
Yo creo que ha ido —Aznar a Ceuta— sobre todo a defender su legado. Su ardiente apuesta internacional. Ardiente en el sentido de fogosa y en el de estar que arde, tanto para sus defensores como para sus detractores. Si trascendemos la anécdota para dar el salto a la categoría, con mayor o menor acierto puntual en cada momento puntual —guerra de Irak, 11-M, etc.—, lo único que Aznar pretendió siempre fue relanzar el vínculo transatlántico, situar a España en una situación privilegiada con los Estados Unidos.
"Esto mismo se podía haber hecho con más mano izquierda, sin desafiar ni ofender a tanta gente...", me suspiró en su día todo un Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Tenía razón. Lo que no la tiene es esa tenaz asimetría: si uno tiene una agenda internacional prochavista – madurista – petrista – hamasista puede ir chillando su "verdá" por los pasillos del mundo, ah, pero si uno cree que para huir de determinada basura le conviene llevarse bien con Estados Unidos e Israel, mejor que lo diga bajito y tapándose la boca, para no molestar.
Lo más divertido y lo mejor, que yo llevo años insistiendo en ello: toda la política de España hacia los Estados Unidos lleva más de un siglo siendo teatro, puro teatro, y a menudo los más antiyanquis de boquilla son los que más suplican en privado que en Washington les hagan casito. Otra cosita es si se lo hacen o se lo van a hacer.
¿Fue Aznar ingenuo por ir de frente con su visión, por ser tan inequívoco, tan literal? Durante lustros se han seguido haciendo las cosas de otra manera, con la perenne sensación de que salía gratis, de que no pasaba nada porque en el fondo a los americanos les entraba por una oreja y les salía por la otra... hasta que, recientemente, Donald Trump ha vuelto a poner de moda la literalidad, y ha empezado a tomar nota, al pie de la letra, de todas las contradicciones y todos los insultos made in Spain.
Dicen los expertos y los virtuosos que la política exterior de un país, de nuestro país, debería ser sólida como una roca, con bandazos los justos. Pero las últimas izquierdas gobernantes o regentes han dado todos los bandazos que les ha dado la gana y más. Y no da la impresión, honestamente, de que España haya salido ganando en ningún sentido, en ningún frente. Cada vez pintamos menos y pinta todo peor para nosotros.
¿Se arreglaría eso simplemente con un cambio de Gobierno? ¿Bastaría con la llegada al poder de la derecha, mientras la izquierda al fin cautiva y "desanchada" lame sus heridas y se regenera? No da la impresión de que el actual líder del PP tenga, ni esta prioridad tan clara como la tuvo José María Aznar, ni mucha oportunidad de enderezar ciertas derivas, visto el clima y la inestabilidad política que ya se encuentra, y que se puede llegar a encontrar. ¿Y si alguien más en el PP piensa en frotar la lámpara del genio de los gurús de tiempos pasados? ¿Se imaginan por ejemplo a Aznar de embajador en Estados Unidos?