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La Mareta como símbolo de poder absoluto

Mientras en Ceuta reina el caos, con 10.000 personas deambulando todavía por las calles Pedro Sánchez disfruta de su décimo día de vacaciones en La Mareta.

Mientras en Ceuta reina el caos, con 10.000 personas deambulando todavía por las calles Pedro Sánchez disfruta de su décimo día de vacaciones en La Mareta.
Pedro Sánchez entrando a la residencia oficial de La Mareta el pasado 1 de agosto. | EFE/ Adriel Perdomo

Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de unas vacaciones, incluso Pedro Sánchez. Pero un presidente no puede cogerlas en mitad de la mayor agresión extranjera a la soberanía española, quizá, desde la Guerra de la Independencia. Mientras en Ceuta reina el caos, con 10.000 personas deambulando todavía por las calles, los comercios cerrados, 1.500 menores alejados de sus familias y se producen violaciones, Pedro Sánchez disfruta de su décimo día de vacaciones en La Mareta.

Cualquier persona medianamente razonable habría, al menos, simulado interrumpir su descanso para ponerse al frente de la situación e intentar transmitir un mínimo de calma. ¿Por qué entonces arriesgarse a provocar desasosiego, desesperación o, incluso, odio? Decía Tomás Gómez, una de las personas que mejor conoce a Pedro Sánchez, que al presidente "sólo le provoca emoción el poder", ejercido a través del "miedo" para "controlar" a la población. ¿Y qué puede generar más miedo que una invasión de 70.000 personas entrando a la vez en un país? Pues que la persona al mando de esa crisis parezca ajena a todo.

Aunque fuera cierto que Sánchez se ha disociado de la realidad, como algunos aseguran, sus más de 1.000 asesores no le habrían permitido exhibir esa frivolidad sin un objetivo claro. Por si había dudas de la premeditación, el presidente nos ha deleitado con un segundo vídeo en TikTok recomendando libros para el verano, con títulos tan provocadores como el de Comerás flores, La era de la no paz –traducido de The Age of Unpeace– y Nocturno.

Sin necesidad de analizar las obras, podemos dar por hecho la doble (mala) intención de Sánchez avanzándonos lo que se nos viene encima a la vuelta de sus largas vacaciones: más miedo, más "tensión" –como diría su gurú Zapatero– y más inestabilidad para, según su propio excompañero de filas, "acostarse cada noche pensando cómo seguir siendo presidente a la mañana siguiente".

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