
Joe Biden ha abandonado la Casa Blanca dejando unas cuantas patatas calientes sobre la mesa del despacho oval a sucesor en el cargo, Donald Trump, quien asumió la presidencia de los Estados Unidos -por segunda vez- el pasado lunes 20 de enero. Apenas una semana antes, el mandatario saliente anunciaba una serie de medidas que reflejaban un acercamiento en las relaciones de su administración con el gobierno del dictador caribeño Miguel Díaz-Canel.
Entre ellas, la eliminación de ciertas sanciones financieras, la retirada de Cuba de la lista de los países promotores del terrorismo (en la que estuvo de 1982 a 2015, y en la que Trump volvió a incluir a la isla caribeña en 2017) y la suspensión del título tercero de la Ley Helms-Burton (que permitía a los exiliados cubanos que viven en Estados Unidos presentar una reclamación por los activos que le fueron expropiados tras la Revolución Cubana de 1959, acabando con la posibilidad de que puedan ser recompensados por los bienes que les fueron arrebatados).
Todo para apuntarse el tanto de la excarcelación (no liberación) de 553 presos que -como no ha tardado en advertir el régimen cubano- "pueden regresar a prisión" si no cumplen ciertos "requisitos", como el de tener "buena conducta". Ni es una amnistía ni un indulto, aseveró la vicepresidenta del Tribunal Supremo Popular (TSP) Maricela Sosa, ya que en ambos casos supondría "la extinción total de la sanción".
Este es precisamente el punto que mantiene en alerta a las organizaciones pro derechos humanos en la isla caribeña, que ya están denunciando presiones y hostigamientos a los presos que han salido de prisión en estos días. La mayoría prefieren no hablar de las condiciones en las que les han sacado de la cárcel, ya que saben que cualquier movimiento o declaración que pueda ser interpretada por el régimen comunista como una ofensa les llevaría directamente de vuelta a su celda.
Otros, sin embargo, ponen en riesgo su libertad y su propia vida con tal de seguir luchando por la caída de la dictadura y la llegada de una verdadera democracia. Es el caso de José Daniel Ferrer, una de las cabezas más visibles de la disidencia cubana. "3 veces preso político. No me rindo", afirma en su perfil de la red social X. Él es coordinador general de Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), promotor de la iniciativa ciudadana Cuba Decide y presidente del consejo del Partido del Pueblo de Cuba (PDP).
Se encontraba en prisión desde las protestas masivas del 11 de julio de 2021. Era su tercer encarcelamiento, siempre como preso político. Durante su estancia en la cárcel, su estado de salud empeoró notablemente. Su familia, y él mismo, denunció torturas psicológicas y físicas. Sin embargo, cuando le comunicaron que iba a ser excarcelado, prácticamente le tuvieron que obligar a salir de prisión, como ha relatado durante la entrevista para Libertad Digital.
P: ¿Cómo recibió la noticia de su excarcelación?
R: Sabíamos que algo iba a pasar en ese campo desde el martes, cuando vimos en la televisión del régimen que el Ministerio de Relaciones Exteriores había publicado sendos comunicados. El primero, sobre el hecho de que la administración de Joe Biden saliente había eliminado tres de las medidas impuestas por la administración anterior de Donald Trump. Y a continuación sacan otro comunicado donde dicen que, en un gesto de buena voluntad del régimen hacia la Iglesia católica -hacia el papa Francisco- van a liberar a 553 presos por diversos motivos (la tiranía nunca menciona el término presos políticos). Cuando eso pasó, no hay que ser adivino para saber que había algún tipo de negociación.
Habíamos tenido una situación similar en 2010, con las negociaciones del entonces Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Eso se negoció a través de su canciller, Miguel Ángel Moratinos, el cardenal de la Iglesia católica en Cuba, Jaime Ortega, y Raúl Castro. Luego, en 2015, sucedió algo también muy parecido con las negociaciones que comenzaron en secreto y luego se hicieron públicas entre la administración de Obama y el dictador. Esta vendría a ser la tercera versión, la tercera temporada de una misma serie. Por eso, cuando el jueves siguiente me dicen sobre las diez de la mañana (un oficial de la policía política del régimen) que debía que me vistiera, que un equipo legal necesitaba verme para conversar conmigo, yo le digo que no tenía ningún interés en hablar con un equipo legal del régimen, porque la legalidad aquí es un eufemismo, una historia mal contada. Él me insistió en que se trataba de que me iban a dar la libertad pero que tenían que explicarme en qué condiciones.
P: ¿Y cómo reaccionó?
