Marisú Despeñapedros
No lo dirán las encuestas, pero a nadie se le escapa que a Marisú se le está poniendo cara de enterradora.
Llegan las elecciones en Andalucía. La candidata socialista ha reconocido en público y en dos ocasiones que no tiene "criterio ni opinión ni conocimiento". Apetece acompañar tanta sinceridad con el clásico jaque judicial que tanto tiempo y argumentos ahorra: "No hay más preguntas, señoría".
Pero tal confesión de carencias básicas, "ni criterio ni opinión ni conocimiento", fue la única forma que encontró María Jesús Montero de huir apretando los ojos y tapándose los oídos de lo dicho horas antes: que la caída en acto de servicio de dos guardias civiles que perseguían a narcotraficantes, o sea, por culpa de los narcos, era un "accidente laboral". Dice que no lo dijo.
Mis condolencias primero y en primer lugar a las familias de Jerónimo y Germán, todo el país se conmociona ante situaciones de este tipo. Los accidentes laborales tienen que ser una prioridad, por supuesto. Hay trabajadores que fallecen por el simple hecho de ganarse la vida y por tanto todos tenemos que aliarnos contra esa lacra de los accidentes laborales.
Y hasta ella sabe que lo dijo. Pero en el PSOE, la mentira es cartel electoral.
Miguel Ángel Pérez nos trae otra. La misma candidata Montero, ex ministra de Hacienda que adelanta las noticias de El Diario mucho antes de que se publiquen, dice que no mantuvo contacto alguno con el ex presidente de la SEPI, Vicente Fernández Guerrero, desde que dejó de presidir la sociedad de las empresas públicas.
Vicente Fernández Guerrero, ex letrado de la Junta de Andalucía que se libró del caso Aznalcóllar, había llegado a presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, un cargo de incuestionable poder.
Procedía del régimen socialista andaluz, siendo interventor general de la Junta de Andalucía gracias a la entonces consejera de Hacienda, María Jesús Montero. Tras la terrible pérdida del poder regional, en 2018, se lo llevaron a Madrid, a la SEPI. La imputación en 2019 por el presunto amaño del concurso para la explotación de la mina de Aznalcóllar le llevó a dimitir. Ni 15 meses le duró el cargo nacional, y eso que luego fue absuelto.
Tras dejar la SEPI, consiguió autorización de compatibilidad para trabajar en Servinabar, la empresa navarra vinculada a Santos Cerdán, ex número dos del PSOE que ya ha pasado por prisión, y que es investigada por el presunto cobro de comisiones ilegales de varios millones de euros por parte de Acciona.
En diciembre de 2025 fue arrestado en la operación SEPI junto a la cloaquera Leire Díez. Parece que la dimisión de Fernández Guerrero fue más formal que efectiva y lo que se investiga es, entre otras cosas, la gestión de los rescates postpandemia, como los de Air Europa, Plus Ultra o Duro Felguera. Entre unos presuntos delitos y otros la cosa asciende a unos 130 millones de euros en propinas de rescates injustificados e irregularmente documentados.
Pero su exjefa y mentora, su madrina, niega la mayor:
"Yo no tengo ningún contacto con este señor desde que salió. Él estuvo escasamente un año y pico en SEPI. Hace más de 6 años que no está dentro del grupo de personas que habitualmente despacha y, por tanto, no tengo ni idea de qué estaba haciendo este señor. Yo no he tenido ningún contacto ni de WhatsApp, ni de llamadas, ni de reuniones, ni de nada, ni tenemos tampoco un entorno que compartamos. Es decir, que no tenemos amigos de amigos."
Pero resulta que la candidata y "este señor" compartieron habitación de hotelito en el Cabo de Gata, al menos según el testimonio de un ciudadano que los reconoció y quiso dejar constancia en una denuncia a la Guardia Civil, además de explicarlo en una entrevista protegida en Libertad Digital.
María Jesús Montero, candidata socialista a la Junta de Andalucía, miente siempre. Lo hacía con los hermanos Dalton, Chaves y Griñán, con Pedro Sánchez y con quien se ponga por delante. Acumula mentiras para deshacer meteduras de pata, tapar su mala gestión o acosar a sus rivales políticos. Y subida en la mentira vuelve a su tierra prometiendo que se quedará aunque pierda pero sin demostrarlo, porque no suelta el escaño de Madrid. Dice que lo hace para no perder su plaza como médico, pero ahí queda la frase que sirve para todo cuando haga falta justificarse:
"Abandonaré mi escaño (en Madrid) cuando tome posesión de mi escaño en el Parlamento andaluz y sea presidenta de la Junta de Andalucía porque no voy a ser diputada, voy a ser presidenta"
Cuando se presentó como candidata dijo de sí misma y en tercera persona, algo que sólo Anson es capaz de hacer sin perder corrección gramatical, que "probablemente ha sido la mujer con más poder del conjunto de la democracia". Y venía a concluir que una joya así merece el San Telmo completo, no menos.
En la Andalucía que todavía sufre algunas inercias del régimen socialista que gobernó cuatro décadas y tejió una complejísima y espesa tela de araña, como ha explicado tantas veces Pedro de Tena, puede acabar muriendo el sanchismo. Hace dos legislaturas empezó a pudrirse de Despeñaperros para abajo y es posible que suba la gangrena corrupta y llegue hasta el felpudo de los Sánchez-Gómez. Será gracias a esa mujer que se ve tan poderosa.
Votar en Andalucía para botar en España
Una vez más, pero ahora con más posibilidades, Andalucía podría ser el fin. El último día de la industria socialista: aprovechamiento del poder para acceder a negocios particulares y dar salida a vicios personales protegidos por una red de mentiras y medios capaces de ocultarlo o, llegado el caso, negarlo.
Los andaluces decidieron que había que desalojar al socialismo y lo hicieron hace ya dos legislaturas. Primero se consiguió un gobierno de coalición y después una mayoría absoluta del PP. Pero La Moncloa no cambiaba de inquilino. Pues hay que volver a intentarlo y para eso es imprescindible votar. Sin excusas.
Vox, como partido político real, nació en aquellas urnas andaluzas en las que obtuvieron 12 escaños en 2018. Subieron a 14 en 2022, pero no fueron necesarios para gobernar. El domingo también se la juegan. Si Juanma Moreno no alcanzara la mayoría absoluta por uno o dos escaños, que es uno de los escenarios que ofrecen muchas encuestas, el partido de Santiago Abascal estaría obligado a facilitar el gobierno sin exigencias o con muy pocas, apenas simbólicas. Por más que Vox ande buscando caóticamente su verdadera identidad, nadie entendería que impidiera el fin del sanchismo que puede estrenarse este domingo.
Porque no lo dirán las encuestas, pero a nadie se le escapa que a Marisú se le está poniendo cara de enterradora.
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