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El opositor José Daniel Ferrer al salir de la cárcel: "Hay presos que cazan ratones para mitigar el hambre"

Durante sus tres décadas como disidente, ha pasado por tres encarcelamientos, palizas, torturas y todo tipo de coacciones. Aun así, rechaza el exilio.

Durante sus tres décadas como disidente, ha pasado por tres encarcelamientos, palizas, torturas y todo tipo de coacciones. Aun así, rechaza el exilio.
El líder disidente fue obligado a salir de la cárcel el 16 de enero. | José Daniel Ferrer

La administración Biden anunciaba el martes 15 de enero la retirada de Cuba de la lista de países promotores del terrorismo y la eliminación de ciertas limitaciones financieras para la isla caribeña. Todo a cambio de 553 excarcelaciones que acabaron poco después de empezar. La negociación muy similar a la que en su momento llevaron a cabo los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero en 2010 y Barack Obama en 2015, recuerda el opositor y expreso político José Daniel Ferrer -una de las cabezas más visibles de la disidencia cubana en la actualidad- durante la entrevista concedida a Libertad Digital.

Ferrer fue excarcelado el 16 de enero de 2025. Llevaba tres años y medio en prisión -desde las protestas masivas del 11J- y hace meses que debería haber salido de ella. "La mayoría de los presos habían pasado el tiempo necesario para obtener la libertad condicional y ahora se la dan como regalo por esta negociación", exclama. Cuando le comunicaron que había sido "seleccionado" entre los reclusos "beneficiados" por el acuerdo con la administración Biden -con mediación del papa Francisco-, él rechazó la "libertad con condiciones", pero fue obligado a salir de la cárcel (bajo amenazas y advertencia oficial firmada).

Ferrer prevé que, como muchos de los presos políticos a los que han sacado en esta ocasión, no tardará en volver a su celda. Tiene muy claro que no cumplirá con los "requisitos" que le han impuesto para poder seguir en la calle: renunciar al activismo político, firmar una vez al mes ante un juez y buscar un trabajo -le dijeron- "socialmente útil". Tras más de 30 años formando parte de la disidencia, sabe bien cómo se las gasta la dictadura y cómo funcionan estas maniobras del régimen, que -a la vista está- nunca acaban como se pintaban.

De hecho, el dictador Miguel Díaz-Canel paralizó las excarcelaciones ya antes de que Donald Trump tomara posesión de su cargo y echara para atrás algunas de las medidas adoptadas por el anterior presidente de Estados Unidos, como han venido denunciando organizaciones que defienden y monitorizan la situación y cumplimiento de los derechos humanos en Cuba, como Prisoners Defenders. Dado que la fecha de investidura del nuevo presidente de Estados Unidos era conocida y que fue precisamente el mandatario entrante quien introdujo de nuevo a Cuba en la mencionada lista en 2017, la dictadura podría haber tenido previsto este escenario (no completar lo acordado) desde un principio.

La situación para los que sí han logrado salir es "complicada", explica Ferrer. "A los que se aparten del activismo político y social, el régimen solo los va a vigilar", indica. Serán "controlados, chequeados y quizás amenazados", pero podrán seguir con su vida. Sin embargo, los que continúen con él (entre los que se incluye), "va a ser más difícil que no nos encarcelen". Los presos políticos tienen tres opciones: acatar las limitaciones de su libertad que les han impuesto, intentar salir del país para comenzar una nueva vida o bien -como hará Ferrer- quedarse para seguir luchando por una Cuba libre aun a sabiendas de que les llevará de nuevo directos a prisión.

P: ¿Cuánto tiempo llevaba sin tomar un plato de comida caliente?

R: Lo de comer una comida caliente, como Dios manda y como le gustaría a cualquier español o cubano -tenemos muchas costumbres parecidas, las heredamos precisamente de la madre patria-, ni soñarlo en una prisión de Cuba. Pero bueno, eso no es lo grave. La mayoría de la población penal sufre hambre extrema, reciben raciones muy limitadas y de pésima calidad (en estado de descomposición, con un hedor tremendo, con una elaboración pésima...). Ya han muerto muchos presos a lo largo y ancho del país por desnutrición. O bien por enfermedades como la tuberculosis, otras enfermedades infecciosas y parásitos como consecuencia de la mala calidad del agua que beben y también debido a la falta de higiene por la escasez del agua.

