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El resultado de las elecciones europeas en España en siete claves fundamentales

Descubrimos y analizamos las claves que se desprenden del resultado final de estas europeas y que marcarán la política nacional en los próximos meses.

Descubrimos y analizamos las claves que se desprenden del resultado final de estas europeas y que marcarán la política nacional en los próximos meses.
Núñez Feijóo, Dolors Montserrat, Cuca Gamarra e Isabel Díaz Ayuso en la noche electoral. | EFE/Juanjo Martín

La victoria del PP, el altísimo suelo que demuestra el PSOE o el descalabro de Sumar son los datos más llamativos en un primer análisis del resultado de las europeas en nuestro país, pero profundizando un poco más podemos encontrar algunas claves que completan la lectura política de estas elecciones.

El primero es que, como dijo Alberto Núñez Feijóo con evidente satisfacción en el festejo de Génova, el PP es el único partido que crece respecto de su resultado en las generales del pasado mes de julio. Es cierto que no son lo mismo unas elecciones y otras, pero no deja de ser una convocatoria en todo el territorio nacional y, desde luego, son una comparación más válida que las anteriores europeas, celebradas cinco años atrás en lo que era, casi literalmente, otra España.

Y en esa comparación el PP es el único que ha logrado mejorar, no mucho, apenas un punto, pero en un contexto que tampoco ha sido propicio: con un Vox que ha mostrado cierta fortaleza y el surgimiento de Se Acabó la Fiesta que es obvio que ha recogido –aunque eso sea un error grave de los votantes– papeletas cuya intención era castigar a Sánchez y que podrían haber sido, al menos en parte, para los populares.

En este sentido, la pequeña subida del PP y la caída algo mayor del PSOE hace que la distancia entre ambos partidos se multiplique: si el 23J fue de menos de un punto y medio ahora supera los cuatro. Esa es otra de la claves significativas de la jornada.

El alto coste de la supervivencia de Sánchez

Respecto al PSOE, hay varios elementos que tener en cuenta, pero el principal es que ese retroceso llega después de haber planteado las elecciones como un plebiscito –o con Begoña Gómez, su marido y la democracia o con la ultraderecha– y, sobre todo, tras arrasar a sus socios, a los que ha dejado en las raspas.

El PSOE ha profundizado en los últimos meses su giro a la ultraizquierda y gracias a ello ha logrado sostener un resultado muy por encima de lo que cabría esperar tras lo que ha llovido, pero a cambio se queda sin nadie con quién pactar un futuro gobierno. El precio pagado para la supervivencia de Pedro Sánchez es, en suma, bastante más alto de lo que puede parecer.

Un batacazo histórico

Y es que el descalabro de Sumar es algo que se ha visto en pocas ocasiones: hay que remitirse a la UCD de 1982 o a Ciudadanos en 2019 para encontrar algo similar. Los de la desaparecida Yolanda Díaz han pasado en menos de un año de lograr el 12% a quedarse en el 4,65% es decir, han perdido casi dos tercios de su electorado.

Un resultado que, además, no se compensa con la reaparición de Podemos: los de Irene Montero han estado en el 3,28%, es decir, que incluso sumando el resultado de ambas formaciones, siguen estando lejísimos de lo que eran hace menos de un año. Y si trasladásemos estos datos a unas hipotéticas generales y teniendo en cuenta que una "reconciliación" parece imposible, todo este bloque a la izquierda del PSOE no llegaría ni a diez diputados.

Por último, un dato relevante es que si el 23J las dos fuerzas que sostienen en este momento el Gobierno sumaban un 44% del voto. Desde entonces Podemos desertó de la coalición harto del maltrato al que les sometía Yolanda Díaz y Sumar se ha disuelto como un azucarillo, así que ahora el apoyo real a la coalición gobernante está por debajo del 35%.

Mientras, PP y Vox rozan el 45%, prácticamente lo mismo que en las generales y pese a la irrupción de Se Acabó la Fiesta.

¿Un buen resultado de Vox?

El resultado de Vox es sin duda otra de las claves de esta cita electoral: a priori parece bueno: crece en porcentaje y en representación respecto a 2019. La realidad, no obstante, es más compleja: los de Abascal han perdido dos puntos y medio respecto al 23J y la irrupción de Se Acabó la Fiesta podría ser un problema serio, ya que viene a ocupar el mismo segmento, muy antisistema y tan crítico con el PP como con el PSOE, en el que Vox parece empeñado en ubicarse desde hace un tiempo.

Alvise y su chiringuito electoral son, por supuesto, la última de las claves de la pasada noche. Su irrupción ha sido muy fuerte –un 4,59%– pero a priori se parece más a lo que logró Ruiz-Mateos en el 89, cuando el polémico empresario obtuvo 600.000 votos, un 3,84% del total, que al éxito que lanzó a Podemos como partido en 2014: entonces los de Iglesias rozaron el 8% y se hicieron con cinco eurodiputados.

No parece fácil –aunque no es imposible– que Se Acabó la Fiesta traslade este logro a unas generales: carece de un programa coherente como sí tenía Podemos –errado del principio al final, pero coherente– y aún más de la estructura territorial necesaria para afrontar unos comicios en los que hay que presentar listas en toda España, cosa que tampoco tenía Podemos y, por cierto, desde entonces también supuso un gran lastre para a los de Iglesias. Sin embargo, los de Abascal harían bien en preguntarse si su estrategia de confrontación con el PP no está criando demonios que podrían llegar a devorarles.

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