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Trump: "Poneos en pie si pensáis que el deber del Gobierno es defender a los ciudadanos y no a los ilegales"

Ningún demócrata se puso en pie. El discurso se centró en el freno a la inmigración ilegal. También recordó a los "piratas" somalíes de Minnesota.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a protagonizar un encendido discurso sobre el Estado de la Unión de una duración récord de 107 minutos en el que ha tenido tiempo para hablar de casi todo, incluyendo sus logros en política exterior y el riesgo que supone Irán. Pero el principal foco de su discurso ha estado en la política interna y, especialmente, en la inmigración ilegal.

El mandatario ha puesto el foco en la comunidad somalí de Minnesota, calificando a sus miembros de "piratas que han saqueado" el estado e importan culturas donde "el soborno, la corrupción y la anarquía son la norma", insistiendo en que la inmigración sin restricciones traslada esos problemas directamente a suelo norteamericano, mientras las cámaras se centraban en la congresista Ilhan Omar, somalí de Minnesota de la que se sospechan vínculos con el fraude de los suyos.

Durante su intervención, el magnate republicano ha vinculado la inmigración con el aumento de la delincuencia y el encarecimiento de la vida para los estadounidenses, desde los alquileres hasta la sanidad, mostrando la cercanía de su discurso en esta materia con el de Vox en España. En un momento clave, Trump ha instado a los presentes a ponerse en pie si coincidían en que el deber del Gobierno es proteger primero a los ciudadanos estadounidenses, y no a los inmigrantes ilegales, un gesto que ha evidenciado la fractura política: solo la bancada republicana se ha levantado, mientras el presidente reprochaba a los demócratas que "deberían avergonzarse".

Trump no dudó en ponerse medallas a los largo del discurso, que es al final su razón de existir desde hace muchos años. Recordó que los cruces de inmigrantes indocumentados han cesado, el contrabando de fentanilo se ha reducido y la inflación ha bajado, mientras los ingresos de las familias han subido. "Después de solo un año, puedo decir con dignidad y orgullo que hemos alcanzado una transformación que no se ha visto nunca; un giro para la historia", celebró el presidente, sin exagerar ni un ápice, por supuesto.

Los gritos de la bancada demócrata

La tensión ha estallado cuando las representantes demócratas Ilhan Omar y Rashida Tlaib han interrumpido al presidente a gritos desde sus escaños. Lejos de respetar el decoro institucional, han acusado a la Administración de haber "matado a estadounidenses", en referencia a las muertes de Alex Pretti y Renée Good durante operaciones antimigratorias, antes de abandonar el hemiciclo de forma abrupta.

Mike Johnson, presidente republicano de la Cámara de Representantes y responsable de dirigir la sesión, ha condenado sin paliativos el comportamiento de las congresistas, asegurando que "han avergonzado a su partido y a sí mismas". Johnson ha tildado la escena de "payasadas indignantes" y ha confesado que estuvo a punto de ordenar que fueran escoltadas fuera, aunque ha elogiado que Trump "manejó muy bien" la situación dejando que ellas mismas se retrataran.

El show de la izquierda en el Capitolio ha tenido otro protagonista: el demócrata por Texas Al Green, de 79 años, quien sí ha sido expulsado de la sesión, al igual que el año pasado. Green intentó boicotear el inicio del discurso exhibiendo un cartel con el lema "Las personas negras no son simios". Aludía así a un meme publicado por Trump en redes sociales en el que Barack Obama y su mujer parecían representados como primates y que retiró tras ser ampliamente condenada como racista.

Calma ante el fallo del Supremo sobre aranceles

Aunque Trump siguió lamentándose en su discurso de la "desafortunada" decisión del Tribunal Supremo de anular la mayor parte de los aranceles impuestos por Washington, ha rebajado el tono y le ha restado importancia. Asistieron al discurso cuatro de los nueve magistrados, de los cuales sólo Brett Kavanaugh votó a favor de mantener los "aranceles recíprocos" de Trump. Sentados en primera fila, no movieron ni una ceja casi ningún momento del discurso.

El presidente ha asegurado que "casi todos los países y corporaciones quieren mantener el acuerdo que ya alcanzaron", alegando que "saben que el poder legal" del que goza de cara a un hipotético nuevo acuerdo "podría ser mucho peor para ellos". "Continuarán trabajando por el mismo camino exitoso que habíamos negociado antes de la desafortunada intervención del Tribunal Supremo", subrayó.

Uno de los pocos momentos en los que consiguió el aplauso de los demócratas fue cuando pidió al Congreso que prohibiera a los legisladores operar en bolsa con información privilegiada. Aun así, Trump se fingió sorprendido por la reacción del Congreso y se burló de la expresidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, famosa por la fortuna que ha hecho en bolsa durante sus décadas de servicio, preguntando irónicamente: "¿Se ha puesto en pie?".

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