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El precio del poder (VI)

Julio Valdeón: "Los pensadores 'woke' traen lo peor del sesentayochismo, son vendedores de crecepelos"

LD entrevista al periodista y escritor: "En España sí se ha cancelado a gente, esto es, se ha buscado la muerte reputacional y la destrucción civil".

LD entrevista al periodista y escritor: "En España sí se ha cancelado a gente, esto es, se ha buscado la muerte reputacional y la destrucción civil".
Julio Valdeón, entrevistado. | David Alonso Rincón

A Julio Valdeón (Valladolid, 1976) le pilló la gestación y el auge del "virus woke" por Nueva York, donde vivió dieciséis años, y fue testigo de una polarización extrema y fascinante: "A un lado pedían la cabeza de científicos, escritores y cineastas para lavar mejor no sé qué pecados colectivos, originales, estructurales, mientras que desde la trinchera de la derecha", porque, quien esté libre de pecado, etcétera, "igual de cafres, desencadenaron una cruzada contra los derechos LGTBI, criminalización a los inmigrantes y, animados por el propio Donald Trump, nacionalista y populista en jefe, negaron la legitimidad de los resultados electorales y alentaron el asalto del Capitolio". En Matadero de reputaciones (La Esfera, 2024), el periodista, escritor y guionista de Isabel Díaz Ayuso expone, desde el artículo, el reportaje y alguna entrevista, un bestiario de perseguidos por los cruzados de la identidad, sea esta progre, sobre todo, sea esta islamista –véanse los casos de Ayaan Hirsi Ali, Salman Rushdie o Yasmine Mohammed–. Con él conversamos sobre las cancelaciones, sus víctimas y, cómo no, sobre el precio del poder:

P: Señor Valdeón, ¿cómo es eso de que las cacerías virtuales contemporáneas arrancaron en China?

R: Bueno, lo explicaba en el New York Times la escritora Ligaya Mishan. Allá por el 2001, en China, surge un fenómeno llamado renrou sousuo, que traducido significaría algo así como "búsqueda de carne humana". Al principio se trataba de unir a varias personas, en internet, para buscar información sobre algo. Un cómic, un autor, una canción, etcétera. Pronto hubo una mutación justiciera, con los detectives online encontrando y acosando a presuntos delincuentes. En Occidente nos creíamos inmunes. Lo impedían los propios contrapesos de nuestras democracias, nuestra defensa del individuo y, en general, las fortalezas del Estado de Derecho. Gran error. En apenas veinte años surgieron movimientos como el MeToo, que, más allá de las buenas intenciones de algunos, no dejaba de ser una enmienda a la totalidad del derecho penal y una apuesta por los linchamientos. No conviene menospreciar el atractivo de la venganza y la barbarie, que empuja a borrar las conquistas civilizatorias, empezando por la presunción de inocencia y siguiendo por el derecho al honor.

P: EEUU fue el país más afectado "por el virus de la mordaza".

R. Porque el país, cuna de la libertad, tiene también una rica tradición de persecuciones religiosas y políticas, del macartismo, con damnificados como Charles Chaplin o Dalton Trumbo, a los pánicos morales de los ochenta y noventa, con cientos de personas acusadas de unos abusos a niños que jamás tuvieron lugar, pasando por la cruzada antipornográfica liderada por el reaganismo aliado por feministas como Andrea Dworkin. En los ochenta, la derecha más integrista lidera sus propias persecuciones, de Madonna a Mapplethorpe, pero las cancelaciones woke, con su forro izquierdista, beben de algo más, de la chatarrería conceptual de Lacan o Baudrillard, que cala en los campus de la Ivy League, con su rechazo de la objetividad y de la la ciencia, de la neurología a la psicología evolutiva. Aquellos pensadores traen lo peor del sesentayochismo. Son vendedores de crecepelos, enemistados con la claridad. Lo que sucede es que EEUU sigue siendo la gran potencia cultural de nuestro tiempo, y por lo tanto lo que allí triunfa acaba por contagiarnos tarde o temprano.

P: ¿La cultura woke está tan extendida como se cree o, en realidad, son cuatro perros que hacen mucho ruido al ladrar? Cuatro perros con mucha pasta, no lo niego.

R: Lo woke es omnipresente en EEUU, y hegemónico en una izquierda que ha sustituido el motor de la lucha de clases por el becerro de las identidades, el universalismo por el multiculturalismo y la defensa de la objetividad por la coartada de lo subjetivo. En general, su forma de contemplar el mundo está ya completamente incrustada al ADN empresarial y social, con lo que resulta mucho más complicado liderar un contraataque liberal. Cuando digo "liberal" quiero decir "ilustrado", humanista, respetuoso con el Estado de Derecho y la igualdad ante la ley.

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Julio Valdeón, entrevistado. | David Alonso

P: Joaquín Reyes. "La cancelación es mala prensa. (…) Aquí no se cancela a nadie". ¿A favor, en contra o ns/nc?

