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Sudando la camiseta (pirata)

¿Con qué cara sales a combatir la piratería si tú mismo la consumes? ¿Qué ejemplo es ese?

¿Con qué cara sales a combatir la piratería si tú mismo la consumes? ¿Qué ejemplo es ese?
RRSS de Reyes Maroto

Nuestro querido gobierno, siempre atento a prestarnos el mejor asesoramiento financiero (dame tu dinerito, ya te lo guardo yo, así no te lo gastas en vino…ni en pisos, jua, jua, jua), ha intensificado durante el Mundial la persecución de las falsificaciones de camisetas oficiales de la Selección. Bien, bien, aunque a veces nos toque la fibra.

A mi propia hija, cuando era adolescente, le tuve un día que explicar que los "africanos" —así les llamaba ella, juro que cariñosamente— que vendían camisetas pirata en la calle eran más dignos de compasión que de admiración. "Piensa en el tendero que paga un alquiler y unos impuestos y no llega a fin de mes porque la gente, en lugar de comprarle a él la camiseta auténtica por 100 euros, se la compra a estos por 15". La justicia social no siempre es tan evidente como parece.

Otro día si quieren hablamos de que no hay mayor regalo para los piratas que el sobrecoste absurdo de los productos que piratean. Esto es más evidente en el mercado del lujo. Absolutamente ningún factor objetivo justifica que determinados bolsos o relojes de alta gama cuesten la barbaridad que cuestan. Más por la marca que por la calidad intrínseca de sus componentes. Claro, siendo así el pirata lo tiene muy fácil: puede hacer una copia no cutre sino exacta, una réplica perfecta, y cobrar por ella diez, veinte, cien veces menos…sin perder dinero. El capitalismo tampoco es siempre tan evidente como parece.

El caso es que, ciertamente, a los gobernantes les entra en el sueldo (que sale de los impuestos) combatir todo tipo de piratería industrial. Bravo porque la policía y hasta Hacienda estén intensificando estas semanas los controles para proteger el negocio legítimo de vender camisetas oficiales de la Selección. Claro, pero si luego políticos con mando en plaza y hasta del mismo partido del gobierno como Reyes Maroto, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, aparecen en un acto con una camiseta que los internautas de ojo fino y colmillo incisivo aseguran haber detectado que es falsa… en fin.

Yo no voy a pretender que mis conocimientos de la simbología futbolística dan para tanto. Pero lo que he visto en redes parece convincente. Sobre todo para mí, que he visto de todo. Para que se vea que una no es sectaria: corría el año 2000 o 2001, sinceramente no me acuerdo, cuando me tocó viajar a China para cubrir como periodista la participación de España en una importante feria comercial. Al frente de la delegación española viajaba Rodrigo Rato, entonces vicepresidente segundo y ministro de Economía.

En Shanghai los periodistas nos vimos succionados por un ingente mercado de copias de todo lo imaginable. Recuerdo a colegas comprándose maletas para meter todo lo que afanaban, digo, compraban, a precios ridículos. Rodrigo Rato no dudó en mercarse cinco relojes. Cinco pelucos de feroz imitación. Nunca supe si la idea era mandar un guiño a la escuadra pirata china, una especie de no nos vamos a hacer daño o si simplemente le pudieron los bajos instintos. Y la hipocresía.

¿Con qué cara sales a combatir la piratería si tú mismo la consumes? ¿Qué ejemplo es ese? ¿Por qué ellos pueden hacer trampas y tú no? Esto que les digo puede parecer poca cosa, vista la que está cayendo. Pero el diablo no da puntada sin hilo. Nada es porque sí ni es en vano.

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