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Buscaba un refugio climático y acabó en urgencias

Pues bien, la última tontuna que se le ha ocurrido al Gobierno se llama "refugio climático". Una idea de casquero. Un peligro.

Pues bien, la última tontuna que se le ha ocurrido al Gobierno se llama "refugio climático". Una idea de casquero. Un peligro.
Un hombre golpeado por el sol y el calor. | Alamy

Usted seguro que ha escuchado a Federico Jiménez Losantos contar ese fenómeno que se repite en los meses de verano en El Corte Inglés del paseo de la Independencia de Zaragoza. Lo recuerda todos los años varias veces porque don Federico es de los que repiten las cosas para que se queden. Que hay mucho despistado. Resulta que cuando aprieta Lorenzo —y en la capital maña lo hace con muy mala idea, doy fe porque hice la mili en Monzalbarba—, los agobiados viandantes que se encuentran en las cercanías del establecimiento comercial se plantan en la puerta y poniendo los brazos en cruz, refrescan el cogote y ventilan los sobaquillos.

Pues bien, la última tontuna que se le ha ocurrido al Gobierno se llama "refugio climático". Una idea de casquero. Un peligro. Vean lo que le sucedió a nuestro protagonista. Se llama Basilio y va de cabeza a la crisis de los cincuenta. De naturaleza atolondrada, es votante de izquierdas, por lo que está a la última de las iniciativas gubernamentales que procuran el bienestar de los ciudadanos.

Basi —que es como le llaman sus conocidos— caminaba confiado sin despegar los ojos del móvil por el paseo de Sagasta de Zaragoza. En estas estamos cuando el Lorenzo —un extremista y negacionista de todo— que permanecía al acecho, oculto tras una nube, se hace sentir. Estira el pescuezo y mira a nuestro confiado viandante. Van a dar las tres de la tarde y la temperatura es una barbaridad. A Basi, que viene de hacer unos recados, se le empieza a nublar la cabeza.

Unos días antes Basi había oído al presidente del Gobierno presentar la red de refugios climáticos y busca en su móvil el más cercano. En esta operación pierde un tiempo precioso. La web es una castaña, no tiene geolocalización. En un menú desplegable, marca la casilla de Aragón; en otro, la de Zaragoza. Hay 78 refugios. Escribe "Sagasta", sin resultados. Con el dedo sudoroso desplaza el listado alfabético. La aplicación hace un raro y vuelta a empezar. Está muy nervioso. Llega a la letra 's': Sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro, le suena haberla visto. Tiene suerte. Está cerca, en el número 24 del paseo de Sagasta. Mareado, acelera el paso. Van a dar las tres. Las puertas de cristal protegidas por barrotes están cerradas. Un cartel informa del horario: lunes a viernes de 08:00 a 15:00; sábados y domingos, cerrado. Golpea los cristales, nadie responde. Basilio se desmayó a las puertas del refugio climático con horario de verano. Le llevaron a urgencias.

Los turistas que paseen por la plaza del Pilar en caso de emergencia climática pueden acudir a la Oficina de Extranjería de la Subdelegación del Gobierno, pero ya les avisan de que tendrán un control de acceso por seguridad y de que a las dos de la tarde deben salir pitando del refugio. Por ahora esta ocurrencia nos sale gratis, pero verán lo que tarda algún subdirector o asesor ministerial en desarrollarla para hacer méritos. Parece que se está trabajando en un "bono climático". Me dicen que ya hay algún borrador.

Este bono climático daría derecho a una consumición –botella de agua o refresco sin gas– en cualquier establecimiento asociado durante los meses de verano. Cada ciudadano dispondría de 31 al mes. Una cartilla de racionamiento digital. Podrá consumir la botellita siempre y cuando no se encuentre a menos de 200 metros de un refugio climático que esté abierto. El Ministerio para la Transición y el Reto habilitaría una aplicación de fácil uso para las empresas. Obligatorio: número de cartilla, código del establecimiento, hora de la consumición. ¿Hay refugio a menos de 200 metros? Indicar sí o no. En caso de respuesta afirmativa, precisar el motivo por el que no se acude. El establecimiento no podrá negarse a proporcionar la bebida en ningún caso. Los fondos para el bono climático se detraerían del "cultural". Las empresas asociadas recibirían el importe de la consumición y obtendrían beneficios fiscales.

La idea estaría cuajando entre los responsables climáticos porque, además de las limitaciones observadas en los refugios, les han informado de conversaciones interceptadas a unos activistas locuelos de esos que se pegan las manos a un cuadro o la oreja a una puerta y podrían estar tramando algo. En Madrid, el Archivo Histórico Nacional y el Museo Arqueológico son refugios climáticos. Solo faltaría que les den facilidades para que peguen el hocico a un mamut extinguido. Chafarían la propaganda gubernamental.

Si el proyecto avanza y me entero de algo, les mantendré informados. Como es público y notorio, los jubilados no tenemos derecho a vacaciones. El jefe de Opinión de Libertad Digital lo sabe, así que a escribir en agosto.

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