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Pablo Planas

¿Y las explicaciones de Zapatero, para cuándo?

A tenor de lo conocido sobre las actividades del referente moral del socialismo, las joyas son la punta del iceberg de un botín extraordinario.

José Luis Rodríguez Zapatero llega a la Audiencia Nacional en Madrid, el miércoles 17 de junio de 2026. | Cordon Press

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, prometió máxima transparencia y todas las explicaciones posibles sobre sus negocios y patrimonio, pero avanza el verano y lo único que se sabe a ciencia cierta es que el hombre que cuenta nubes también cuenta billetes y pedruscos preciosos del tamaño de un puño.

Hacienda, por rellenar el expediente y con unas ganas perfectamente descriptibles, le ha abierto una investigación que nuestro personaje ha tildado de "caprichosa". Por su mala cabeza han acabado imputadas sus hijas, su secretaria y hasta el apuntador. Y en el colmo de la desfachatez se sirve de un portavoz que tiene toda la pinta de haber pasado la noche en blanco día tras día, incapaz de gestionar la frustración y de contener la ira. El menda responde al nombre de Luis Arroyo y es presidente del Ateneo de Madrid.

A tenor de lo conocido hasta el momento sobre las actividades del referente moral del socialismo, las joyas, tasadas en una morterada de millones de euros, son la punta del iceberg de un botín extraordinario. Y es que, mientras negociaba con el golpista Puigdemont en Suiza el futuro de España, asesoraba a empresas de aquí y de allá, chinas, venezolanas, españolas. Todo oral, sin rastro escrito. Con esa gracia que caracteriza al autor de la frase "ser socialista normalmente es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho".

Que alguien como Rodríguez Zapatero haya sido presidente del Gobierno explica perfectamente que en Moncloa habite ahora mismo otro gran talento del socialismo como Pedro Sánchez. Ni mejor, ni peor. Cada desgracia es distinta.

El caso es que más de media España espera con gran expectación datos y detalles sobre las joyas, que primero fueron herencia de una tía de Sonsoles. Luego dijeron que eran regalos de Arabia Saudí y ya después fue cuando Zapatero pidió un plazo al juez para documentar su origen. Dicho plazo ha expirado sobradamente.

Es fama que el hombre está desolado, que ha bajado las persianas y permanece en silencio incapaz de asimilar cómo se atreven a dudar de la "legitimidad" de su patrimonio. Mirada perdida, labio caído, cejas descuidadas y una agenda tan en suspenso como el empleo de Gertrudis, su fiel secretaria. Tremendo drama. Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho...

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