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Dos problemas que debe resolver ya la nueva presidenta del Parlamento andaluz

El reglamento del Parlamento de Andalucía conduce a una situación tal que cumpliendo uno de sus artículos puede incumplirse claramente otro.

(Sevilla)
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El primero es la normativa que se refiere a la constitución y composición de la Mesa del Parlamento que puede ser, como se ha demostrado, contradictoria en la práctica. El segundo es qué hacer ante el comportamiento de los diputados que desacatan abiertamente la autoridad de la presidencia, como puso ayer de manifiesto un miembro de Adelante Andalucía desobedeciendo a la nueva presidenta Marta Bosquet.

Ayer pudo comprobarse, como ya se comprobó en 2015 sin que nadie haya intentado resolverlo, que el reglamento del Parlamento de Andalucía conduce a una situación tal que cumpliendo estrictamente uno de sus artículos puede incumplirse claramente otro.

El grupo parlamentario Adelante Andalucía quedó fuera de la Mesa del Parlamento como se preveía al no querer llegar a acuerdos con nadie con el más que evidente fin de exhibir su descontento y significarse desde la primera sesión como un grupo dispuesto a todo tipo de escandalera.

Ya en 2015 se produjo la misma situación cuando la realidad de los votos y el sistema de votación conducía a una situación en la que el grupo de Izquierda Unida, que tenía 5 diputados, quedaba fuera de la Mesa. En aquel caso y en un bochornoso pleno, el presidente de edad, Luis Pizarro, ex vicesecretario general del PSOE y exconsejero de la Junta de Andalucía, decidió quitarle el puesto de la Mesa que le correspondía al PP para dárselo sin más a Izquierda Unida.

Aquel comportamiento, que incumplía el reglamento y que fue calificado como "pucherazo", fue desautorizado por un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional que elevó el PP andaluz y que concluyó con la restitución del puesto en la Mesa para los populares. Fue entonces cuando la presidencia del Parlamento consintió en ampliar a 8 el número de los miembros de la Mesa instituyendo un puesto con voz, pero sin voto que ocupó Izquierda Unida.

¿Por qué se produce este problema? Por la colisión de contenido de los artículos 27, que precisa que los miembros de la Mesa son siete –presidencia, tres vicepresidencias y tres secretarías–, y del artículo 36 que obliga a que todos los grupos parlamentarios tengan representación en la Mesa. Dado el sistema de votación y que no obliga a un reparto proporcional puede ocurrir, como ocurrió ayer y en 2015, que un grupo quede fuera de la Mesa.

Es más que probable que la Mesa del Parlamento, dada la premura con la que es exigible una solución, haga lo mismo que en 2015 y habilite un nuevo puesto en la nueva Mesa con voz, pero sin voto, porque no se precisa tal circunstancia en el artículo 36.

Pero será un parche que no resolverá algo tan sencillo como lo es añadir en el Reglamento que la composición de la Mesa será de siete miembros más aquellos que sean necesarios, en su caso y con voz y voto, para dar cumplimiento al artículo 36. O si se quiere, arbitrar un procedimiento de asignación relacionado con la proporcionalidad a los escaños obtenidos.

El resultado de las votaciones de ayer dio como resultado una Mesa que cuenta con 2 miembros del PSOE, 2 del PP, 2 de Ciudadanos y 1 de Vox, debido a los pactos entre partidos. Un reparto proporcional a los escaños obtenidos por cada grupo hubiera dado como resultado una Mesa con 2 miembros del PSOE, 2 del PP y 1 por cada uno de los demás partidos, Ciudadanos, Adelante Andalucía y Vox, que sí habría conciliado lo artículos del reglamento.

Esto es, la nueva presidenta tendrá que proponer una reforma del reglamento para resolver definitivamente estas contradicciones e impedir que la constitución de los nuevos parlamentos y su Mesa en adelante tengan que sufrir anomalías y espectáculos como el de ayer.

El desacato y la desobediencia de los diputados

Ayer se produjo una situación muy tensa cuando un diputado de Adelante Andalucía se negó a obedecer el criterio de la nueva presidenta según el cual cada diputado desde el escaño podía definir su juraba o prometía su cargo con el fin de agilizar tiempo, procedimiento ya utilizado con anterioridad en otras sesiones inaugurales del Parlamento andaluz.

El diputado de Adelante Andalucía incumplió flagrantemente lo dispuesto, se acercó al estrado y, a pesar de las muchas llamadas al orden de la presidenta Bosque, la desobedeció y prometió su cargo según las consignas de su grupo parlamentario, con añadidos ideológicos y panfleteros.

La cuestión radica en que la nueva presidenta, seguramente por bisoñez, no quiso o no se atrevió a aplicar el reglamento del Parlamento andaluz que dice con toda claridad que aquellos diputados que "faltaran a lo establecido para la buena marcha de las deliberaciones" o que "habiéndoles sido retirada la palabra, pretendieran continuar haciendo uso de ella", deben ser obligados a salir del Pleno, esto es, expulsados de la sesión.

Ayer pudo comprobarse cómo este diputado de Adelante Andalucía desobedeció a la nueva presidente e hizo lo que vino en gana sin que Marta Bosquet, recién elegida, se decidiera a aplicar el Reglamento desde el minuto uno de su mandato. Es otro problema que deberá resolver de manera inmediata si no quiere que el pleno del Parlamento andaluz se convierta en un circo en manos de cualquier extremista o la víctima de una estrategia de la tensión.

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