R: Yo le dije que no aceptaba condiciones. Él me dice que saliese porque ellos eran lo que me explicarían. Yo sigo insistiendo en que no voy a salir y me envían a los pocos minutos a un teniente coronel, jefe de lo que llaman orden interior en la prisión. Un individuo muy sádico, con un historial de abuso tremendo, al que prepararon para que fuera el diplomático por excelencia en el trato conmigo. Si me golpeaban cinco y seis guardias, si me pateaban la cara y me partían el tabique, él no aparecía en tres o cuatro días. Hasta que creían que yo estaba más tranquilo, más calmado y que ya la indignación había disminuido. Él aparecía haciéndose el asombrado y el preocupado por lo que me habían hecho.
Entonces, mandan a este individuo. Este me insiste en que salga a ver a ese equipo legal y me topo con un grupo de individuos (un teniente coronel y otros oficiales, dos jueces, incluyendo un jefe de sala del tribunal Provincial de Santiago de Cuba) que me empiezan a explicar que yo iba a ser excarcelado bajo la libertad condicional, gracias a que el Gobierno revolucionario -y estoy repitiendo textualmente, porque acá lo que hay es una dictadura perversa y criminal- había decidido beneficiarme, así que yo iba a ser puesto en libertad de inmediato, pero que tenía que cumplir con las limitaciones que impone la libertad condicional. Yo le digo que no, que no pierdan su tiempo, que yo no acepto la libertad condicional, que prefiero seguir hasta morir en prisión antes que aceptar libertad con condiciones. Y que, si era así, mejor me dejaban en prisión, porque yo podía esperar hasta que cayese la tiranía para salir en libertad.
P: ¿Qué hicieron para que finalmente saliera de prisión?
R: Ellos insisten en que la orientación que tienen es que yo debo salir y que -si yo no acepto la libertad condicional- me van a hacer una advertencia oficial y, como una amenaza abierta y clara, me indican que -si yo no cumplía con el ordenamiento legal establecido por la Constitución y con la legalidad socialista- yo podía ser nuevamente procesado y encarcelado. Yo ahí le repito que se ahorrasen los trámites y me dejasen en prisión, porque no le tenía miedo. Y que yo era el que iba advertirles. Les dije, textualmente: ustedes están violando hace tiempo derechos y libertades elementales del ser humano y -por esas violaciones flagrantes- van a ser acusados en su momento. La muy buena noticia que les tengo es que cuando les condenen, porque van a ser condenados, van a entrar en prisiones del mundo civilizado, no en esos campos de concentración al estilo nazi que ustedes han trasladado en el tiempo y en los que sobrevivimos los presos políticos y comunes de la tercera década del siglo XXI.
Me interrumpen y me dicen que no van a discutir conmigo de términos ideológicos. Yo les digo que no voy a hablar con ellos de términos legales (y hago con el dedo la señal de las comillas, legales entre comillas). Ya el teniente coronel que le mencioné le dice al funcionario que me saque de allí, que ya yo no debo estar ahí, que ya estaba advertido oficialmente y que los presentes iban a firmar como testigo de que yo me negaba a firmar el documento de libertad condicional y también el acta de advertencia posterior que me hicieron. Yo les digo, ya como despedida: a ustedes también les conviene la democratización de Cuba, porque así tendrían salarios que les permitan vivir con decoro y no tendrían que seguir luchando por la izquierda -que es una especie de frase a lo cubano para decir robar o para hablar de corrupción- para sobrevivir, porque sus salarios actuales no le permiten vivir con decoro y dignidad.
Me insistieron con el oficial de que me sacara de allí. Yo quise entrar al penal, pero ya las puertas y la cerca de trabajo me lo impedían. Me dijeron que no podía entrar más. Les pregunto por mis pertenencias (mis libros, mis fotos familiares, mis apuntes, mis medicinas...) y me dicen que so me lo entregarían en mi casa. No me han entregado nada, estoy leyendo con dos pares de espejuelos uno encima del otro porque los de la lectura me los tienen secuestrados. Y ya me incitan con que hay alguien afuera, con que mi mujer y mi hijo me están esperando a unos 150 metros... Tu familia te necesita, me decían. Y ya salí haciéndoles algunos chistes de esos que les molestan, de carácter político, como: no se preocupen que pronto democratizaremos Cuba y la vida de ustedes va a mejorar, la de ustedes y la del pueblo en general.

P: ¿Cuáles son esas limitaciones de la libertad condicional, bajo la que ha salido de la cárcel?
R: Se concretan en que yo no puedo realizar ninguna activismo público o político, que debo firmar un documento una vez al mes ante un tribunal (el que ellos decidan), y que debo buscarme un empleo -según ellos- socialmente útil.
