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El discurso que paró un golpe de Estado

Se cumplen tres años de la crucial intervención de Felipe VI ante el separatismo.

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Se cumplen tres años de la crucial intervención de Felipe VI ante el separatismo.
Aniversario del 1-O. | EFE

La última teoría deslizada por Podemos es que Moncloa desconocía el contenido del discurso que pronunció el Rey Felipe VI el 3 de octubre de 2017. La especie cuadra con el despiste generalizado en el que estaba sumido el Gobierno tras un referéndum ilegal que según Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría no se iba a celebrar. Celebrada la consulta, el separatismo se había lanzado a las calles. Una huelga general el 3 de octubre constituía la segunda fase de un golpe que amenazaba con dividir España sin que el Estado pareciera capaz de reaccionar.

Mariano Rajoy no veía con buenos ojos la intervención del Rey, entre otras razones porque afectaba a la imagen de un Gobierno desbordado y desnortado. Pero conoció de primera mano el discurso. Fue citado en Zarzuela el mismo día 3 y el propio monarca le dio a conocer el texto. El presidente del Gobierno asintió y no sugirió ninguna modificación.

La campaña de propaganda de la Generalidad estaba surtiendo efecto en el extranjero en explosiva combinación con la falta de iniciativa del Gobierno. La posibilidad de que algún país reconociera la república catalana que Puigdemont pretendía proclamar en breve fue una de las razones que animó al Rey a dar un paso al frente tras haber permanecido en silencio durante el convulso mes de septiembre.

En Moncloa se entendía que un discurso del Rey en esas circunstancias podía interpretarse como una señal de debilidad del Ejecutivo, pero es que Rajoy aparecía como un presidente noqueado y sin capacidad de respuesta ya antes de que el monarca se decidiera a hablar.

Efecto balsámico

La intervención de Felipe VI tuvo un efecto balsámico. Había un Estado frente al golpe. El separatismo detectó de inmediato la importancia del discurso y los efectos devastadores sobre una operación que hasta ese momento no se había encontrado más obstáculo que la improvisada intervención de las fuerzas policiales durante el referéndum ordenada por un Gobierno impotente.

Las cargas policiales se convirtieron de inmediato en argumento de la poderosa maquinaria propagandística de los partidos independentistas. La medida intervención policial pasó a ser una masacre con miles de heridos en el imaginario que el separatismo proyectaba hacia el exterior. La huelga general del 3 de octubre se había convocado precisamente para protestar por la supuesta brutalidad policial. UGT y Comisiones Obreras formaban parte de la plataforma que había convocado el paro mientras que el PSOE exigía explicaciones al Gobierno a rebufo de la manipulación propagandística. Durante aquella jornada los piquetes separatistas actuaron a su antojo ante una pasividad de los Mossos d'Esquadra similar a la del día del referéndum. El separatismo controlaba la situación. Hasta los ejecutivos de una entidad bancaria salieron a cortar la Diagonal al grito de "els carrers seran sempre nostres". No había oposición.

Venganza separatista a través de Sánchez

Esa misma noche, el discurso del Rey provocó un cambio de tendencia y fue el desencadenante de la manifestación que cinco días más tarde, el 8 de octubre, convocó a un millón de personas en las calles de Barcelona en contra del golpe de Estado. A partir de ese momento, los separatistas entraron en una espiral de desencuentros internos, dudas, miedo e incertidumbre que desembocaron en una declaración de independencia a cargo de un "Parlament" tomado por el separatismo, la fuga de Puigdemont y el encarcelamiento de los consejeros que prefirieron entregarse a la justicia a seguir la deriva cada vez más enloquecida del entonces presidente de la Generalidad.

Aún hoy tiene efectos en el separatismo el discurso del Rey. El mismo Puigdemont, en una entrevista en el digital independentista "El Nacional", asegura hoy que "hay en marcha un golpe de Estado con el Rey delante y rumor de togas". Según el prófugo, Felipe VI tendría que haber sido "neutral" y el discurso fue "un paso de gigante hacia su abdicación".

La tesis de Puigdemont viene a corroborar el hecho de que el Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha emprendido la campaña contra el Rey por mandato de los separatistas y en represalia por una intervención que cambió el curso de los acontecimientos en Cataluña ahora hace tres años.

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