
Tras conocerse que Julio Iglesias ha interpuesto una demanda contra Yolanda Díaz por injurias y calumnias, la vicepresidenta segunda del Gobierno ha roto su silencio con un mensaje contundente en defensa de su postura y de los testimonios que originaron la polémica.
La demanda a la que ha tenido acceso Libertad Digital surge a raíz de varias intervenciones de Díaz en redes sociales y en RTVE. En ellas, la ministra calificó de "escalofriantes" los testimonios de dos extrabajadoras de Iglesias, quienes denunciaron situaciones de "esclavitud" y "abusos sexuales".
Aunque la Audiencia Nacional archivó la denuncia de las trabajadoras por falta de competencia territorial (al haber ocurrido los hechos presuntamente en el extranjero), Díaz utilizó el caso para cargar contra el "machismo" y criticar el apoyo público que Isabel Díaz Ayuso brindó al artista.
"Integridad y derechos"
Lejos de retractarse, Yolanda Díaz ha respondido con firmeza a la ofensiva legal liderada por el abogado José Antonio Choclán. La líder de Sumar ha reafirmado su compromiso con las víctimas de precariedad y abusos en el ámbito laboral: "Defiendo a las mujeres trabajadoras ante cualquiera que vulnere su integridad y sus derechos y no voy a dejar de hacerlo. Con denuncias o sin denuncias, las mujeres ya no nos callamos".
Con estas palabras, la ministra subraya que su prioridad es la protección de los derechos humanos y laborales, independientemente del estatus de la persona señalada o de las consecuencias judiciales que sus palabras puedan acarrear.
El escrito de 12 páginas presentado por la defensa del cantante solicita un acto de conciliación previo a una querella criminal. Iglesias exige el reconocimiento expreso del daño producido a su honor, una rectificación pública en los mismos medios y franjas horarias donde se emitieron las críticas y una indemnización económica por los daños causados por las acusaciones de "agresión permanente" y "esclavitud".
Mientras el entorno del cantante defiende su presunción de inocencia tras el archivo judicial, la vicepresidenta parece dispuesta a dar la batalla política y social, convirtiendo este enfrentamiento en un nuevo símbolo de la lucha del "Me Too" en el ámbito de las instituciones españolas.
