El patrimonio histórico de la provincia de Burgos ha sufrido un duro revés. El Monasterio de Santa María de la Vid, aunque cuenta con distintos estilos arquitectónicos, es una de las joyas del gótico tardío y Bien de Interés Cultural (BIC) que custodia la ribera del Duero desde el siglo XII y ha sido víctima de la fuerza del río. La crecida, que ya venía avisando con cotas históricas en jornadas previas, terminó por desbordarse ayer por la noche, anegando las estancias interiores.
Según ha confirmado el prior del monasterio, Agustín Alcalde, el agua ha llegado a alcanzar una altura de 30 centímetros en la planta baja del inmueble. La inundación no ha discriminado dependencias, afectando tanto a las zonas habitadas por los monjes agustinos como a la iglesia y las áreas destinadas a hostelería y restauración. Afortunadamente, el balance inicial es de alivio en cuanto a la integridad del patrimonio mueble: no se han producido daños de consideración en las piezas de arte, y la venerada imagen de Nuestra Señora de la Vid, una talla del siglo XIII que preside el retablo renacentista, se encuentra a salvo.
Durante el día de hoy, los bomberos han trabajado intensamente en las labores de achique para evacuar el caudal acumulado en el interior. No obstante, la entrada de lodo y agua exigirá un proceso de limpieza profundo y meticuloso. Por este motivo, la dirección del centro ha anunciado que el monumento permanecerá cerrado al público durante varias semanas hasta que se garantice la recuperación total de los espacios.
La situación en el exterior refleja la magnitud del episodio. El nivel del Duero ha sido tan elevado que ha llegado a ocultar los ojos del puente histórico, un punto clave que conecta el municipio con la Nacional 122. Mientras el monasterio sufría el embate del agua, el pueblo de La Vid ha logrado resistir gracias a la movilización de emergencia de sus vecinos y su alcalde, quienes trabajaron a contrarreloj para contener la inundación.
Curiosamente, la historia de este lugar guarda una estrecha relación con el agua. Mientras el monasterio data de la época medieval, el pueblo actual fue levantado en los años 50 para acoger a los habitantes de Linares del Arroyo, localidad que quedó sumergida bajo el embalse homónimo. Hoy, la crecida del río vuelve a poner a prueba la resistencia de un conjunto arquitectónico que, pese a los 30 centímetros de agua, espera recuperar su esplendor en los próximos días.

