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Fernando Rodríguez Espínola, Miguel Zunzunegui y Antonio de Vicente Comesaña

A la una menos cuarto del mediodía del 12 de noviembre de 1979 la banda terrorista ETA asesinaba al guarda forestal FERNANDO RODRÍGUEZ ESPÍNOLA, que fue tiroteado cuando se encontraba en el interior de un bar de la localidad guipuzcoana de Oyarzun (Guipúzcoa). Además de guarda forestal de Icona, Fernando colaboraba como corresponsal en El Diario Vasco y, posteriormente,  en La Voz de España.

Dos individuos se situaron en el umbral de la puerta del local, que en esos momentos estaba muy concurrido, y sin mediar palabra le apuntaron a la cabeza y dispararon contra él a muy poca distancia. Fernando fue alcanzado por un disparo en la cabeza y varios más en otras partes del cuerpo, falleciendo prácticamente en el acto. La Guardia Civil recogió posteriormente siete casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN.

A continuación, los dos pistoleros de la banda se montaron en un vehículo aparcado frente al bar, en el que esperaban otros dos terroristas, y emprendieron la huida. El vehículo utilizado, un Seat 124 de color blanco, fue encontrado a las dos de la tarde junto a la estación de ferrocarril de Rentería. Su dueño, un viajante de comercio, había sido asaltado hacia las once y media de la mañana en la explanada colindante con el hipermercado Mamut, próximo a Oyarzun. Tras robarle el vehículo, lo llevaron a un bosque cercano, donde fue atado con cadenas a un árbol.

Según vecinos del pueblo, Fernando era conocido por ser ideológicamente de derechas. La banda terrorista ETA militar justificó su asesinato acusándole de ser confidente de la Guardia Civil. Lo mismo hicieron con su amigo, el taxista Ignacio Arocena Arbeláiz, que sería asesinado poco después, el 15 de febrero de 1980. Al parecer, Fernando había recibido amenazas por ser de derechas, aunque no hizo caso a las mismas y siguió haciendo su vida con normalidad.

La misma noche del asesinato de Fernando, la otra rama de la banda, ETA político-militar, reivindicó el secuestro del diputado de Unión de Centro Democrático (UCD) Javier Rupérez.

Fernando Rodríguez Espínola tenía 53 años y estaba soltero. Era natural de Constantina (Sevilla), donde fueron enterrados sus restos mortales. Llevaba veinticuatro años trabajando como guarda forestal, los últimos quince en la zona de Oyarzun. Un año antes, el 2 de octubre de 1978, ETA había asesinado en Lizarza (Guipúzcoa) al también guarda forestal Ramiro Quintero Ávila. Cuando se cumplieron treinta años del asesinato de Fernando, el Ayuntamiento de Constantina puso su nombre a una calle de la localidad. El acto, que tuvo lugar el 30 de julio de 2009, contó con la presencia de una hermana y dos sobrinas de Fernando, que recibieron un pergamino conmemorativo de manos del alcalde socialista, Mario Martínez. El acuerdo fue votado por toda la corporación municipal que quiso hacer un reconocimiento "a los valores de libertad y democracia por los que fue asesinado" Fernando Rodríguez.

Un año después, a las 20:00 horas del 12 de noviembre de 1980, la banda terrorista ETA asesinaba en Ataun (Guipúzcoa) a MIGUEL ZUNZUNEGUI ARRATIBEL, camionero de profesión. Una de sus hermanas fue testigo del asesinato. Miguel acababa de regresar de un viaje con su camión y se encontraba en el garaje del caserío familiar, en el barrio de San Gregorio de Ataun, cuando dos individuos encapuchados lo tirotearon a corta distancia, recibiendo un impacto de bala mortal en la cabeza y otros dos en la clavícula.

Según contó su hermana, Miguel tuvo tiempo de interpelar en euskera a los dos etarras, a los que preguntó "¿qué os he hecho yo?" (Diario de Navarra, 14/11/1980). La propia hermana, pese a tener 70 años, intentó arrebatar el arma a uno de ellos, que se la puso en el pecho y le dijo en euskera que no se moviese, mientras el segundo terrorista disparaba sobre la víctima a bocajarro. Los pistoleros de la banda huyeron a pie del lugar de los hechos, donde se recogieron tres casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF. En el momento del asesinato de Miguel no había prácticamente nadie en la zona, por estar retransmitiéndose por televisión el partido de fútbol España-Polonia.