P: Usted conoce bien cómo son las prisiones de Cuba. Ha pasado por tres encarcelamientos, como preso político. El último desde el mismo día en el que se produjeron las manifestaciones pacíficas del 11 de julio de 2021. ¿Cómo han sido estos 3 años y medio en la cárcel de Mar Verde?

R: Los primeros 70 días los pasé en una celda en donde no podía ver nada hacia el exterior. No sabía ni dónde me tenían, porque me llevaron para allí de noche y luego me abrieron una pequeña ventana (ante mis protestas constantes, porque uno se asfixiaba ante el calor y la escasez de aire puro por lo cerrado de la estancia).

Durante los primeros 14 meses no me permitieron nunca tocar un lápiz ni un papel, para que yo no pudiese escribir (una nota, un verso, un comentario o un apunte) o intentara mandar una nota a mi familia. Estuve 1 año y 9 meses sin poder ver a mi familia, sin ver a mis hijos, sin ver a mi pequeño hijo, porque no me querían dejar hablar con libertad por teléfono. Me querían condicionar la llamada telefónica solo para hablar lo que ellos me autorizase a hablar y me negué a hacerlo. Me quité el uniforme y dije: "Yo ya no me pongo más ese uniforme hasta que no me permitan habar por teléfono o mis visitas como se las dan a los demás reos".

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Desde que ha salido de prisión, decenas de personas se han acercado a su casa para verle.

En 3 años y 4 meses no hablé lo que en los últimos 55 días, que ya sí estuve acompañado por otros presos y tuve oportunidad de conversar, o en los dos días que llevo fuera de la cárcel, que hasta me duelen las cuerdas vocales. Es decir, ya iba perdiendo habilidades para expresar mis ideas por el poco ejercicio de la conversación. Tenía que estar repitiendo fábulas del Samaniego, que domino de memoria, y hasta hablar solo, para no perder mis facultades.

Y además, las amenazas y el hostigamiento constante. A mí, a mi mujer y a mis hijos. Los amenazaban con desalojarlos si no me convencían de que me fuera del país. Les decían que me iban a agregar 17 años más de prisión, porque dicen que los debo porque me excarcelaron en el 2011 por el trato con el Gobierno español y la Iglesia católica. Y en aquel momento había cumplido 8 de los 25 años de prisión a los que me habían condenado.

Por estas cosas y muchas más tuve que pasar en mi estancia en la cárcel. Todo porque la policía política viene presionando desde el año 1999 con que no me quiere en Cuba y me ha llevado a situaciones extremas, con tal de que yo termine por aceptar la salida del país para evitar que me sigan torturando, golpeando, encarcelando, humillando, asaltando mi hogar, etcétera, etcétera.

Eso para el que crea que de verdad hay un Gobierno socialista en Cuba, que se preocupa por los pobres, por los humildes, que defiende a los trabajadores... Nada tiene que ver con el régimen que hay en Cuba. Es un régimen de gente muy rica, muy poderosa y muy explotadora.

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Ferrer en una de sus muchas huelgas de hambre.

P: Durante el tiempo que ha estado encarcelado, ha denunciado haber sido sometido a torturas físicas y psicológicas.

R: Pasé tres años y medio en la prisión de Mar Verde (en Santiago de Cuba) y cuatro días en el llamado hospital -porque de hospital tiene poco- de la prisión de Boniato. Recibí en ese periodo de tiempo dos golpizas bien fuertes, bien brutales. Me patearon, me dieron con porra, me arrastraron, me obligaron a correr en punta de pie con un mecanismo que ellos llaman burlonamente ‘la bicicleta’ (con los brazos esposados a la espalda, que los presionan a punto de quebrarlos o dislocarlos) mientras tres o cuatro militares te van golpeando con porras... La primera vez el 9 de diciembre de 2022.

