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Están locos estos americanos… ¿O no?

Si condenan sin más a Lindsay Clancy tendrán razón los que niegan la invisibilidad del problema. Pero si la absuelven sin más, ¿dónde nos deja eso?

Si condenan sin más a Lindsay Clancy tendrán razón los que niegan la invisibilidad del problema. Pero si la absuelven sin más, ¿dónde nos deja eso?
El Tribunal de Plymouth es el encargado de juzgar el caso de Lindsay Clancy. | Tribunal de Plymouth

Leo en la prensa una noticia que así de entrada me parece horripilante: la sociedad norteamericana ha apoquinado más de un millón de dólares (de momento) para apoyar la causa judicial de Lindsay Clancy, asesina confesa de sus tres hijos de cinco años, tres años y ocho meses. Los estranguló. A todos. Los atribulados abuelos de los niños —y padres de la asesina— crearon una plataforma para recolectar dinero para el alud de gastos legales que se les venía encima. Teóricamente la petición era echar una mano a un par de jubilados arrojados de cabeza al infierno, no entrar a valorar los actos de Lindsay Clancy. Pero, fíjate tú, que la sociedad ha reaccionado como ha reaccionado: rascándose el bolsillo mucho más a fondo de lo esperado, y convirtiendo esta colecta en una reivindicación, no exactamente del filicidio, vamos a ver… pero sí de llamar la atención sobre los peligros de incurrir en psicosis y depresión postparto aguda y recibir cero ayuda. A eso atribuyen los fans de Lindsay Clancy lo ocurrido.

Duro de tragar todo junto de una sentada, ¿verdad? Más en una sociedad como la norteamericana, donde teóricamente cada uno va a lo suyo, los impuestos son vistos como una excentricidad y, sobre el papel, nadie espera nada de nadie. ¿A lo mejor es justo de esto de lo que se están hartando? Ojo que las apariencias engañan. Hay superpotencias muy ufanas, pero donde el 40% de las familias no llega a fin de mes. ¿Por qué se creen que Donald Trump ha empezado a devolver recibos de la ONU, la OMS, la FAO? (Aunque estos últimos no se tienen que preocupar mientras el actual ministro Luis Planas siga aspirando a presidir el organismo, y de ahí sus generosas, compulsivas donaciones…con dinero público, ay).

Pero no nos desviemos. La cuestión aquí es que, con tres niños muertos encima de la mesa, la sociedad estadounidense ha decidido que no se puede culpar a la madre asesina confesa y ya está, si ella tenía una enfermedad mental grave y el sistema se desentendió. Es un planteamiento muy al límite de lo audaz y más allá. Pero que quizá da la medida de un cansancio, de un hartazgo, del individualismo extremo abandonado a su suerte. Si hasta los yanquis empiezan a dar muestras de agotamiento y a pedir que el Estado les escuche, les ampare y les sostenga, ¿cómo no se nos va a ocurrir a los de aquí, educados desde pequeñitos para esperar maravillas de lo público?

La depresión postparto no es tema menor porque es solo uno de los síntomas, uno de los indicios, de lo dantesco que es conciliar hoy vida privada, profesional y familiar. Puedo dar fe de que mis últimos residuos de ingenua fe en determinado feminismo murieron allí: el día en que di a luz, y me encontré con que todos los mantras oídos repetir mil veces ya no eran de aplicación. Que ahí empezaba la parte más dura, menos cartografiada, de los mapas de la ¿igualdad?, y que había que recorrer ese camino sin mapas y casi casi sin brújula.

Y ojo que estamos hablando de madres deprimidas, no de hijos deprimidos por tener que cuidar a sus padres mayores y dependientes sin ayuda, sin ninguna empatía seria por parte de la Administración y, peor, sin esperanza de que la situación mejore o acabe ilusionando. Si con la crisis de natalidad morrocotuda que padecemos permitimos que las depresiones postpartos cursen bajo el radar, ¿qué no haremos con los dramas de la dependencia, de la imposibilidad práctica de cuidar a enfermos y mayores?

Iba a decir, ya veremos cómo acaba el tema de Lindsay Clancy, aunque no estoy del todo segura de quererlo saber. Si la condenan sin más, tendrán razón los que niegan la invisibilidad del problema. Pero si la absuelven también sin más, ¿dónde nos deja eso? ¿Qué es peor, la irresponsabilidad del Estado o la individual? Déjenme darle una pensada y seguimos hablando.

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