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Las horribles cifras de la masacre del régimen iraní para frenar las protestas: 30.000 muertos en solo dos días

Con Irán sumido en un apagón digital y un estruendoso silencio en Occidente, las informaciones sobre el baño de sangre alcanzan cifras espantosas.

Con Irán sumido en un apagón digital y un estruendoso silencio en Occidente, las informaciones sobre el baño de sangre alcanzan cifras espantosas.
Imágenes de un vídeo con bolsas de cadáveres grabado en una ciudad cercana a Teherán entre el 9 y el 11 de enero. | Cordon Press

Hasta 30.000 personas podrían haber sido asesinadas en las calles de Irán en solo dos días, el 8 y el 9 de enero, según la información que publica la revista Time, citando "dos altos oficiales del Ministerio de Salud de Irán", en una campaña de represión más que brutal con la que el régimen de los ayatolás ha acallado las protestas masivas que venían desarrollándose desde finales del pasado año.

El reportaje señala también que esos mismos oficiales han afirmado que se están quedando sin existencias de bolsas para cadáveres y que las ambulancias han sido sustituidas por "tráileres de 18 ruedas".

El semanario asegura que este dato coincide a grandes rasgos con el recuento clandestino que se ha desarrollado en los hospitales y que superaba los 30.000 muertos el pasado viernes, pero esa cifra no incluiría a los que hubiesen sido registrados en hospitales militares.

Ese recuento es recopilado y publicado por un activista germano –iraní, el doctor Parastra– que asegura que las cifras que está ofreciendo en este momento están "más cerca de la realidad, pero creo que las reales son todavía bastante más grandes".

Time dice que no ha podido comprobar por sí misma estos datos y, como es obvio, tampoco nosotros estamos en disposición de hacerlo, pero expertos en Irán israelíes consultados por Libertad Digital estiman que el dato que ofrece la revista es razonable y bastante preciso.

Por su parte, la ONG estadounidense sobre Irán HRANA confirma 5.848 muertes de personas a las que se ha identificado, además de otras 17.000 que "todavía están siendo investigadas". Las cifras de la organización incluyen también a cerca de 8.000 personas con "heridas graves" y otros 41.000 arrestados.

"Te disparaban por la espalda hasta matarte"

Mientras, internet y las comunicaciones siguen completamente bloqueadas en Irán, algunos testimonios anónimos logran llegar a la prensa internacional, como el que recoge The Times de un "gerente de transporte" de 37 años que participó en las protestas pero que ha dejado de hacerlo. "Éramos como patos frente a las balas", explica, "no tenemos armas, solo somos gente normal, educados en las universidades y no para la batalla, no somos capaces de luchar contra estos sinvergüenzas brutales".

El iraní narra como "durante cinco días seguidos estuvimos todos fuera, tratamos de vencer al régimen", pero las fuerzas de los ayatolás "nos atacaron con sus armas y limpiaron las calles, te disparaban por la espalda hasta matarte, incluso si estabas en una ventana grabando te mataban".

En el mismo artículo una periodista de una televisión londinense sobre Irán asegura que hay una ola de arrestos "sin transparencia ni control legal" y que "miles de personas son retenidas en centros de detención secretos, sin acceso a abogados o al debido proceso legal y en los que la muerte es una posibilidad cada día".

El régimen afirma haber detenido las ejecuciones tal y como exigió en su día Donald Trump, pero los expertos señalan que no se han cancelado sino que simplemente se han pospuesto "para cuando la atención internacional decaiga". Todavía más, cabría añadir.

"No era una labor policial, era otra cosa"

Por su parte, The Guardian recoge de forma anónima el testimonio de un testigo que afirma ser cirujano en Irán y que narra "el horror que he presenciado durante la represión", afirmando que, a pesar de haber trabajado en áreas que habían sufrido un desastre natural, "nada se compara con la pesadilla que vi en los hospitales de Irán cuando el Estado empezó a disparar contra los manifestantes".

El relato empieza por explicar que hasta el día ocho a los hospitales llegaban muchos heridos en las manifestaciones, pero a pesar de que había "lesiones dolorosas, aterradoras", eran casi siempre limitadas, "que podían tratarse y que sugerían que la violencia aún tenía límites".

Pero todo cambió a partir del ocho de enero, ese día empezó el bloqueo de todas las comunicaciones en el país: "A las ocho en punto todo se apagó. Internet, teléfonos móviles, mensajes, mapas: todo desapareció". Y poco después "comenzaron los disparos (…) pude oír tiros resonando por las calles, junto con gritos y el sonido de explosiones".

"Los pacientes que empezaron a llegar –cuenta– ya no estaban heridos por perdigones: habían sido alcanzados por munición real. Balas de guerra. No eran disparos de advertencia. Eran balas diseñadas para atravesar el cuerpo, que entraban por un lado y salían por el otro".

A partir de ahí el cirujano explica como los hospitales se vieron completamente desbordados: "No teníamos suficiente de nada: ni suficientes cirujanos, ni enfermeras, ni anestesiólogos, ni quirófanos, ni hemoderivados. No había suficiente tiempo".

También cuenta cosas que vio en el exterior del hospital, como ametralladoras DShK montadas en furgonetas y patrullando las calles. Se trata de un arma que puede disparar 600 balas por minuto, que tiene un alcance de 2,4 kilómetros y que es capaz de penetrar 20 milímetros de blindaje. "La violencia no se parecía a una actuación policial; se sentía como si se aplicaran reglas de guerra contra civiles", concluye.

Incluso hace su propia estimación de víctimas mortales a partir de lo que él ha visto y ha sabido del volumen de heridos y muertos que llegaban a los hospitales y la cifra es impresionante: 20.000 víctimas en una sola noche.

"Mis palabras no bastan para describir lo que sucedió. Pero sé esto: lo que ocurrió fue mucho más allá de todo lo que se ha contado al público. Y la mayor parte sucedió en la oscuridad", concluye su terrible relato.

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