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"Se ha hecho un esfuerzo descomunal, nunca se le ha pedido tanto a un país"

El año que entra será "muy duro", dice Rajoy. Por eso, pide a los españoles más "solidaridad". Promete "no desviarse" en la defensa de la unidad.

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No son pocos los miembros del Gobierno que citan a Wiston Churchill para explicar lo vivido en estos 365 días de tensión; un 2012 que se ha venido a denominar el año "más difícil" de la crisis. "Sangre, sudor y lágrimas" que no cesarán en 2013; de hecho, Mariano Rajoy espera un arranque marcado por una segunda recesión en el conjunto de la Unión Europea: "No hay que engañarse ni intentar engañar. Tenemos un año por delante muy duro". Pero, erigido presidente del tesón, pidió a los españoles que sigan aguantando y sean "solidarios" porque en 2014 España verá, promete, la luz al final del túnel. Y solemniza: "Ya se ha corregido el rumbo".

El jefe del Gobierno hizo un balance más humano que técnico o de anuncios. "Comprendo el escepticismo, la desesperanza y hasta la decepción", fueron sus palabras a los ciudadanos, que votaron de forma muy mayoritaria un programa electoral hoy devorado por las llamas de la realidad. También le dio un aire de institucionalidad inusual en el fondo, y en las formas -compareció en la sala tapices de la Moncloa, reservada para los grandes acontecimientos-, y no esperó al turno de preguntas para mantener su mano tendida a Artur Mas, pero recordándole cuáles son las responsabilidades "como presidente constitucional".

Tras él, la bandera española y la europea. Y en sus folios, la advertencia más dura realizada hasta la fecha, pues no la hacía en un mitin bajo las siglas del PP, sino en la sede de la presidencia y en su exposición inicial. "Diálogo y consenso", como base, pero "siempre en el marco que delimita la Constitución", y que permite hasta tomar el control de una comunidad que vaya contra los intereses nacionales.

Elevar sables es la última opción, y así lo repitió Rajoy hasta la saciedad. Pero "como presidente constitucional de este gran país, que es el nuestro, conozco las responsabilidades que he asumido y las lealtades a las que me debo". Y aún añadió: "No me desviaré de ninguna de ellas", lo que supone respetar y hacer respetar "las reglas" que marca el texto de 1978.

A partir de ahí, y a pesar de las incesantes amenazas provenientes de la Generalidad, se definió dispuesto a hacer todo lo que esté en sus manos "para reconducir las cosas". Entre ellas, mantener un nuevo despacho con el líder catalán, aunque la última vez le obsequiara con un o lo tomas o lo dejas. "Le recibiré con mucho gusto", dijo, emplazando a poner fecha al que será uno de los encuentros más esperados del próximo curso político. "Yo nunca he roto los puntos de encuentro y, si hay problemas, haré cuanto esté en mis manos para que podamos encontrarnos. No le quepa usted la más mínima duda", fue su declaración de intenciones.

El pesimismo sobre el devenir en Cataluña es palpable en el gabinete, pero también la idea de que Rajoy "no caerá en las provocaciones", en voz de un ministro. Él mismo, en conversación informal, invocó a su cargo de presidente para evitar el tono de tensión, y no se desdecirá de sus palabras hasta las últimas consecuencias, que espera no lleguen nunca. Al fin y a la postre, lo que reclama es "lealtad recíproca" frente a una crisis que denomina "centrífuga".

"Elogio a los españoles"

Apartado el capítulo catalán, Rajoy se dirigió a los españoles. Sin intermediarios. "No voy a pedir paciencia, han tenido mucha. Tampoco confianza ciega, los políticos nos debemos al escrutinio diario", pero sí llamó a la "comprensión y solidaridad" a favor del "sacrificio común". Y un reconocimiento: "Se ha hecho un esfuerzo descomunal, nunca se le ha pedido tanto a un país".

Así se presentó, de hecho, hace ahora un año; reclamando esa "solidaridad" nacional para salir de la crisis. Y sigue envuelto en la misma bandera, tras un año de ajustes y reformas. Por eso, quiso hacer un "elogio" encendido: "A la sociedad española, que mayoritariamente se enfrenta y acepta los sacrificios", afirmó, no sin destacar su "espíritu de cohesión" a pesar de los vientos secesionistas. Hubo dos menciones especiales: a los funcionarios, sin paga extra de navidad, y a los pensionistas, cuya pensión no se ha visto revalorizada conforme al IPC.

