"Gritos, silencio y miedo": el relato del policía que viajaba en el tren siniestrado de Adamuz
Un agente fuera de servicio auxilió a las víctimas de la colisión entre un Iryo y un Alvia en Córdoba que dejó 45 fallecidos.
El grave accidente ferroviario ocurrido en el municipio cordobés de Adamuz ha dejado una huella imborrable en la memoria colectiva del país. El choque entre un tren de alta velocidad de la compañía Iryo, que cubría la ruta Málaga–Madrid, y un convoy Alvia que circulaba correctamente entre Madrid y Huelva ha provocado la muerte de 45 personas y ha dejado centenares de heridos, convirtiéndose en uno de los siniestros más devastadores del ferrocarril español en los últimos años.
Mientras continúan las investigaciones para esclarecer las causas del accidente, la Policía Nacional ha querido poner rostro a algunas de las historias de humanidad y valentía que surgieron en medio del caos. A través de una serie de mensajes publicados en redes sociales, el cuerpo ha relatado lo vivido por Alex, uno de sus agentes, que viajaba como pasajero y que se convirtió en un apoyo clave durante los primeros momentos tras el impacto.
Alex es policía en el distrito centro de Madrid, viajaba en el asiento de la ventanilla del Iryo destino Madrid, cuando el tren se detuvo por un golpe. "Las luces se apagaron. Gritos. Silencio. Y después, miedo", comienza el relato difundido por la Policía. En esos instantes iniciales no había sirenas ni equipos de emergencia en la zona, solo "personas atrapadas" entre hierros retorcidos. Lejos de quedarse paralizado, Alex decidió actuar: "Los que pudieron, decidieron no quedarse quietos, entre ellos...nuestro compañero Alex".
Junto a vecinos de Adamuz y otros pasajeros, ayudó a evacuar a los heridos, rompió cristales con las manos y tendió brazos a quienes no podían moverse por sí mismos. En muchos casos, su apoyo se limitó a algo tan sencillo y tan necesario como ofrecer calma: "Tranquilos, ya estamos aquí".
Cuando uno de los vagones quedó vacío, el escenario volvió a repetirse al descubrir otro tren aún más dañado. Alex continuó auxiliando a quienes podían caminar, acompañando a los que no y manteniendo despiertos a los heridos para evitar que perdieran el conocimiento. "Hablar para que nadie se durmiera del todo", explica la Policía en su testimonio.
No todos lograron sobrevivir, pero, tal y como subraya el cuerpo policial, nadie estuvo solo. Horas después, con la llegada del frío y el impacto emocional de lo vivido, Alex comenzó a asimilar la magnitud de la tragedia.
"Hay días en los que la Policía no patrulla calles. Simplemente está. Donde más falta hace y donde nos lleva el destino", concluye el mensaje, en el que también se reconoce la labor de los ciudadanos de Adamuz, de los propios pasajeros y de todos los servicios de emergencia que participaron en el rescate.
El siniestro continúa bajo investigación, mientras España permanece conmocionada por una tragedia que ha dejado dolor, pero también ejemplos de solidaridad y entrega en los momentos más oscuros.
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