
El caos ferroviario generalizado en Cataluña y el desastre de la AP-7 no han logrado despertar al independentismo. Sólo ocho mil personas han secundado la manifestación convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell de la República este sábado, según una generosa estimación de la Guardia Urbana de Barcelona.
El presidente de la ANC, Lluís Llach, se negó a dar su brazo a torcer y mantuvo la convocatoria a pesar de que este mismo sábado por la tarde estaba prevista otra manifestación de las plataformas de usuarios de Rodalies de Renfe. Esas plataformas se negaron a participar en la manifestación de la ANC porque no querían pedir la independencia, sino que los trenes funcionen.
Entre algunos dirigentes separatistas circulaba la especie de que el desastre en el que está sumida Cataluña desde el accidente ferroviario que el pasado 20 de enero le costó la vida a un maquinista de la Renfe podía servir como catalizador para despertar al independentismo y volver a las masivas concentraciones de antaño.
Lluís Llach y dirigentes como Jordi Turull, de Junts per Catalunya, o Xavier Antich, de Òmnium, han desempolvado el discurso del odio a España a cuenta del caos ferroviario. Se apoyan en la inoperancia del Ministerio de Transportes y de la Generalidad, en la desinformación, en las contradicciones y en un servicio ferroviario tan deficiente que mantiene bloqueada la actividad de decenas de empresas porque tampoco circulan trenes de mercancías.
Antich ha calificado a España de "Estado fallido", Llach declara que los catalanes sufren un "trato colonial" y Turull aboga por echar a Renfe fuera de Cataluña y pasar los trenes a Ferrocarriles de la Generalidad. Los manifestantes, mientras tanto, corean consignas como "puta Renfe", "puta España" e "independencia". Se ha quemado alguna bandera nacional y se han lanzado gritos y amenazas contra la Policía Nacional al paso de la manifestación por la Jefatura Superior. La ANC trata de disimular el pinchazo y difunde la especie de que treinta mil personas han desfilado por las calles de Barcelona en respuesta a su convocatoria, secundada además por todos los partidos independentistas y el fantasmal Consell de la República que preside el acaudalado abogado Jordi Domingo en representación de Carles Puigdemont.
Segunda manifestación
La manifestación de la tarde tampoco se caracterizó por una presencia masiva de participantes. Tres mil personas, según los datos de la Guardia Urbana, secundaron la protesta. El malestar con el caos en Cataluña es palpable en las estaciones. Los usuarios de Renfe están hartos y lo manifiestan a través de las redes sociales y los medios. En los últimos años se han constituido una decena de plataformas de usuarios, más bien afectados, que reclaman un transporte ferroviario seguro y sin sobresaltos.
Sin embargo, la intrusión del separatismo ha provocado una división que ha afectado a las entidades ciudadanas. Según los organizadores de esta segunda manifestación, en ella habrían participado unas cuarenta mil personas.
Al margen de la tradicional disparidad de cifras, el servicio ferroviario en Cataluña se ha convertido en un desastre que ha destruido el crédito de la Generalidad y del Gobierno. La falta de mantenimiento y de inversión crónicas han llevado al límite la infraestructura ferroviaria en la región.

