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En el país de los ciegos

¿Qué es la literatura catalana? Buena pregunta.

¿Qué es la literatura catalana? Buena pregunta.
Persona leyendo | Pexels

¿Qué es la literatura catalana? Buena pregunta. No sé si desde fuera se nota, pero hay una especie de translúcido (que no del todo invisible) Muro de Berlín entre los escritores catalanes que escriben en catalán y los escritores no menos catalanes que escriben en español. O en castellano, como gusta decir aquí. ¿Son lo mismo, pero no son igual?

Cuando yo estudiaba en el instituto, en Sabadell, tenía una asignatura de literatura catalana y otra de literatura española, y debo decir que la diferencia era abismal. Siempre he sabido que a mí lo que me rescató de incurrir en el independentismo ceñudo e hispanófobo al que por backgroundy generación estaba destinada fue la literatura. Vamos a ver: ¿quién en su sano juicio querría independizarse jamás de Cervantes, Lorca, Miguel Hernández o Cortázar? Sobre todo si en la clase de literatura catalana te podías dormir de pie leyendo a autores que no mencionaré para no ofender, pero que, en confianza, si no te los lees no pasa nada…mientras el temario pasaba temerariamente de largo de Jacint Verdaguer, de Josep Carner, de Josep Pla, de Baltasar Porcel…

Se da la perversa circunstancia de que la gente que mejor ha escrito y escribe en catalán nunca ha sido lo bastante políticamente correcta para los estándares del nacionalismo y/o de la izquierda primero, no digamos del independentismo progrecutre después; de los buenos, sólo la pobre Mercè Rodoreda se salvaba de la quema, por mujery porque echándole ganas la puedes considerar de izquierdas. El resultado de esta criba es que una literatura estimable puede llegar a parecer pobre, meapilas y hasta mezquina. Cuando no lo es.

Durante un tiempo, los escritores catalanes en catalán vivían acomplejados a la sombra del muy superior glamour de sus homólogos que escribían en español, y que es verdad que en algunos casos pudieron llegar a estar hasta sobrevalorados. Que el boom también tenía sus agujeros y sus cosas y no todos eran García Márquez. Pero vamos, que sólo con Jaime Gil de Biedma, Juan Marsé y sí, el recientemente denostado Eduardo Mendoza, el pabellón ya queda alto.

Durante años, insisto, la literatura catalana en catalán parecía por comparación ruralizante, fantasmagórica, trasnochadilla. Nada más faltó que a Jordi Pujol le importara un pimiento. Nunca olvidaré las primeras palabras que en toda mi vida cruzamos, siendo él ya molt honorable y yo una joven periodista que empezaba. Me sentaron a su lado en una comida y él me preguntó si me gustaba leer. Al decirle yo que sí, que me gustaba más que respirar, se interesó por mis autores favoritos. No había soltado tres nombres cuando el presi perdió todo interés: "vaya…literatura", zanjó con una especie de decepcionado asco. Parece ser que si no leías a Vicens Vives no eras nadie. Así nos ha ido y nos va.

Cuando algunos me preguntan, correosos, porque yo acabé, no renunciando al catalán, pero sí eligiendo el español como lengua prioritaria de creación, me cuesta hacerles entender que eso no era ni es ni será ninguna traición a mi lengua madre. Era un irme a vivir con mi lengua padre y una huida de un establishment cultural catalán a mi modo de ver cada vez más mediocre y opresivo. Un cóctel de escudella barrejaday gulag que se ha visto claro estos días, cuando unas irónicas declaraciones de Eduardo Mendoza sobre el Sant Jordi han sacado todos los demonios indepes a pasear. Sin por ello impedir que Mendoza fuese el escritor más vendido este Sant Jordi. Les cabres pelsseuspecats porten elsgenollspelats.

Les decía que la cultura catalana en catalán vivió años huérfana de apoyos políticos y acomplejada por la cultura catalana en español. De un tiempo a esta parte sucede lo contrario. Nadan en subvenciones, en premios que siempre ganan los mismos, se los merezcan o no, y arden en deseos de ¿vengarse? de sus anteriores complejos. En otros tiempos habría sido inimaginable que alguien interrumpiera un concierto de Serrat para pedirle cuentas de no estar cantando en ese preciso momento en catalán (él, que renunció a la Eurovisión por este tema…), que se vandalizaran libros de Juan Marsé o sí, que se intentara demonizar a Eduardo Mendoza por pedir que se separe el Día del Libro de la denominación oficial de Sant Jordi. Que estarás de acuerdo o no, pero vaya excusa más pobre para dar rienda suelta a la envidia, ¿no?

Como en tantos otros asuntos, la cultura catalana o es la de todos, o no será. En estos tiempos que el peligro es que se lee poco, muy poco, no deberíamos desperdiciar ese poco quedándonos tuertos con la esperanza de que el de enfrente se quede ciego. Y que te salga al revés, encima.

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