[FrankCas] ¿El límite? En pocas palabras, allá donde se cumplan tanto el principio de subsidiariedad como la garantía de los derechos y libertades.
A menudo, la eficiencia de un sistema mixto está en el equilibrio entre sus componentes, siendo perjudicial para el sistema la erradicación de uno de los componentes, es decir, cualquiera de los extremos.
Así, imagine al país como un motor en el que la sociedad civil sea el combustible y el Estado sea el comburente: tanto en ausencia de combustible como de comburente, la máquina no funciona; en cambio, con la adecuada mezcla de ambos, la eficiencia del motor alcanza su óptimo y el motor se mueve.
¿Dónde está ese punto de equilibrio óptimo, pregunta vd? La respuesta es: "en ningún lugar arbitrario".
El Estado tiene poder, y emplea ese poder para presionar a la sociedad civil a fin de reducirla. La forma de limitar ese poder consistiría en habilitar mecanismos que permitan a la sociedad civil tener un poder equivalente con el que presionar al Estado en sentido contrario, repeliéndolo.
De este modo, el punto de equilibrio óptimo no estaría predefinido sino que sería simplemente aquel en el que las fuerzas repulsivas de ambos queden equilibradas dinámicamente.
Además, si se logra poner en práctica un equilibrio dinámico con tendencia natural a la estabilidad (y subrayo esto para dejar claro que no hablo de esos otros equilibrios dinámicos que son inherentemente inestables y que sólo se mantienen en equilibrio por intervención externa), tiene la ventaja de su flexibilidad, de que puede dar más cancha al Estado o a la Sociedad Civil según lo exija el momento, permitiendo retornar al equilibrio cuando las circunstancias vuelvan a cambiar.
Un saludo.
@Gorucho
Me temo que no me he sabido explicar, pero el sentido de mi segundo comentario no va en la dirección de lo señalado por su profesor de Organización del Trabajo, y aunque es complementario a lo señalado por él, se refiere a una fase posterior del proceso de conseguir objetivos en cualquier ámbito social, laboral, político, militar, económico, Etc.
En realidad, el proceso de conseguir objetivos de cualquier tipo, tiene varias fases y la primera de ellas es determinar qué pretendemos hacer. No entro aquí en este proceso de decisión, ni en si es democrático o no, porque no viene al caso para nuestro razonamiento.
Una vez concluida la primera, la segunda fase se refiere a la puesta en práctica, para lo que es conveniente y necesaria la técnica de su profe. Evidentemente, hay que explicar y vender las bondades de lo que pretendemos y del método adoptado para conseguirlo. Sin embargo, tomada en su literalidad esa afirmación suya: "Él lo tenía muy claro, o se convencía a la gente, o se fracasaba", podría deducirse que en cualquier organización medianamente grande, el fracaso está asegurado, porque -y ahí interviene mi teoría del hijoputa-, por más que se empeñe, siempre existirá un elemento discordante. En muchos casos, sin más razón que la de "joder la marrana"; por puro gamberrismo; por significarse; por intereses espurios distintos del bien general, Etc. Etc. y aquí puede usted añadir cualquiera de la larga serie de razones que motivan a los seres humanos.
En realidad, mi comentario se refería a que en consecuencia, las leyes, normas, reglamentos y normas de actuación, deben contar con que el hijoputa aparecerá inevitablemente [1] y que tal contingencia tan "humana" debe estar prevista, así como las medidas adecuadas para neutralizarlo (generalmente, las teorías buenistas y progres, no tienen en cuenta esta última circunstancia).
Salu2.
[1] El primer principio de la referida Ley dice que en cualquier organización de más de dos personas puede aparecer un hijoputa. El segundo principio dice que en tales casos, aparecerá inevitablemente.
[punt]
No le falta nada de razon al afirmar que un sistema sin estado es hoy por hoy inconcebible. La gente bien por los estragos de la educa-propaganda sobre ellos o por no querer asumir la incertidumbre de tener que vivir solo del sudor de su frente no lo aceptaria. En cambio creo que falla en sus argumentos en favor del Estado o Gobiernos limitados. Ademas en mi opinion las guerras son mas bien un ejemplo de lo contario: de hasta donde no hay forma de limitar al Estado/Gobierno).
Lo que usted plantea es un escenario de cambio radical en el que los consumidores "ven desaparecer" por asi decirlo a quien les da ese servicio y sin tiempo para reorganizarse (al menos en el corto plazo) mientras los malechores siguen al acecho.
Por otra parte la mezcla de seguridad/tribunales publicos y privados tal vez si podrian suponer un limite a la coercion Estatal y ademas es un modelo que podria darse como transicion (contrario al cambio de situacion radical que supone una catastrofe natural) de un sistema publico a uno privado no solo sin menoscabo de la seguridad de las personas si no incluso mejorandola. Pero claro, la duda con el Estado es la de siempre ¿Donde pondria su limite este y hasta que punto consentiria las negativas, objeciones y litigios surgidos de sus competidores privados?
