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Leonor en Getafe

Lo verdaderamente elitista, lo que solo se pueden permitir quienes no necesitan demostrar nada, es matricularse en Getafe.

Lo verdaderamente elitista, lo que solo se pueden permitir quienes no necesitan demostrar nada, es matricularse en Getafe.
La princesa Leonor, durante la Pascua Militar. | Europa Press

Que la heredera al trono vaya a estudiar en Getafe, según dicen, constituye una prueba de normalidad democrática de la institución. Puede que lo sea. Aunque también cabe leerlo como un síntoma del latente problema de legitimación que arrastra la monarquía desde que el Emérito decidió abrirse a Abu Dabi. Felipe VI no pudo evitar ser hijo de su padre. Nadie puede. Pero sí ha sabido compensarlo con dos decisiones que revelan una inteligencia poco común entre los de su oficio: casarse con una plebeya y permitir que su hija disfrute del gran privilegio que a él le negaron, el de poder relacionarse con gente de la calle durante los años de su formación académica.

Por lo demás, estoy seguro de que a Lord Byron el gesto le habría encantado. La clase media aspiracional española lleva un par de décadas enviando a sus hijos a universidades anglosajonas con el argumento implícito de que eso de estudiar aquí es cosa de pobres y de paletos. El peregrinaje a Boston o a Edimburgo se ha convertido en el rito de iniciación obligado de las familias con pretensiones de saltar media docena de escalones en la pirámide social de una tacada. Y ahora viene nada menos que el Rey a pasarles por la cara que lo verdaderamente elitista, lo que solo se pueden permitir quienes no necesitan demostrar nada, es matricularse en Getafe. No se lo perdonarán.

Eric Klinenberg, en Palacios para el pueblo, libro que hay que leer, disecciona algo que ocurre ahora ante nuestros ojos sin que acabemos de ser conscientes, a saber: las sociedades occidentales se han fragmentado en burbujas impermeables donde, desde la cuna hasta la tumba, ya nadie se relaciona con otros que no formen parte de su mismo grupo social. Y cuando desaparecen los espacios de mezcla interclasista, lo que se evapora es precisamente eso que llamamos comunidad política. Leonor en una facultad pública apunta, al menos en teoría, en la dirección contraria. Si eso es cálculo o convicción, solo Felipe lo sabe. Sea como fuere, a los republicanos nos lo ponía mucho más fácil su abuelo.

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