
He elaborado un sencillo test para detectar fachas. Diez preguntas, una especie de cuestionario Proust, pero orientado a la filosofía política. Y es que se ha desatado una plaga de fachismo en España, Europa, Occidente. Cada vez más gente se levanta por la mañana tras un sueño intranquilo como si fueran Gregorio Samsa, solo que en lugar de en un feo insecto sospechan que se han convertido en un monstruoso facha. Me lo he aplicado a mí mismo y el resultado es inapelable: soy un facha de manual, un facha recalcitrante y redomado, un facha cum laude, un superfacha. Mi 10 sobre 10 apunta al infinito facha, el tipo de calificación que antes se reservaba a quienes hacían aportaciones tan novedosas como sorprendentes, digamos Einstein y la teoría de la relatividad, pero que ahora se reserva a cualquiera que crea que dos más dos son cuatro, la hierba es verde y las mujeres… pero dejemos a las mujeres para más adelante.
Estas son las 10 cuestiones que definen al facha en tiempos de hegemonía del núcleo irradiador progre, lo que Joan de Sagarra denominaba patufetismo-leninismo. Son respuestas de sí o no, sin medias tintas socialdemócratas ni equidistancias centristas:
- ¿El mérito es más importante que la raza para seleccionar estudiantes y/o profesores?
- ¿En la ciencia la disidencia es tan importante, o más, que el consenso?
- ¿La naturaleza humana existe?
- ¿Existen hechos, no solo interpretaciones?
- ¿La biología es tan importante, o más, que la cultura para explicar a los seres humanos?
- ¿La cortesía, incluyendo ceder el paso a las señoras y los asientos a discapacitados y ancianos, es señal de buena educación?
- ¿Hablando de mujeres, su definición es "hembras humanas adultas" ("hembra", a su vez, se define por un tipo de gametos)?
- ¿La libertad de expresión es más importante que la empatía si hay conflicto entre ellas?
- ¿La verdad es la adecuación del lenguaje a las cosas, como dijo Aristóteles y cualquier niño que sepa hablar, no un "constructo" social?
- ¿La racionalidad y la objetividad son virtudes epistémicas para cualquiera, no vicios burgueses de hombres blancos heterosexuales occidentales?
Comento algunas. En la primera cuestión, se plantea si el mérito importa más que el sexo o la raza para elegir a un cirujano o a un catedrático. Marcar que sí significa que preferimos que nos opere quien mejor opera y no quien mejor cumple la cuota racial o sexual. Antes esto se llamaba sentido común; ahora se llama violencia epistémica, privilegio blanco y colonialismo occidental. A continuación, hay que marcar si la disidencia científica es tan valiosa como el consenso, y uno recuerda que Galileo, Darwin y el propio Einstein fueron disidentes antes de ser consagrados. El consenso, cuando se convierte en artículo de fe, deja de ser ciencia para convertirse en un sermón.
Continuamos con la pregunta por la naturaleza humana. Negarla exige un acto de fe mucho mayor que afirmarla, ya que en dicho caso hay que creer que un recién nacido es un folio en blanco sobre el que la sociedad garabatea lo que le da la gana. Vamos, el sueño de todo ingeniero social. La naturaleza humana existe, sí, y es tan tozuda que sobrevive a todos los másteres en estudios de género de Cambridge a Copacabana.
Pilatos y Jesús ya debatieron sobre la verdad: ¿es la verdad la adecuación entre lo que decimos y lo que hay, como pensaba Aristóteles, o es un constructo social definido por los que detentan el poder como defendía Humpty Dumpty? Y así llegamos a la perla final del test: definir a la mujer como "hembra humana adulta". Es decir, definirla como hace un biólogo con una hembra de cualquier otra especie mamífera por el tipo de gameto que produce. Esto, que hasta hace 20 minutos era una entrada de diccionario, hoy es una provocación de extrema derecha. Que le pregunten a Richard Dawkins, a Jerry Coyne, incluso a J. K. Rowling.
Lo verdaderamente curioso es que este test que define el fachismo por la defensa del mérito, la disidencia y la libertad de expresión frente a la discriminación positiva, las cuotas y las mentiras políticamente correctas (véase el affaire Jason Arday) es la distancia entre la racionalidad ilustrada y el irracionalismo posmoderno, ese que ha sustituido la lucha por la igualdad de oportunidades por la lucha de identidades, la argumentación fundamentada por el "saber situado", y el sapere aude kantiano por la censura a la que llaman deplatforming.
Ser facha hoy significa, sobre todo, ser un rebelde. Y hay rebeldes tanto en la derecha como en la izquierda, del anarquista Noam Chomsky al conservador Thomas Sowell pasando por el socialdemócrata Steven Pinker. En general, ser facha hoy implica preferir los hechos a los relatos, la biología a la ideología, y la compañía de Aristóteles y su rigurosa e incómoda razón a la de Richard Rorty y su irónica y falaz empatía.
Hoy, la peor de las herejías es ser tildado de facha pero es que si resucitase Sócrates tendría que volver a beber la cicuta por ser un privilegiado hombre-heterosexual-blanco-racionalista. Malos tiempos para la filosofía, pero muy buenos para los que viven del cuento de la raza, las cuotas de género, la jerga impostada y las subvenciones victimistas. ¿Le ha salido en el test que es usted facha? Si es así, enhorabuena, bienvenido a la realidad. En caso contrario, siga devorando su bistec en Matrix.