Luego de dejarme tirado en la celda con daños, golpeado por diferentes partes del cuerpo y con molestias severas -todavía tengo secuelas- vino el jefe de la prisión y me ordenó ponerme de pie. Me negué. Le dije que no me iba a poner de pie, primero porque no quería y segundo porque me habían golpeado brutalmente y no estaba en condiciones. Me dio tal patada en la nariz que me partió el tabique. Sangre muchísimo, seguí tirado en el piso por tres días y esos tres días no me ofrecieron la más mínima asistencia médica. Pasado ese tiempo, la rechacé. "A estas alturas ya no lo necesito", le dije.

La segunda golpiza fue el pasado 18 de noviembre. Querían obligarme a ir al hospital de la prisión de Boniato, que estaba lleno -y sigue- de personas con tuberculosis. Muchas han muerto por negligencia criminal, por falta de medicinas y por el precario estado de salud en el que han llegado. Más que nada por la desnutrición. Es una cárcel donde hay presos que cazan ratones como si estuviesen pescando -con cordel y anzuelo- para asarlo con plástico, que queman y lo usan como combustible, para tratar de mitigar el hambre que padecen.

P: Su gran fortaleza -física y psíquica- es más que evidente. Pero ¿ha llegado a pensar en tirar la toalla? ¿Cuál ha sido el peor momento que recuerda de sus años en la disidencia?

R: No, no ha sucedido. Han sido momentos muy difíciles, muy complejos, muy duros. Y no voy a negar que, en el 2003, cuando la Fiscalía me presentó una petición de pena de muerte y acto seguido me dijeron "tú solo evitas el fusilamiento si te vas de Cuba", pasé varias noches pensando en ello y valoré la posibilidad de irme, pensando en los dos hijos que tenía entonces. Yo tenía 32 años en ese momento y valoré mucho aquello, pero llegué a la conclusión de que -si lo aceptaba- me estaría suicidando moralmente y que es preferible el fusilamiento de parte de ellos a mi suicidio moral. Ese fue el momento más difícil de mi primera prisión.

Y luego, en mis tres prisiones, mis momentos más difíciles siempre son cuando golpean a mi esposa, cuando los atacan a ellos, porque eso nos hace sentir impotentes. Ellos saben que nos duele mucho porque son nuestros seres más queridos, más cercanos y nada más duro que saber que están golpeando, deteniendo o abusando de tu familia. que le quiten los alimentos, que los priven de algún servicio (amenazando al que vende el carbón -por ejemplo- de que no pueden venderle a ese opositor porque lo van a multar o van a tomar represalias contra ellos. Eso, hacerle la vida imposible a nuestros familiares, duele más que cualquier golpiza o cualquier tortura, que el hambre, que las privaciones, o que las enfermedades que uno tiene que enfrentar en la cárceles del régimen.

P: Le han ofrecido salir del país en innumerables ocasiones. ¿Qué le hizo aferrarse a la idea de cambiar las cosas desde dentro? ¿Por qué no ha querido marcharse, como han hecho tantos otros?

R: Hasta los 20 o 21 años valoré mucho la posibilidad, -no quería, pero valoré- de irme del país. Pero, por esa fecha, me leí el libro ‘El poder de los sin poder’ de Václav Havel. Más adelante unas cartas del disidente polaco Adam Michnik y otras muchas literaturas (junto con el cine histórico, mi entretenimiento favorito), que me fueron educando durante años y siempre me dieron: "Si empiezas algo, si te comprometes con algo, no puede traicionarlo". Cuando leí ‘El poder de los sin poder’, ya yo me dije a mí mismo: "Tú no te vas de aquí hasta que Cuba sea libre, democrática, justa, próspera y amiga -aliada- de Occidente. Aliada del mundo de la cultura judeocristiana, de los valores que defienden países como Estados Unidos, Canadá, Noruega, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Europea".

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