¿Seis millones de parados? No contesta

A todos, aseguró que de no tomar las medidas adoptadas España estaría hoy "muchísimo peor". Éste fue uno de sus mensajes más machacados, utilizando como percha la desviación del déficit público heredada -de más de 30.000 millones de euros- y el contexto de brutal recesión. No adelantó si teme una cifra de parados de seis millones ni si el país cerrará en el 6,3% de déficit -cosa que en privado se descarta, elevándolo al 7%-. En todo caso, según Rajoy, "hemos hecho un esfuerzo descomunal".

"¿Qué hubiera ocurrido si el Gobierno no hubiera tomado decisiones? Tendría un déficit superior al 11% del PIB. La situación sería inmensamente peor, hasta el punto de ser insostenible", argumentó. E hiló con la necesidad de tomarse "en serio" esa reducción, respondiendo a las comunidades que piden una flexibilización: "A fecha de hoy, no tenemos intención".

El presidente tampoco dio detalles sobre cuál será el camino a partir de enero. Sólo dijo que la letra será la misma, y también las prioridades: cumplir con el memorándum acordado con Bruselas e implantar las reformas -citó con ahínco la laboral y la financiera, olvidándose de la de la administración-. Y, en línea, sacó pecho porque la UE ya ha adelantado que no pedirá esfuerzos adicionales a España el año que viene al considerar que está haciendo sus deberes.

Además, incidió en que si por el bien de los españoles tiene que modificar su "conducta" otra vez, lo hará. Con otras palabras, vino a rememorar su ya célebre frase "haré cualquier cosa aunque no me guste y aunque haya dicho que no lo haría" si es en beneficio de todos. "Lo quiero decir una vez más. Creo en España y en su futuro".

Sin nuevas noticias sobre el 'rescate'

No fue una rueda de prensa cualquiera; preparada hasta el último detalle, durante varios días con sus asesores y ministros clave. Rajoy no resultó optimista en demasía, pero dijo que hay datos que son halagüeños, como la balanza comercial. Mostró una confianza robusta tanto en los españoles como en su proyecto: "Son medidas que a nadie gustan pero imprescindibles si queremos superar esta situación. Si perseveramos, si hacemos valer nuestra unidad como fortaleza, se nos escuchará mejor y pesaremos más en Europa. Ése es nuestro camino", apuntaló, no sin añadir que sólo así "más pronto que tarde saldremos de esta crisis".

Por enésima vez, descartó que vaya a solicitar en estos momentos la ayuda del Banco Central Europeo, sin cerrar por completo esa puerta. Aunque sí que vino a ver esta opción más lejos que nunca, al afirmar que las cosas hoy en los mercados de deuda anda más tranquilas, pese a que todavía resulte difícil la financiación.

No se quiso pillar los dedos haciendo promesas que, admite, no sabe si podrá cumplir. Recalcó que en los Presupuestos no se habla ni de subida del IVA ni tampoco del IRPF, y "a mí me gustaría". También anunció -fue de hecho, el único que hizo- que el Ejecutivo llevará al pacto de Toledo un acuerdo por la "sostenibilidad" del sistema de pensiones.

El presidente también descartó aprobar una ley de huelga, como pidió hace unos días Ignacio González ante los paros encadenados en la Comunidad de Madrid. Según dijo, hay una sentencia del Tribunal Constitucional de 1981 "que especifica muy bien todo" lo referido al ejercicio al derecho a huelga.

Declarado "incondicional" de la Constitución -"los españoles no nos hemos dado cuenta de lo que ha sido y olvidamos lo que ha pasado en España en el pasado", llegó a advertir-, no puso encima de la mesa ningún error cometido: "Eso si le pregunta a mis adversarios políticos, estarían hablando durante horas y horas y de manera continuado", aseveró tirando de ironía. Y, tras más de una hora de comparecencia, se despidió más con un deseo que con una realidad palpable: "Que 2013 sea mejor el 2012".

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