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Un experto tumba el optimismo del Gobierno: "No me hace falta una bola de cristal, ya estamos en estanflación"

El crudo sube un 5% por la tensión en el estrecho de Ormuz, invalidando la intervención de la Agencia Internacional de la Energía.

La realidad, tozuda por naturaleza, ha vuelto a propinar un bofetón de pragmatismo a los ingenieros sociales que pretenden dirigir la economía mundial desde un despacho. Ni la mayor liberación de reservas estratégicas de crudo en la historia de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) —400 millones de barriles puestos en el mercado con calzador— ha servido para frenar la escalada de un petróleo que ya otea de nuevo la barrera psicológica de los 100 dólares. A las 08:16 de esta mañana, el Brent subía un 5%, dejando claro que las tiritas burocráticas no curan las heridas de un tablero geopolítico en llamas.

El problema de fondo es que las reservas son finitas, pero la incertidumbre es ilimitada. El mercado, que a diferencia de los gobiernos no vive de la propaganda, ha descontado ya que el conflicto en Oriente Próximo no es una marejada pasajera. Con el estrecho de Ormuz convertido en una ratonera donde los misiles alcanzan petroleros y portacontenedores, el flujo del 20% del crudo mundial está en jaque. Ante el fuego real, los anuncios de la AIE son percibidos por los inversores como lo que son: un intento desesperado de manipulación de precios que apenas maquilla la escasez física real.

Lo que estamos viviendo en Ormuz es la parálisis de facto de una arteria vital. Cuando los productores del Golfo se ven obligados a recortar la producción porque sus barcos simplemente no pueden navegar sin ser evacuados entre incendios, no hay reserva estratégica en EEUU que valga. La seguridad jurídica y física, pilares de la libertad de mercado, han saltado por los aires ante la ofensiva contra Irán y sus previsibles represalias.

Mientras las Bolsas asiáticas y europeas se tiñen de rojo y el IBEX 35 sufre la onda expansiva, la factura energética se consolida como el impuesto a la realidad que pagaremos todos. El gas natural, encastillado en los 50 euros el megavatio hora, y un crudo disparado son el resultado de fiar la seguridad energética a la complacencia diplomática y a la intervención de stocks. En un escenario de guerra abierta, solo la libertad de tránsito y la seguridad en las rutas comerciales garantizan el suministro. Todo lo demás, por muy récord que se anuncie, es puro maquillaje contable ante un barril que vuelve a oler a pólvora.

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