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Anna Grau

Tributarios frente a mercenarios

No olvidemos que personarse en una causa penal es la mejor manera de atisbar todo lo que se mueve en el sumario.

Europa Press

Llámame malpensada, pero cuando he visto a la Abogacía del Estado personarse en nombre de Hacienda en la causa contra José Luis Rodríguez Zapatero, previa cascada de dimisiones en el Olimpo fiscal, me he tentado el cuerpo y me he preguntado qué va a ser peor, si el remedio o la enfermedad.

La gente no suele dimitir, no digamos de esos jugosos cargos, sin una poderosísima razón. Aquí lo mínimo que se puede maliciar es un nivel grave de desacuerdo entre responsables tributarios y la Abogacía del Estado, mucho más estrechamente controlada por el Gobierno, dada su propia naturaleza.

Se puede pensar en un puro y duro lavado de cara, pero no olvidemos que personarse en una causa penal es la mejor manera de atisbar todo lo que se mueve en el sumario. Es una manera de cargar munición y de preparar la estrategia.

¿Se acuerdan de cuando Juan Lobato, espantado, corrió a registrar ante notario cierto e-mail que le podría haber costado un disgusto como el que ya acarrea el exfiscal general del Estado? Es que los que han trabajado en Hacienda saben lo que vale un peine y lo caras que se pagan las irregularidades. Carísimas.

No creo ser pesimista ni exagerada si digo que Hacienda es lo único que funciona en la Administración de este país. El único eslabón administrativo donde se ganan el sueldo. Cuando te piden hasta la talla del sujetador para empadronarte en un piso del que eres propietaria, o cuando te hacen correr de ventanilla en ventanilla aportando documentos que ellos podrían y deberían obtener con un simple clic (o llamando a los colegas de Hacienda...), todo ello mientras te crujen a impuestos, es inevitable darse cuenta de que ese es el único servicio público en el que de verdad invierten: crujirte a impuestos a cambio de... ya se verá.

Hacienda perdería muchas de sus batallas contra el contribuyente de no tener el poder omnímodo que tiene. Si muchas víctimas no se asustaran y estuvieran dispuestas a llegar a un acuerdo como al que llegó Imanol Arias... mientras, por lo mismo, Ana Duato salía inmaculada, hasta ahora por lo menos. Otro ejemplo: Shakira. La colombiana aguantó el tirón y les ganó.

Para que proliferen los Imanol Arias y las Shakiras sean excepción, a Hacienda le conviene poder pactar hasta con el diablo, y de ahí que la confidencialidad de la información fiscal de cualquiera esté guardada como oro en paño. Quien viola ese paño se la juega. No es exactamente el caso que nos ocupa con Zapatero. Lo que intento es subrayar el rigor técnico y administrativo que inevitablemente impone estar al frente de Hacienda, con buenas o malas intenciones. La Abogacía del Estado, qué quieren que les diga, da la impresión de ser algo mucho más relajaaaado. ¿Se entiende por dónde voy?

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