
El transporte ferroviario en Cataluña es una lotería, pero el vehículo privado puede no ser una alternativa mejor para desplazarse. El muro que cayó a las vías del tren a la altura de la localidad barcelonesa de Gelida y que provocó el accidente de tren en el que falleció un maquinista en prácticas desató todas las alarmas sobre la posibilidad de un hundimiento de la AP-7, la autopista del Mediterráneo que conecta el sur de España con Europa, una infraestructura esencial que también ha colapsado en la semana trágica de los trenes.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, no ha dado explicaciones coherentes sobre la situación en la AP-7. Sólo se sabe que el tráfico se corta en Martorell. Los conductores tienen dos opciones, desviarse por la C-25 en Flaça, Gerona, o en Martorell, donde habrá un desvío obligatorio hacia la A-2 o la C-15.
Está pendiente la realización de un tercer peritaje sobre el estado del terreno bajo el asfalto, un análisis que deben llevar a cabo expertos del Ministerio de Transportes y del Servei Català de Trànsit. Todo apunta a que el estado de la autopista no habrá mejorado, aunque haya cesado el temporal. El examen se realizará este viernes y constituiría un hecho verdaderamente notorio que se pudieran reabrir los carriles de la autopista en sentido sur sin haber llevado a cabo obras de refuerzo, consolidación, anclaje o apuntalamiento.

