
Las negociaciones entre PP y Vox volverán, poco a poco, al cauce habitual en el que se han desarrollado siempre, con la excepción de estas últimas semanas: los presidentes autonómicos recuperarán el protagonismo de las negociaciones con Bambú, con la intervención excepcional de Génova. Alberto Núñez Feijóo cree haber podido demostrar que los de Santiago Abascal eran los responsables del bloqueo tras los resultados de Castilla y León, y los contactos han avanzado.
Según ha podido saber Libertad Digital, de fuentes presentes en la cita, el presidente del PP trasladó a los suyos en la Junta Directiva Nacional que serán los barones regionales los que piloten los contactos en adelante, teniendo en cuenta como punto de partida el decálogo que Génova hizo público en plena campaña electoral, y que sirvió de argumento para señalar a Vox como culpable de la falta de acuerdo en Extremadura y Aragón.
Fuentes del PP aseguran que Génova seguirá en su "labor de acompañamiento" y admiten contactos con Bambú en los últimos días, que esperan seguir manteniendo, pero ya de una forma más tangencial. Los detalles sobre cargos y medidas concretas a nivel autonómico correrán a cargo de las comunidades, encargadas ahora de dirigir las negociaciones con Vox, toda vez que se ha fijado ya un marco nacional de medidas. Una prueba de que los pactos estarían cerca.
La irrupción de Génova vino motivada por el choque permanente entre Santiago Abascal y María Guardiola, a la que Vox señalaba como responsable. Para intentar dar la vuelta al "relato", la dirección nacional del PP asumió las riendas de los contactos en Extremadura y Aragón, con la vista puesta, sobre todo, en limar la mala relación existente entre Vox y la presidenta en funciones, lo que también generó recelos en el PP.
Una estrategia errática
Vox no logró explicar de manera convincente el doble voto negativo a María Guardiola para impedir su investidura, especialmente cuando sólo era necesario que se abstuvieran en la segunda sesión. La irrupción de Génova en las negociaciones permitió alejar el foco de la presidenta en funciones para centrarlo en Abascal, que señaló entonces al secretario general del PP, Miguel Tellado, como responsable de la falta de acuerdo.
Tellado desveló que, siete días antes de la investidura fallida de Guardiola, Vox rechazó sentarse a hablar, llegando a cancelar una reunión prevista para intentar avanzar en las negociaciones. Abascal lo negó, pero en la retina de todos quedó que la falta de acuerdo venía motivada por las elecciones en Castilla y León, y la aspiración de Vox de medirse con el PP, tras el crecimiento experimentado en Extremadura y Aragón.
"Hoy nadie conoce ninguna objeción de fondo a esas líneas por parte de Vox, ninguna", defendió Feijóo en su intervención pública ante la plana mayor del partido, en referencia al programa hecho público por el PP para pactar con los de Abascal. Ese era, por tanto, el objetivo: dejar patente quién era más responsable de la falta de acuerdo, y hacerlo antes de que los ciudadanos acudieran a las urnas.
El propio líder de Vox reprochaba al PP esa estrategia, durante su discurso de este lunes ante los medios de comunicación, y acusaba a Génova de poner "zancadillas" a la negociación en su "obsesión" por imponer el "relato del bloqueo". Una estrategia que funcionó para los de Feijóo tras subir cuatro puntos y dos escaños, frente a un Vox que mejora, pero sin cumplir las expectativas.
En la recta final de la campaña, Alfonso Fernández Mañueco advirtió de que Génova no intervendría en las negociaciones de Castilla y León. Tampoco parece que sea algo que pueda ocurrir en Andalucía, y en Aragón se adoptó la decisión para no señalar a Guardiola como responsable. Una vez han pasado las elecciones, y Abascal ha mostrado su voluntad de entrar a gobernar, la dirección nacional del PP rebajaría su nivel de protagonismo, a la espera de acontecimientos.

