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Luis Herrero Goldáraz

Supervisor de nubes negras

El que mejor podría divagar acerca de ZP a día de hoy es ZP mismo, acostado sobre la hamaca de su reputación baldía y supervisando las negras nubes que se ciernen sobre él.

José Luis Rodríguez Zapatero, durante su intervención en el mitin. A 14 de mayo de 2026 | EuropaPress

A estas alturas de la semana se han dicho tantas cosas de Zapatero, pero tantas —empezando por la defensa ciega de su inocencia indubitable—, que yo sospecho que el espectro de posibilidades que ha abierto el auto que lo ha imputado se ha cubierto en su absoluta totalidad. Y todavía más: se ha contraído sobre sí mismo, absorbiendo toneladas de presión mediática sobre su núcleo, ha explotado y se ha expandido, abarcando la infinitud del universo. Quiero decir con esto que el que mejor podría divagar acerca de Zapatero a día de hoy es Zapatero mismo, a quien imagino en estos momentos acostado sobre la hamaca de su reputación baldía y dedicado a supervisar las negras nubes que se ciernen sobre él.

Intranquilo, tenso, quizás ansioso. Cualquiera diría que intuye que acabará calado. Y entonces se arrancará a decir, con su prosa obnubilada de poeta pasmado, que nada lo diferencia de la tierra. A fin de cuentas, ya nos explicó hace años que también ella está apresada, aunque su cárcel sea el viento.

Nada más conocerse la noticia, dijeron en una televisión afín que la imputación de Zapatero debía estar escrita en las estrellas. Lo dijeron para azuzar sospechas sobre los dirigentes del PP que vienen vaticinándola desde hace semanas. Y por un momento fue una fantasía sospechar que detrás de ese guion del Gran Wyoming estaba el propio Zapatero. Que el propio Zapatero se encontraba al otro lado del pinganillo, susurrando las líneas de su defensa. Habría sido prodigioso escuchar entonces al presentador en un viaje cósmico como el que protagonizó el expresidente hace unos años. Y entender con él que "el infinito es infinito", nuevamente. O que, de entre los incontables presentes que pueblan el multiverso, sólo en uno podría resultar que Zapatero es un corrupto, por lo que se antojaría demasiado injusto sentenciar al pobre delincuente solitario. En fin. En el programa no hubo viaje cósmico y, en realidad, tampoco hubo estrellas. Nunca hizo falta ser dirigente del PP para vaticinar nada, porque todo llevaba publicado en los periódicos de eso que llaman la buloesfera desde casi antes de que la izquierda hubiese rescatado la figura de Zapatero.

De esto, hace dos semanas apenas se acordaba nadie. Hoy algunos comienzan a señalarlo. Pero resulta que Zapatero era un apestado dentro del propio PSOE. No por su cercanía a satrapías contrarias a los derechos humanos. Tampoco por su labor negociadora con catalanistas sediciosos o exterroristas de Bildu. Ni, así se rumoreaba, por su bien pagado esfuerzo intoxicador en Occidente de las agendas de las peores dictaduras del mundo. Zapatero fue un apestado en la izquierda española por su labor como presidente del Gobierno y secretario general del Partido Socialista. Hoy, curiosamente, quienes tratan de separar al presunto corrupto de su presunta obra criminal hablan en los micrófonos de su legado político. No dicen, sin embargo, que ese legado fue contra el que se levantó el 15-M. Y que, si por algo lo indultó Pedro Sánchez, no fue por su apacible actividad retirada de expresidente supervisor de nubes.

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