La banda terrorista ETA reivindicó el asesinato mediante llamada a la redacción del diario Egin en Pamplona. El Partido Socialista de Euskadi (PSE) fue el único que hizo una condena pública por el asesinato de Miguel Zunzunegui. La capilla ardiente se instaló en el propio caserío familiar y los funerales por su alma se celebraron el día 14 en la parroquia de San Gregorio de Ataun con la asistencia de numerosos vecinos.

Miguel Zunzunegui Arratibel tenía 56 años y estaba soltero. Era camionero, sin militancia política conocida –aunque vecinos y conocidos de la víctima señalaron que sus ideas eran próximas a la derecha– y, según su familia, no había recibido amenazas de ETA. Sin embargo, pocos días antes, el 3 de octubre, su coche apareció con dos impactos de bala en una aleta y alguien efectuó dos disparos contra los cristales del caserío Martín Zaharrene donde vivía con sus tres hermanas solteras (una cuarta estaba casada). Al parecer, Miguel no recibió ninguna confirmación sobre quiénes habían sido los autores de estos ataques y los interpretó como un acto de gamberrismo o una broma de mal gusto, por lo que no dio parte a la Guardia Civil. Los vecinos, sin embargo, pensaron que el incidente podría haber estado relacionado con algún tipo de contrabando, pues Miguel era conocido por haberse dedicado al estraperlo durante la época del hambre en los años cuarenta.

A las diez menos cuarto de la noche del 12 de noviembre de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en Bermeo (Vizcaya) al teniente de Navío ANTONIO DE VICENTE COMESAÑA, que trabajaba como ayudante de la Comandancia de Marina de la localidad vizcaína. Antonio se encontraba en una plaza de Bermeo, junto a la estafeta de Correos y cerca de la sede de la Ayudantía de Marina. Era sábado y la plaza se encontraba muy concurrida. El militar iba de paisano de regreso a su domicilio cuando dos individuos le dispararon por la espalda a corta distancia. Antonio se desplomó en el suelo con heridas en el cráneo y el maxilar y falleció durante su traslado en una ambulancia de la Cruz Roja al Hospital de Cruces de Baracaldo. En el lugar de los hechos se recogieron dos casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum.

Inmediatamente se presentaron en el hospital el gobernador civil de Vizcaya, Julián Sancristóbal, el gobernador militar, Francisco Arnáez Torre, y el comandante jefe de Marina de la provincia, Enrique Segura, junto a varios oficiales.

El alcalde de la localidad, Ramón Bilbao, condenó esa misma noche el atentado y convocó un pleno extraordinario del Ayuntamiento, que se reunió de forma urgente para tratar sobre el atentado. Al mismo asistieron los representantes de los cuatro grupos con representación en el Ayuntamiento: PNV, HB, Bermeoko Aberkideak y EE. Con la suma de todos, y la abstención de los cuatro ediles de Herri Batasuna, el Ayuntamiento convocó una manifestación de protesta y emitió un comunicado de condena contra "los redentores del pueblo". HB, por su parte, leyó una nota en la que encuadraba el atentado en la situación política e histórica que se vivía en el País Vasco.

El concejal de EE, Joseba Pagazaurtundua Arruabarrena dijo que De Vicente Comesaña era muy apreciado en la localidad vizcaína pese al poco tiempo que llevaba ahí, porque su trabajo había sido siempre en beneficio del pueblo. El día 13 se celebró en la Iglesia de San Vicente de Bilbao el funeral por el alma de Antonio de Vicente, al que asistió, entre otros, el ministro de Defensa, Narcís Serra. Entre las coronas había dos de la Cofradía de pescadores de Bermeo.

A última hora del día 14 cerca de dos mil personas se manifestaron en silencio y sin pancartas por las calles de Bermeo. Encabezaban la marcha el alcalde y el presiente de la Cofradía. Frente a la Ayudantía de Marina se guardó un minuto de silencio y la flota de bajura estuvo toda la noche amarrada, respondiendo a la convocatoria hecha por la propia Cofradía.

ETA reivindicó el asesinato de Antonio de Vicente mediante un comunicado enviado a los medios de comunicación vascos el 18 de noviembre. Por este atentado sólo ha sido condenado, como autor por cooperación necesaria, el policía municipal de Bermeo y colaborador de ETA Fernando Uriarte Elorduy, al que la Audiencia Nacional sentenció en 1987 a 27 años de reclusión mayor por dejar su piso a los autores materiales del asesinato, además de proporcionarles información sobre la víctima.

