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El niño de la estelada

Y es que llevar una bandera de España es politizar el deporte mientras que ondear banderas separatistas es un sano ejercicio de libertad de expresión.

Y es que llevar una bandera de España es politizar el deporte mientras que ondear banderas separatistas es un sano ejercicio de libertad de expresión.
Europa Press

El independentismo tiene un nuevo héroe, el joven de 17 años detenido el pasado domingo por la Policía Nacional en Elche tras revolverse puño en alto contra los agentes. Ese gesto, el de intentar responder al porrazo de un policía provoca escalofríos de placer en el independentismo más cafre y frustrado, entre los independentistas más cobardes. He ahí un noi que ignora el miedo y desafía a la policía como no supieron, quisieron o pudieron hacer los extras del separatismo que participaron en la performance del 1-O (llamar a eso referéndum es un insulto a la inteligencia). En 2017, el chico detenido en Elche tenía nueve años. Quién sabe si ha crecido envenenado por un entorno independentista o simplemente es un muchacho al que le pareció buena idea levantarle la mano a un policía.

Para los medios independentistas, el niño es una víctima, un mártir y un héroe, todo a la vez y sin que el orden de los factores altere el producto. Es más, se han encontrado unas imágenes previas a la detención en las que el crío se dirige al estadio ilicitano acompañado por los amiguetes y van cantando Els Segadors, los segadores, el himno regional de Cataluña con ínfulas de canto guerrero que anima a enfrentarse al enemigo a base de golpes de hoz. Es decir, un despropósito de letra que incita a la violencia y que si en vez del himno autonómico catalán fuera el de Andalucía habría sido prohibido por inapropiado. Pero resulta que en Cataluña se enseña a los niños a cantar esa mamarrachada en las escuelas y a ponerse en pie cuando suena el primer compás. Sí, así es. Ni que decir tiene que si un grupo de muchachos fuera tarareando la música de la Marcha Real por las calles de cualquier ciudad catalana enseguida serían tachados de fascistas. Y eso que el lololó resulta bastante menos agresivo que ir dando voces sobre blandir en son de guerra una herramienta agrícola.

La cuestión es que nuestro personaje ya ha sido convenientemente instrumentalizado por el independentismo. Carles Puigdemont y Oriol Junqueras han puesto el grito en el cielo, la Generalidad de Illa ha condenado la actuación policial y el Barça se niega a homenajear a los campeones del mundo en protesta por los porrazos de Elche, como si la Selección nacional del fútbol fuera una parte más de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Ese Laporta que paseó su oronda figura por los Estados Unidos todo pagado por la Real Federación se ha puesto en plan chulo mientras las fuerzas vivas del independentismo anuncian el reparto de miles de esteladas para el próximo partido en el campo del Barça, este jueves. Y es que llevar una bandera de España es politizar el deporte mientras que ondear banderas separatistas es un sano ejercicio de libertad de expresión, como abuchear el himno de España o silbar al jefe del Estado. El típico doble rasero separatista.

En cuanto al niño, su cara ya circula por las redes a pesar de que se trata de un menor. Se le celebra cual titán de la causa independentista. Flaco favor le están haciendo al muchacho, que en lugar de percibir el enorme valor pedagógico de un par de tortazos dados en el momento exacto va a ser elevado a los altares del separatismo. No se descarta que se le homenajee en el estadio culé y que la señora Orriols le distinga con la medalla de la ciudad. El niño de la estelada ya es un símbolo de Cataluña, igual que los amiguitos, menores y mayores que le acompañaban y que en vez de protestar por la detención decidieron que era mejor no meterse en líos y acceder al estadio en paz. Qué gran imagen de solidaridad y compañerismo, pero al revés.

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