R: Decir eso en el país de Anónimo García es penoso. No sé si ese hombre lo dice por ignorancia o por cálculo. Pero aquí sí se ha cancelado a gente, esto es, se ha buscado la muerte reputacional y la destrucción civil mediante acusaciones que no pasaron de rumores, nunca sustanciadas ante un tribunal. Ahí está el caso de Joan Ollé, uno de los fundadores de la compañía Dagoll Dagom, víctima de una terrible campaña de difamaciones. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña entendió que ni siquiera había indicios para investigarle. Pero dio igual. Lo machacaron, posiblemente, ajustando cuentas por sus posturas antinacionalistas, y lo mandaron al vertedero. Ollé murió solo. Mientras muchos de sus compañeros se metían debajo de las mesas, demasiado ocupados como para partirse la cara por un inocente. No tengo ni ninguna duda de que de haberlos llamado a declarar el Comité de Actividades Antiamericanas en los años cincuenta, en plena histeria anticomunista, habrían sido los primeros en lapidar a los 10 de Hollywood. A todos nos gusta creer que en esa tesitura seríamos Bogart, que no nos someteríamos a los códigos de la delación, que no cederíamos ante la turba, pero es mucho más fácil, más cómodo, menos peligroso, ejercer de verdugos, cómplices o chivatos.

P: ¿Ha sentido alguna vez el aliento del inquisidor o, incluso, la pedrada de la turba?

R: Alguna vez, pero supongo que va en el sueldo. Especialmente si te metes en estos asuntos. Como acostumbra decir Raúl del Pozo, el que escribe se proscribe.

P: Escribe: "En España, vamos, la lucha contra los reaccionarios la lideran otros reaccionarios por la misma razón por la que el nacionalismo, perdidos ya UPyD y Ciudadanos, solo lo enfrenta un nacionalismo de signo contrario. Cada vez más, los acorralados liberales, los penúltimos democristianos y los últimos socialistas democráticos apenas rozan el embarrado campo de batalla, atemorizados por el precio que conlleva disentir". En ese contexto, ¿dónde ponemos a Isabel Díaz Ayuso?

R: Justo en ese campo, en el de los últimos políticos comprometidos con la defensa de un país de ciudadanos libres e iguales. La presidenta de la Comunidad de Madrid no admite paños calientes en la defensa del Estado de Derecho y la Constitución de 1978.

P: Usted es asesor de la presidenta de la CAM. ¿Cuál es su labor exacta?

R: Pues eso, asesorar y, sobre todo, escribir. Es un orgullo trabajar para una persona tan valiente y tan íntegra.

P: ¿Cómo lleva escribir discursos para un tercero? ¿Hasta qué punto, desde el punto de vista creativo, se siente libre?

R: Después de muchos años hablando de cómo cocinan otros resulta fascinante acercarse una temporada a la cocina. Escribir para un tercero, por otro lado, es un ejercicio fascinante. Obliga a sacudirse las neurosis y el ego. Y sí, me siento libre. Trabajo con un equipo que valora la independencia de criterio por encima de cualquier otra cosa.

P: Pasemos, señor Valdeón, al cuestionario base. ¿Qué es, para usted, un hombre poderoso?

R: Alguien que puede influir en las vidas y haciendas de sus congéneres.

P: ¿El poder corrompe o, más bien, se dedica a sacar la esencia de cada uno?

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Julio Valdeón, entrevistado para LD. | David Alonso.

R: El poder corrompe en la medida en que uno esté dispuesto a ser corrompido. Entiendo que cuando hablamos del "poder" le damos un sentido peyorativo. Pero el poder, ejercido con legitimidad democrática, sin arbitrariedades ni sectarismos, puede ser también una herramienta para hacer el bien. Por otro lado, como decía Arcadi Espada, igual que el dinero y el sexo explican buena parte de las decisiones humanas, el poder, buscarlo y ejercerlo, explica muchas de las decisiones políticas.

P: ¿Todo el mundo tiene un precio?

R: No. Ni todo el mundo es malo ni todos tenemos un precio.

P: ¿El poder es un opiáceo?

R: Imagino que sí. O no. No tengo ni idea. Mejor pregunte a los que se desviven por ejercerlo. Yo nunca he querido mandar en nada o en nadie, tampoco en una redacción. Lo mío es escribir, no ordenar ni coordinar. Llevo fatal que me den órdenes, y todavía peor tener que darlas.

P: ¿Y sabe o intuye cómo es su resaca?

R: Pues como nunca lo he buscado ni lo he ejercido tampoco tengo ni idea de cómo será la resaca.

P: Si el poder te mata civilmente, ¿es posible resucitar?

R: Más que en la resurrección de los muertos, o en la posteridad, creo en aquello que decía Woody Allen, que antes que vivir en el corazón de sus seguidores, él preferiría seguir viviendo en su apartamento.

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