A eso yo le respondí que no había labor más socialmente útil que luchar por la libertad de la democracia y el respeto a los derechos humanos en una nación que tanto necesitaba de estas cuestiones.
P: Doy por hecho que usted, como muchos otros, no va cumplir con estos requisitos.
R: En lo más mínimo.
P: ¿Qué cree que va a pasar con usted y con los presos políticos excarcelados que tampoco cumplan?
R: A los que se aparten del activismo político y social, el régimen solo los va a vigilar por si luego nos da por retomar. Van a ser controlados, chequeados y quizás amenazados. Pero a los que continuemos desarrollando un activismo político en primera fila, si somos muy conocidos y gozamos de solidaridad internacional, va a ser más difícil que no nos encarcelen. Pero tampoco pueden encarcelar en el primer momento porque la población nuevamente está saliendo a tomar las calles y el liderazgo nuestro le le puede ayudar a complicar las cosas. Ahí sí vamos a volver a prisión, como pasó el 11 de julio. Esa va a ser la respuesta rápida de la tiranía ante cualquier tipo de manifestaciones masivas, a que nosotros llamemos a ella o participemos de ella. En mi caso, siempre participaría o llamaría a manifestaciones no violentas, nunca alentaría a ningún cubano a actuar violentamente contra el régimen ni contra nadie.
P: Al salir de la cárcel ha instado a Díaz-Canel a que se celebren unas "elecciones libres y plurales" en Cuba, ¿ha recibido respuesta de algún tipo?
R: No, ninguno. Lo que históricamente sucede es que ellos tratan de ignorarnos todo el tiempo. Por eso prefieren negociar con la Iglesia católica, con el Vaticano, con alguna administración demócrata o con algún gobierno europeo (generalmente socialdemócrata) antes que aceptar cualquier tipo de negociación de diálogo con la oposición pacífica cubana, con la sociedad sociedad civil independiente cubana. Ellos solo nos tienen presentes a la hora de reprimir y golpearnos, encarcelarnos, asaltar nuestras viviendas y robarnos alimentos, sillas, mesas, teléfonos y todo lo que encuentran a su paso.
El mensaje a Díaz-Canel es porque el momento me obliga. La situación que vive el país es lamentable. Es triste, es terrible. Quienes amamos a Cuba estamos en la obligación de alzar nuestra voz en busca de una solución a tantos y graves problemas. Por eso le hablo de elecciones libres, de poner fin al dolor, el sufrimiento de nuestro pueblo, al hambre, a la miseria generalizada. Y le digo también que no le guardo rencor por el hecho de que me hayan golpeado y torturado en sus prisiones, y que tampoco le deseo ningún mal. Pero que sí es mi deber hacer un llamado para que se dé cuenta de que la situación es verdaderamente preocupante y que un pueblo desesperado llega el momento en que pierde la paciencia. Y que es preferible, por el bien de todos los cubanos, evitar situaciones que luego puedan dar lugar a hechos que verdaderamente resulten lamentables.
P: ¿Cuál es su valoraciones de las excarcelaciones? Obviamente, hay personas que las han interpretado como un gesto positivo por parte del régimen. Los familiares de los presos, sobre todo, no pueden evitar alegrarse de la medida.
R: En esto no es blanco o negro, hay muchos matices. Yo lo he estado tratando de explicar con una metáfora. Pero primero, le digo, yo agradecí y agradezco el hecho por la parte humanitaria que esto tiene. Desgraciadamente, esa parte queda anulada cuando lo analizamos de una forma más calmada. Y es que alivia temporalmente el dolor de unas cuantas familias pero no de todas, ni siquiera de la mitad de los presos políticos que actualmente se reconoce hay en las cárceles del régimen. Y digo temporalmente porque como ya hablaré con anterioridad, podemos ser mucho encarcelados en cualquier momento. Mañana, la semana próxima, el mes próximo, cuando el régimen decida.
El caso que vive Cuba es comparable con una gravísima infección generalizada, que necesita de un tratamiento combinado con antibióticos de última generación, un tratamiento invasivo, para poder contrarrestarla. Y este tipo de negociación que se hizo no pasa de ser una especie de paracetamol, que solo bajaría la fiebre y un poco el malestar, pero no curaría la causa que genera esa fiebre. Por mucho paracetamol que se administre al que tiene la infección y por mucho que alivie la fiebre, no significa que vayas a lograr cura alguna. Y si te descuidas, creyendo que con ese tipo de paliativo -con ese tipo de curita- estás haciendo una gran obra, pues vas a descuidar la infección y te va a terminar matando.
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