Un saludo
Vendeano: "El interés propio de cada persona mal encauzado es la ley de la selva".
¿Mal encauzado por quién? ¿Quién debe encauzar la voluntad humana: otro humano o un grupo de ellos?
Está claro que en la libertad individual cabe siempre la posibilidad de hacer mal ¿Pero no es igual de iluso pretender que no exista el "Estado" que pretender eliminar la posibilidad del mal de la mente del hombre?
¿No es lo mismo decir: es imposible que desaparezca el Estado, que decir: es imposible que el hombre haga el bien por sí solo, sin coerción?
El hombre puede hacer el mal, el bien, y hasta transformar el mal en bien y el bien en mal. El Estado no puede determinar unívocamente los actos de los hombres, y en él sólo puede haber justicia si hay individuos en él dispuestos a arriesgarlo todo para conseguirla. En una sociedad sin Estado ¿sería más o menos difícil la búsqueda de la justicia?
No es bueno construir sobre barro, y no hay que tomar el deseo de éxito como máximo consejero. En mi opinión, los principios morales son mucho más importantes que las ganas de ganar. No sé si es posible hacer tábula rasa, pero dudo mucho que dejar que sobrevivan los errores acumulados tras tantos milenios de "civilización" sea bueno para el futuro de la humanidad. Y entre esos errores acumulados está, por ejemplo, la manía de querer domesticar al dinero y decretar el valor de las cosas y los actos humanos. El dinero es salvaje en sí mismo y el valor es siempre incalculable. Y también es un error pensar que siempre que uno gana y otro pierde hay injusticia, y hay que hacer ley que impida que ese caso se vuelva a dar. En el "mercado" (en los acuerdos voluntarios) puede haber beneficio para ambas partes, perjuicio para ambas partes, o beneficio para una y perjuicio para otra, y ninguna de estas situaciones es por sí sola justa o injusta, buena o mala. Y eso sin contar a terceros, cuartos o quintos, y sin mirar los efectos a medio y largo plazo.
O sea que tenemos como cuestiones explícitas:
- La eficacia del Estado.
- Los límites del Estado.
Y como cuestión implícita:
- La existencia misma del estado.
Unos hablan del Estado eficaz (¿eficaz para qué, señora Pastor?), otros sobre el Estado limitado (¿Limitado con qué criterio?) y finalmente otros más sobre la existencia misma del Estado (¿Acaso es evidente que la inexistencia de Estado sea mejor que su presencia?).
Personalmente, lo primero que haría es sustituir la palabra "eficaz" por "eficiente", ya que la eficacia sólo indica la seguridad de alcanzar el objetivo y no la economía de recursos para ello.
Así pues, tengo claro que un Estado ineficiente e ilimitado es seriamente dañino para la sociedad, provocando indefectiblemente la ruina.
También tengo bastante claro que un Estado eficiente pero también ilimitado es incluso peor, ya que se endiosa y pasa a actuar como Saturno, devorando a sus ciudadanos.
La cuestión es que juraría que un Estado inexistente no resultaría en una situación mucho mejor, por lo menos si se intenta implantar esa situación en una sociedad como la actual: no creo que diga nada nuevo al mencionar que, cada vez que el Estado ha quedado suficientemente suspendido (por ejemplo, a raíz de una guerra o de un desastre natural), casi siempre se ha disparado la rapiña y el saqueo (con las honrosas excepciones de rigor).
De modo que la cuestión será un Estado existente pero limitado, y eficiente en sus atribuciones, que empiezan por la seguridad y la justicia, cuya existencia no implica la anulación de la sociedad civil desde el momento en que existen las versiones privadas de ambas: las empresas de seguridad en el primer caso, y la figura del arbitraje extrajudicial en el segundo.
Un saludo.
Quiero decir que con demasiada frecuencia, las leyes se promulgan sin tener en cuenta la materia prima de sus últimos destinatarios como si *todos* ellos fuesen/fuéramos buenos, benéficos y beatíficos, o como si todo fuese cuestión de educación, olvidando que basta la existencia de un recalcitrante -lo que denomino la teoría del hijoputa-, para que todos esos regulatorios pierdan su teórica eficacia y se vengan abajo estrepitosamente. Dice Loboe.
¡Amigo! Eso es lo que decía uno de mis profesores de organización del trabajo, referido, lógicamente, a la forma de conseguir implantar un nuevo método para hacer cualquier cosa. Él lo tenía muy claro, o se convencía a la gente, o se fracasaba.
Ese quizás sea el problema. A algunos les parece muy fácil y bonito algo y ¡zas!, vamos a hacer que todos vayan por ese camino, sin averiguar antes si la gente quiere ir por él, y sin hacer ver a nadie lo bueno que es lo que se propone.
