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Francia no existe

Todas las conciencias nacionales son creaciones recientes e impuestas por el Estado moderno.

Todas las conciencias nacionales son creaciones recientes e impuestas por el Estado moderno.
Europa Press

El rasgo común a todos los nacionalistas es compartir la superstición de que las naciones históricas remiten realidades milenarias, a entes engendrados en la noche de los tiempos por algún rey remoto. Pero ningún rey creó jamás ninguna nación. Y ello porque las naciones no resultan ser hijas de la Historia; por el contrario, son una creación exclusiva de los Estados modernos, los únicos que poseen el poder demiúrgico para alumbrarlas. Lo ilustró Eugen Weber en De campesinos a franceses: hasta 1880, ya un siglo después de la Revolución, la gran mayoría de los franceses todavía no sabían que eran franceses, ni tampoco hablaban una sola palabra de francés. Y es que Francia no entró en la cabeza de los franceses hasta la implantación del ferrocarril, el servicio militar obligatorio y la escuela también obligatoria.

Viene esto a cuento de ese falso escandalito, tan artificial como hipócrita, el que ha suscitado Mariano Rajoy tras escribir en una publicación de internet que la selección francesa juega "sin franceses". ¡Anatema! Le han replicado indignados la embajada, el ministro del Interior, la federación de fútbol y hasta Pedro Sánchez, todos apelando al mismo argumento administrativo: 23 de los 26 convocados nacieron en Francia, ergo son franceses. El problema es que ni Rajoy ni sus críticos han leído a Weber. Por eso ignoran que a los franceses no los creó un trozo de cartón plastificado llamado tarjeta de identidad, sino que fueron fabricados en serie, a lo largo de más de un siglo, por el Estado –y a fuerza– en los cuarteles y en los pupitres.

La francesidad, como todas las conciencias nacionales, es una creación muy reciente e impuesta, no una esencia metafísica que algunos poseen por linaje y otros deben ganarse jugando al fútbol. Moraleja: cuando el Estado renuncia al intervencionismo cultural, como sigue haciendo España en Cataluña, la nación acaba extinguiéndose tras verse abandonada a su suerte. Si alguien barrunta, como el tosco nacionalista Rajoy, que hay una Francia eterna anterior al Estado que la incubó, se equivoca igual que sus tartufescos críticos. Nunca la hubo. Eso no existe.

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