Según se recoge en la sentencia de la Audiencia Nacional, los etarras Alfonso Echegaray Achirica, Juan Cruz Maiza Artola y José Gabriel Urízar Murgoitio abordaron al teniente de Navío en Bermeo y le dispararon varios tiros en la cabeza causándole la muerte en el acto. La sentencia considera probado que entre 1982 y 1985 Uriarte Elorduy prestó apoyo a todos los miembros de ETA que le eran enviados y que, en octubre de 1983 hizo lo propio con los autores materiales del asesinato de De Vicente Comesaña. Los terroristas se interesaron por el militar de mayor graduación que residiera en Bermeo y el acusado, aunque no sabía su nombre, les facilitó su descripción física y les dijo que era un teniente de Navío que vivía en la Ayudantía de Marina y solía frecuentar el Ayuntamiento. Durante quince días permanecieron en el domicilio del policía municipal haciéndole partícipe de cuáles eran sus planes y sometieron a vigilancia al militar. Tras cometer el atentado, volvieron al domicilio de Uriarte Elorduy, al que comunicaron que acababan de asesinar a Antonio de Vicente. Por ese motivo el tribunal calificó su conducta como de autor del atentado, y no como mero colaborador.

Alfonso Echegaray Achirica huyó a Francia, desde donde fue deportado, primero a Ecuador (en julio de 1985) y, posteriormente, a Santo Tomé y Príncipe. Echegaray Achirica estuvo directamente relacionado con la liberación por los GEO del directivo del Athletic de Bilbao, Juan Pedro Guzmán, al revelar desde Ecuador dónde estaba el zulo en el que lo tenían secuestrado. Sobre cómo se produjo el interrogatorio, las versiones difieren, pues mientras las Fuerzas de Seguridad afirmaron que el etarra facilitó la información sin que fuese sometido a tortura, Echegaray envió una carta a la revista Punto y Hora de Euskalherría, publicada en el número correspondiente al 26 de marzo de 1987, en la que pedía perdón a ETA por haber desvelado el lugar donde se encontraba secuestrado Guzmán. En la misma contaba que, en la noche del 8 al 9 de enero de 1986, fue torturado en Ecuador por enviados de la Policía española y que, tras sufrir descargas eléctricas, no tuvo más remedio que revelar la situación del zulo. Ese mismo año, en agosto, el etarra abandonó a petición propia Ecuador, instalándose en Santo Tomé y Príncipe, aunque durante varios días hubo especulaciones en el entorno proetarra de que había desaparecido a manos de las Fuerzas de Seguridad. En junio de 1991 solicitó la nacionalidad de Santo Tomé. El etarra es presunto autor de nueve asesinatos –entre ellos la emboscada de Ispáster, en la que fueron asesinados seis guardias civiles, y el del ingeniero José María Ryan–. En marzo de 2011 figuraba, junto a otros treinta y tres etarras, en la lista negra de terroristas que elabora y actualiza el Departamento de Estado de los EEUU.

Juan Cruz Maiza Artola, alias Pintxo, Patxi y Gurutz, es otro más de los innumerables ejemplos de etarras que, tras huir de España y pasar a Francia, ha residido durante un tiempo en la retaguardia de la banda en Centroamérica para después reincorporarse a la dirección de la banda. Con un largo historial de asesinatos a sus espaldas –al parecer también participó con Echegaray Achirica en el secuestro y asesinato de José María Ryan– cometidos en Vizcaya y Navarra en la década de los ochenta, fue detenido en Francia en julio de 2007, considerado el responsable de los zulos de la banda. La detención fue posible gracias a los datos suministrados por la Comisaría General de Información española. En marzo de 1986, cuando se difundió la noticia de que podía estar encuadrado en el grupo Nafarroa de ETA, el Ayuntamiento de Etxarri Aranaz adoptó el acuerdo de declararle "persona respetable y de intachable comportamiento". En junio de 2009 Francia autorizó su extradición a España para ser juzgado por cinco asesinatos a comienzos de los años 1980 en Vizcaya, entre ellos el del teniente de Navío Antonio de Vicente Comesaña.

Antonio de Vicente Comesaña tenía 52 años y era natural de Pontevedra. Estaba casado y tenía seis hijos, de los que dos estudiaban en Madrid y los otros cuatro estaban en El Ferrol con su esposa, pues Antonio llevaba sólo cuatro meses en Bermeo. A su entierro en El Ferrol asistieron unas tres mil personas.

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