Saludos.
La trampa saducea de la política reside en confundir el imperio de la norma general y abstracta con el gobierno de los hombres. Tal confusión radica en el tradicional cambalache de libertad por seguridad, es decir, en la tolerancia a ser coaccionado por un monopolio de poder, cuyo subproducto evolutivo fuera la imposición de cierta seguridad jurídica, para evitar la amenaza de coacción múltiple e imprevista. Pero a fuer de escoger el mal menor, nos olvidamos que toda clase de coacción es un mal en sí mismo que es preciso superar. No aceptemos dilemas espurios: ni gangrena ni amputación, también existen antibióticos.
No es la coacción estatal lo que falla en México, sino el respeto a los derechos más básicos. La inseguridad y el crimen no se arreglan con ninguna clase de ingerencia gubernamental en las libres y pacíficas decisiones de los ciudadanos ni en sus acuerdos voluntarios. No, señora Palacio, ¿qué tendrá que ver el culo con las témporas? Demuestre usted que el mercado no puede proveer eficazmente servicios de seguridad y justicia (México demuestra el fracaso del Estado convencional en esa materia) y habrá demostrado tal vez la necesidad de un Estado mínimo limitado exclusivamente a esos menesteres. De ahí a probar la necesidad del inicio del resto de la coacción estatal en general hay muchísimo trecho, porque a los políticos, no lo olvidemos, les corresponde la carga de la prueba dados los evidentes males que causan (privilegios, discriminaciones, agravios, expolios, desempleo, ineficiencia, ruina, etc.)
Según la lógica de esa señora, la “caída del muro” demostraría la necesidad de un comunismo más poderoso y eficaz.
@vendeano
Quisiera sacar a colación esa última frase suya: <<En todo caso debe aprovecharse siempre el "material" disponible, las condiciones naturales de esa sociedad, si se quiere tener éxito>>, para extenderla un poco más, porque creo que encierra gran parte del problema y de la solución.
En efecto, no solo deben aprovecharse las condiciones naturales de esa sociedad, sino en última instancia, de la propia naturaleza humana. Asunto este que creo de capital importancia y que a pesar de que debería ser evidente, no suele ser tenido en cuenta y constituye el germen del fracaso de muchas políticas, especialmente de la izquierda bienintencionada y buenista.
Quiero decir que con demasiada frecuencia, las leyes se promulgan sin tener en cuenta la materia prima de sus últimos destinatarios como si *todos* ellos fuesen/fuéramos buenos, benéficos y beatíficos, o como si todo fuese cuestión de educación, olvidando que basta la existencia de un recalcitrante -lo que denomino la teoría del hijoputa-, para que todos esos regulatorios pierdan su teórica eficacia y se vengan abajo estrepitosamente.
Salu2.
Siguiendo a Popper diríamos que el problema no es si debe o no haber estado sino cómo controlarlo, cómo evitar que haga daño.
Esperar que desaparezca es una ilusión; hasta Adam Smith dijo que dos empresarios reunidos automáticamente conspiran contra sus clientes: eso no deja de ser un "estado" en el mal sentido, un status impuesto, un trágala tan "natural" como el mercado, #paserifo.
El interés propio de cada persona mal encauzado es la ley de la selva, bien encauzado es el beneficioso mercado, la diferencia entre la violencia de arrebatar y la libertad de intercambiar. De la misma manera, el interés político, sea de un grupo o de toda una sociedad, mal encauzado es la tiranía o la guerra, bien encauzado las normas que protegen la sociedad civil.
En ambos casos, el del interés individual en el mercado y el interés grupal en el político, controlar al controlador es el problema. Si usamos un poder mayor para controlar todos los demás, este abusará. Sólo podemos esperar un autocontrol, y este sólo puede venir de una arquitectura multipolar que, intrínsecamente, "por la naturaleza de las cosas", evite la colusión.
Deben mantenerse múltiples legitimidades para los distintos poderes y disponerlas de manera que su juego mantenga un equilibrio autorregulado: difícil, pues hasta ahora sólo se ha llegado a eso por evolución natural en algunas sociedades, e intentar planificarlo ex novo es casi siempre imposible y hasta contraproducente. En todo caso debe aprovecharse siempre el "material" disponible, las condiciones naturales de esa sociedad, si se quiere tener exito.

Loboe:
Perdóneme, pero yo soy el que me he explicado mal. Lo que quería era mostrar la alegría que sentí cuando leí su comentario, porque, desde mi punto de vista, lo que decía mi profesor, además de sensato, y, por supuesto, contrastado por él a lo largo de su vida, es algo que se debería de tener presente en otros aspectos, no sólo en el de organización del trabajo. Lógicamente, realizando las modificaciones oportunas para que se adapte mejor al campo que se trate.
Saludos.