas.

Aunque en público han aparecido fracturas en la relación, como cuando Díez reprochó a Rivera que hubiese pedido al Gobierno que "no matase moscas a cañonazos" en referencia a las declaraciones del ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, aludiendo a que el Ejecutivo utilizaría "todos los medios a su alcance" para frenar la consulta del 9-N. Una réplica que la líder de UPyD realizó de oficio en su perfil de Facebook con estas palabras: "Aplicar la Constitución para defender el Estado de Derecho y la democracia no es un cañonazo; la secesión de Cataluña no es una mosca".

A la situación actual se llega después de la fuerte polémica interna generada en UPyD por el líder del partido en Europa, Francisco Sosa Wagner, que culminó en el bronco Consejo Político extraordinario del pasado 6 de septiembre. Allí Sosa Wagner denunció ante la prensa haber recibido "ataques feroces" aunque agradeció las disculpas expresadas por el número dos de la formación, el diputado Carlos Martínez Gorriarán, quien había llegado a tildarle de corrupto. Además, el eurodiputado, que comenzó a distanciarse de la dirección cuando rompió la disciplina de voto para respaldar en la Eurocámara al nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean Calude Juncker, afirmó que el documento aprobado por la mayoría le daba la razón en la necesidad de explorar un pacto con Ciudadanos.

Una manera de ver el vaso medio lleno, pues lo cierto es, como informó Libertad Digital, que el texto elaborado por la dirección incluye tres condiciones para establecer cualquier pacto de las cuales dos señalan directamente, pese a ser negado en público, a los de Albert Rivera. El primero, los criterios de transparencia interna medidos por Transparencia Internacional. De manera aparentemente inocente, Rosa Díez dijo tras el Consejo Político que no se puede llegar a acuerdos "si a un partido le dan un 9 y a otro un 3", exactamente las calificaciones que obtienen UPyD y Ciudadanos, respectivamente, según el citado organismo.

El segundo criterio se refiere a la imposibilidad de pactar con aquellos partidos que, a su vez, mantengan acuerdos con formaciones localistas o regionalistas. Acuerdos como los alcanzados por Movimiento Ciudadano, la plataforma a través de la cuál Ciudadanos quiere impulsar su proyecto nacional y que fue presentada con gran éxito en auditorios de varias ciudades españolas el pasado invierno con la presencia destacada de quienes luego serían los dos eurodiputados del partido: Javier Nart y Juan Carlos Girauta. En declaraciones a este medio, Albert Rivera negó recientemente ese extremo aduciendo que Movimiento Ciudadano es una plataforma y que sólo recibe adhesiones a título individual, a lo que añadió: "Quien quiera buscar diferencias se equivoca, sería incluso infantil, cuando es mucho más lo que nos une".

Sosa Wagner, en el disparadero

A las dificultades de fondo se suma el fuerte malestar interno con Sosa Wagner. La dirección de UPyD ha perdido su confianza en él, pero también buena parte de la base. Varios de los asistentes al Consejo Político del 6 de septiembre, en el que más de cuarenta personas solicitaron la palabra, le reprocharon que hubiese aireado sus posiciones mediante una tribuna periodística y que hubiese hablado de "prácticas autoritarias", al tiempo que alguno le recodaba que durante la campaña de las Europeas se había levantado al alba para repartir folletos en los que estaba impresa su cara.

En un receso de ese Consejo, uno de los consejeros se preguntaba cómo podía entenderse con los militantes de Ciudadanos en su provincia, cuando precisamente habían recalado en ese partido tras salir de UPyD por enfrentamientos internos.

Pese a todo, el pacto no es imposible. A favor pesan varios factores, entre los que no es menor la figura de Albert Rivera, un líder de la nueva generación, entre los mejor valorados de España y con indudables dotes de liderazgo. Máxime cuando en las citas electorales de 2015 podrían concurrir líderes de parecido perfil como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias o Alberto Garzón. Todo en un país que ha afrontado un relevo generacional en la Corona, además de en el primer partido de la Oposición.

Otra cuestión, casi tabú en UPyD, es la irrelevancia de esta formación en Cataluña (15.000 votos en las últimas autonómicas) precisamente el escenario donde más está amenazada, hoy por hoy, la unidad nacional que defiende la formación magenta. Por último, parece difícil que se celebre una reunión al más alto nivel para desdeñar sin más el acuerdo, por lo que es posible que los representantes de Ciudadanos, aun sin un SÍ, no se vuelvan a Barcelona con un NO.

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